Los obispos de Calahorra en el siglo XIX (IV)
Ahora sí
12.-Antonio María Cascajares y Azara (1884-1892)
El cardenal Cascajares -lo sería después ya en su sede vallisoletana-, llegó a Calahorra procedente del obispado priorato de las ordenes militares. Nació en Calanda el 2 de marzo o de mayo de 1834, en el seno de una ilustre familia. Nieto, según Andrés-Gallego, del famoso diplomático de Carlos III José Nicolás de Azara y hermano del diputado progresista Félix Cascajares . Nosotros creemos, con Bourgoing, que el caballero Azara "murió sin posteridad", por lo que debió ser sobrino nieto del político antijesuita del siglo XVIII, fallecido en los albores del XIX. También creemos que Andrés-Gallego, sin duda uno de nuestros mejores especialistas en historia eclesiástica contemporánea, se equivoca en el nombre del hermano a quien la Estadística de la Cortes llama repetidamente Manuel. Rico y Amat nos hace dudar también del progresismo del político, diputado y senador por Teruel, al presentárnoslo como uno de los defensores de la unidad católica en las Constituyentes de 1869
Siendo teniente de artillería, una desilusión amorosa le lleva al sacerdocio . Al igual que Bryan, otro señorito, éste andaluz, quiso también ser jesuita -se estremecerían en la tumba los huesos de su ilustre pariente-, pero pronto se convenció, o le convencieron, que no era la religiosa su vocación. Finalmente "hizo el curso breve de teología para ordenarse" , que era lo mínimo que podía estudiar un sacerdote. Es curioso el poco nivel intelectual de casi todos estos miembros de notables familias que llegaban a la Iglesia. El cardenal de la Puente y Primo de Rivera fue realmente una notabilísima excepción.
Melchor Ferrer en una nota poco afortunada, como desgraciadamente no pocas de sus referencias, nos dice que se hizo sacerdote después de enviudar . Con lo que, salvo error u omisión, sería el segundo obispo del siglo XIX, tras el granadino Moscoso y Peralta, que hubiera conocido el estado matrimonial. Pero en ningún otro sitio hemos visto la menor referencia de su paso del estado célibe al de casado. Como también nos dice que fue obispo de Ciudad Rodrigo, diócesis que no debió pisar en su vida y de la que desde luego no fue titular y omite que lo fuera de Ciudad Real y Calahorra y preconizado de Zaragoza creemos que en lo único en lo que acierta es en considerarle arzobispo de Valladolid y cardenal.
Tampoco es afortunado el artículo que Morillas publicó en la revista Aportes . Bastaría para descalificarlo su afirmación de que fue “una especie de cardenal Cisneros tardío” . Cómo para preguntarnos si sabría quien fuera aquel extraordinario cardenal. Pues parece que no. No es que recibiera “una educación, mitad monje mitad soldado, desde que a los ocho años entrara en el colegio Masarnao –quiere decir, evidentemente Masarnau, aunque posiblemente nada sepa tampoco de lo que fue aquel importante colegio ni le suene el nombre de Santiago Masarnau, seglar benemérito que introdujo en España las Conferencias de San Vicente de Paúl-, de Madrid, a fin de prepararse para el ingreso en el Colegio de Artillería de Segovia, lo que haría en 1846” . Pues nada de mitad monje y mitad soldado. Recibió, simplemente, la educación de los chicos de familia “bien” que se preparaban para la carrera militar o para otros destinos.
Sostiene Morillas que ya de teniente del 5º Regimiento montado prevaleció su vocación religiosa sobre la militar sin aludir a su desengaño amoroso. No tenemos, por otra parte, mayores constancias de éste que las mencionadas pero dada la calenturienta imaginación de Morillas tendemos a darlas por buenas. Y como comprensible explicación del cambio radical en su carrera. Sí aceptamos, en cambio, el dato de su ordenación de manos del arzobispo García Gil el 23 de febrero de 1861 y la obtención de un beneficio real en el Pilar zaragozano . Nos dice que de ese beneficio pasó a ocupar el deanato de la catedral de Burgos, saltándose los pasos previos a los que vamos a aludir inmediatamente. Porque el arcedianato de Toledo, que Morillas reconoce, lo considera posterior a la presidencia del cabildo burgalés. Y eso también parece deducirse de la magna obra del profesor Cuenca Toribio aunque no queda demasiado claro
Nombrado beneficiado de la metropolitana de Zaragoza, se licencia allí en Teología y Derecho en los días en que dicha universidad "no era muy prestigiosa" . Canónigo de Gerona, arcediano de Toledo y arcediano y luego tesorero de Zaragoza. De estos días zaragozanos le cabe la honra de ser el alma de que las monjas del Servicio Doméstico, que acababa de fundar en Madrid quien hoy es Santa Vicenta María López Vicuña, abrieran en la ciudad del Ebro la segunda de sus casas (7-XII-1876) . Cascajares quería fundar en Zaragoza una casa para sirvientas y tuvo noticia de los propósitos de la santa fundadora, tan coincidentes con los suyos, lo que dio lugar a una fecunda colaboración y apoyo, consiguiéndoles, además, el favor del cardenal García Gil . Naturalmente, será de los obispos que firmen las cartas comendaticias a favor de las religiosas del Servicio Doméstico pero ello ya ocurrirá en la siguiente diócesis que la tocó regir: Calahorra.
El Gobierno le propondrá en 1876 para obispo de Cuenca y el cardenal García Gil, aun informando de que su conducta era irreprensible, "manifestaba la opinión de que en conjunto el canónigo Cascajares no poseía la ciencia ni la constancia de carácter necesaria para un obispo. Algunos lo consideraban un tanto ambicioso; sin embargo, a juicio de dicho prelado, la carrera de Cascajares se debía principalmente a sus muchas relaciones y a un hermano general y senador del reino" .
Otro obispo pues del grupo de los parientes de personajes de la situación política. Y era como si todas esas familias destinaran a la Iglesia al menos dotado de sus vástagos. Aunque también hemos de reconocer que no fueron, en general, malos obispos. Se consigue que el Gobierno desista -el senador Cascajares no era Silvela-, y en 1878 le tenemos de deán en Burgos . Dos años después vuelven las recomendaciones a trabajar por él. Ahora para la diócesis turolense. Y aunque los informes seguían hablando de su conducta irreprochable, de su piedad y de sus buenas ideas, "no le juzgaban suficientemente instruido para ser obispo" . Vuelve a ceder el Gobierno pero por poco tiempo pues en 1881 se le presenta para Tuy. Y Figuerola nos dice que también para Vich, sede para la que tampoco fue aceptado por su falta de cualidades . Lo de Vich parece claro que debió producirse a la muerte de su titular Colomer. Lo de Tuy es algo más confuso pues Valero Nacarino fue obispo tudense hasta el año siguiente, 1882, en que fue trasladado a Cuenca en el mes de marzo. ¿Se barajó su nombre en la combinación? Podría ser pero presentarle era imposible estando cubierta la sede para la que se le presentaba. Aunque hay que reconocer que Vico, cuyo informe se recoge en la citada obra de Cárcel Ortí, es autoridad de primera mano en todas esas cuestiones.
El cardenal Moreno cree que una diócesis pequeña y poco complicada podría tenerle de obispo y le recomienda para el priorato de las Ordenes militares por ser Cascajares caballero de Calatrava. Ahora es la Santa Sede la que cede y el 21 o el 27 de marzo de 1882 es preconizado obispo titular de Dora, prior de las Ordenes. Pero el nuncio Bianchi pide a cambio de la concesión que el obispo de Salamanca, Martínez Izquierdo, sea el sucesor del cardenal Moreno en Toledo cuando se produzca la vacante que todos preveían inminente , aunque no fallecería hasta 1884. Desconocemos por qué después los acontecimientos siguieron otros rumbos.
Fue consagrado en la Capilla real de Madrid por el nuncio Bianchi, asistido de su antecesor, ahora obispo de Orihuela, Guisasola, y del auxiliar de Toledo, Sancha, el 4 de junio de 1882 . Sin duda fue una celebración de postín pues a los prelados mencionados debemos añadir entre los concurrentes al Patriarca de las Indias y a unos setenta caballeros de las Ordenes.
"Ya desde los primeros días de administración del priorato se encontró con las graves dificultades que el Tribunal y el Consejo de las Ordenes militares le plantearon, y que él no estaba capacitado para afrontar con éxito; de forma que el mismo Cascajares suplicó al rey que lo trasladase a otra parte" . La exposición a Alfonso XII de Cascajares (10-II-1883) sobre el patronato y los derechos del obispo prior es de una notable valentía. El Real Decreto de 1 de agosto de 1876, que tanto había alarmado a su antecesor Guisasola, daba al Consejo de las Ordenes el derecho de formar y presentar al rey "las ternas para la provisión de dignidades, canonjías y beneficios de gracia de esta Santa Iglesia Prioral" . Sin base en el Concordato ni en la Bula Ad Apostolicam, "carece por completo de fuerza canónica y necesita con urgencia de radical y absoluta modificación" . Las reclamaciones de Guisasola habían subsanado el punto de jurisdicción pero quedó subsistente el de provisión de vacantes de gracia. Y no vacila Cascajares en augurar que el sistema escogido por el ministro Martín de Herrera, hermano del que luego sería también cardenal y arzobispo de Santiago, como Guisasola, es el peor, dejando al obispo prior "en peores condiciones que los demás obispos de España" , "deprimiendo manifiestamente su alta dignidad episcopal" . Para Cascajares el turno debía ser entre la corona y la mitra y no entre la corona y el Consejo de las Ordenes . Ni que decir tiene que toda la razón estaba de parte del obispo.
A él le tocó construir el seminario, del que Guisasola apenas había colocado la primera piedra, aunque el gozo de la inauguración correspondería a su sucesor Rancés . Vico, que no había hablado demasiado bien de sus capacidades, reconoce, en cambio que, tanto en Ciudad Real como en Calahorra se ganó las simpatías del clero y del pueblo .
El 1 de julio de 1882 la famosa Sor Patrocinio, la “monja de las llagas”, confidente y hasta asesora áulica de Isabel II, fundó en Alcázar de San Juan un nuevo convento de Concepcionistas franciscanas . No sabemos si el Asilo que las Hermanitas de los Ancianos Desamparados inauguran en Ciudad Real en 1884, se abrió antes o después de la partida de Cascajares . Pero como Asenjo, biógrafo del fundador de las Hermanitas, nada nos dice de la fundación de la capital de la diócesis y sí de la de Alcázar de San Juan en 1883 , nuestras perplejidades crecen. Javierre viene en confirmación de Asenjo
Firmó el mensaje de gratitud de los obispos españoles a León XIII (6-I-1883) con motivo de la encíclica Cum multa, uno de los múltiples intentos frustrados de acabar con las divisiones del catolicismo español , adhesión que el ministro de Osma, Lagüera, se negó a suscribir. No sería la única vez que este arriscado obispo niegue su firma a un documento que suscribe Cascajares.
Ante las peticiones de traslado del obispo Prior, que nunca se cohibió para pedir mejores mitras, Alfonso XII le propone para Santander pero la Santa Sede prefiere Calahorra, a la que es trasladado el 27 de marzo según Vico , Echeverría y Orive , el 14 de abril según Jimeno , o el 18 de junio de 1884 según los hermanos Marín .
Como obispo Prior sólo participó en una consagración episcopal, en calidad de asistente: la del obispo auxiliar de Toledo, Bux, el 18 de junio de 1882 .
Debió, ya como prelado calagurritano, firmar la protesta del arzobispo de Burgos y sus sufragáneos por la incautación que el Gobierno italiano hizo de los bienes de la Congregación para la Propaganda de la Fe (1884) y la que, en agosto de ese mismo año, suscribieron los mismos en defensa del poder temporal del Papa . Fue de los obispos que a la muerte de Alfonso XII y asistiendo a sus funerales se pronunciaron en defensa de la dinastía y en contra de los postulados integristas , tal y como propiciaba el nuncio Rampolla . Firma también el mensaje de adhesión a León XIII (12-XII-1885) con motivo del incidente con el cardenal Pitra . El año anterior había ratificado con todos los obispos sufragáneos de Burgos, excepto el de Osma, Lagüera, la carta del arzobispo Fernández de Castro a Sagasta protestando por la versión que había dado de la entrada de Pidal en el Gobierno de Cánovas y afirmando la unidad católica .
La presencia de Pidal en el Gobierno de Cánovas como ministro de Fomento (1884) y la integración de los unionistas en el partido liberal-conservador dio lugar a una serie de debates parlamentarios en los que la pirueta política del antiguo defensor de la unidad católica fue el objeto de no pocas interpelaciones que querían poner en apuros a Pidal, a Cánovas o a ambos. La intervención de Martín de Herrera fue una de las consecuencias de ese debate, así como un conflicto con el gobierno italiano que costó bastante trabajo solucionar, haciendo verdaderos encajes de bolillos con Roma y el Vaticano. Pero, en lo que respecta al arzobispo de Burgos, las palabras de Pidal, las de su correligionario Pérez Hernández y la habilidad parlamentaria de Sagasta que "en la sesión del 9 de julio se vuelve hacia Pidal y le felicita porque personas tan valiosas como él, Pérez Hernández, Catalina, Liniers y otros miembros destacados de la Unión estaban al lado de Cánovas y en las filas del partido conservador, sobre todo teniendo en cuenta que la Unión tenía el apoyo de la mayor parte del episcopado español" , indignó al arzobispo de Burgos Fernández de Castro, que consideró la alusión del jefe de la oposición como "palabras gravísimas" y recordó la promesa de los promotores de la Unión Católica de mantenerla al margen de la política. El arzobispo defendía la vigencia del Syllabus y la Quanta cura y afirmaba que, pese a la afirmación de Sagasta, los obispos seguían condenando la tolerancia y la libertad de cultos. Es decir, el artículo 11 de la Constitución canovista. Los sufragáneos se adhieren a su arzobispo y el escrito apareció como un documento colectivo: Carta del metropolitano y sufragáneos de esta provincia eclesiástica al Excmo. Sr. D. Práxedes Mateo Sagasta, Burgos, 10 de agosto de 1884, en una indirecta condena de las nuevas posiciones de Pidal y sus amigos .
Según Sagasta, la Unión Católica, al entrar su principal promotor en el Gobierno y varios de sus adalides en el apoyo gubernamental, se había dejado la unidad católica "en las zarzas" , "como una antigualla digna de ser conservada muy cuidadosamente allá en los museos de la historia, pero incompatible con el bienestar y la prosperidad de los pueblos" . Fernández de Castro, que se había ilusionado con la primitiva idea de la Unión Católica, como nadie protestó en el Congreso por aquellas palabras del jefe de la oposición, lo hace indignado de que se pueda entender que los obispos propician la entrega de la unidad católica, cosa que un prelado tan identificado con el Syllabus rechazaba de todo corazón . Respaldaron al arzobispo los obispos de Palencia, Vitoria, Santander y Calahorra y el vicario capitular de León. Inmediatamente se detecta la ausencia del obispo de Osma, creemos que por decir que la Unión Católica era una asociación religiosa y no política, buena y bendecida por los obispos. Para el de Osma era una asociación política y no religiosa, mala y que los obispos se equivocaron al bendecirla. Las posturas eran irreconciliables.
Los hechos, al menos respecto a las intenciones de Pidal, parecían dar la razón a los que sostenían que la Unión tenía desde sus inicios una clara intencionalidad política. Pero, aunque así fuera, no por ello tenía que ser anticatólica. Como tampoco lo era el partido carlista, tan grato al obispo Lagüera, que fue el que negó su firma, y de cuyo carácter político no se podía dudar. ¿Hubo doblez en Pidal y quiso camuflar lo político con lo religioso? Creemos que sí. La adhesión de Fernández de Castro, ¿fue sólo a lo religioso? No nos cabe la menor duda y este escrito lo confirma. ¿Fue un mal obispo por bendecir la Unión Católica tal como se proponía y él la entendió? Lo contestación tiene que ser negativa. Fue en eso, como en casi todo, un excelente prelado. En todo ello Cascajares apenas tuvo otro papel que el de comparsa como respaldante del texto y posición de su metropolitano. Y, seguramente, no demasiado convencido. Porque su corazón estaba con la dinastía liberal y no con la carlista. Tenemos un buen testimonio de ello en las Memorias del P. Luis Martín que enseguida sería Prepósito general de la Compañía de Jesús. En 1887 pasó el obispo por Loyola y habló allí con el P. Martín, entonces Provincial de Castilla y “se quejó de que no fuésemos (los jesuitas) dinásticos sino carlistas. Yo le contesté que la Compañía no quitaba ni imponía a ninguno de sus hijos ideas políticas si no lo exigía así la doctrina de la Iglesia. Como jesuitas, sin embargo, es decir, públicamente y en el ejercicio de nuestro ministerio no pertenecíamos a partido político ninguno. Expuse las razones de lo primero y de lo segundo, y ellas fueron tales que el señor obispo quedó completamente satisfecho diciéndome muchas veces: “Tiene usted razón; esa es la única posición que ustedes pueden tener y en la cual pueden únicamente sostenerse” . Dentro del tono vanidoso de Martín, permanente a lo largo de todos las memorias, y de que miente, pues gran parte de los jesuitas estaban con el carlismo, y después con el integrismo, y no con la Regente, lo que nos interesa es dar cuenta de la posición política de Cascajares, fidelísimo a Doña María Cristina que le recompensaría siendo su gran valedora en sus posteriores promociones eclesiales . Nos hemos extendido en ello para dar una somera pincelada de lo que era entonces la división entre los católicos, e incluso entre los obispos.
El 2 de junio de 1886 firma la exposición al ministro de Hacienda sobre la legislación del timbre respecto a los libros parroquiales. Es un extenso escrito bastante firme y razonado del obispo que había prohibido a los párrocos que mostrasen los libros al visitador .
Firmará asimismo la protesta colectiva del episcopado español por los ataques de que es objeto León XIII y reclamará (2-VI-1887) al Gobierno contra una Real Orden que declaraba prescritas una serie de obligaciones del Estado para con la Iglesia . También firmará la felicitación al Papa por sus próximas bodas de oro sacerdotales (4 u 8-XII-1887) . Y el homenaje a León XIII por la encíclica Libertas (24-IX-1888) , en el que nuestros obispos siguen aduciendo, dieciocho años después de la toma de la capital pontificia por las tropas de Víctor Manuel, las cuestiones de la prisión del Pontífice, el poder temporal... El 25 de julio de 1889 nuestros obispos, y seguro que Cascajares entre ellos aunque Iribarren no aporta la lista de firmantes, protestan de la injuria contra el Pontificado que supuso la estatua levantada en Roma a Giordano Bruno .
El año 1884 debió firmar la adhesión de los obispos de la provincia eclesiástica de Burgos (15-VIII-1884) al arzobispo de Santiago de Cuba, Martín de Herrera, por su defensa en el senado de los derechos del Papa sobre los Estados pontificios .
También de sus primeros años es el edicto que prohibía la lectura, impresión y circulación del periódico El Harense, después de haber sometido varios números del mismo al examen de una comisión de capitulares que llegó a la conclusión de que impartía doctrinas "heréticas, impías, blasfemas e injuriosas al Papa, a los obispos, clero y fieles de la diócesis" .
No tuvo destacada participación en los Congresos Católicos mientras fue obispo de Calahorra. Para el de Madrid (1889) designó representante en la capital al canónigo madrileño Sánchez Casanueva y en su diócesis, para las relaciones con la Junta Central, al también canónigo Cruz Ochoa . Al de Zaragoza (1890) asiste, firmando todos los mensajes que suscribieron los prelados y, por supuesto, las Reglas prácticas que tenían un profundo contenido antinocedalista en plena polémica de los católicos divididos .
Cascajares, ambiciosillo él, se sentía a disgusto en una diócesis de segunda división que no propiciaba el protagonismo nacional que, sobrevalorando sus propias capacidades, deseaba. Por ello escribe a la reina regente, con quien tan buenas relaciones mantenía, pidiéndole le proponga para arzobispo de Valladolid . No sabemos si por creer agotada la fórmula Pidal o por pensar que era mucho mejor la suya, se muestra disconforme con el adalid de integrar las masas católicas -"las honradas masas carlistas"- en el canovismo .
Pero pese a sus carencias, Vico reconoce, y creemos que con razón, que tanto en el Priorato como en Calahorra se ganó "las simpatías del clero y del pueblo promoviendo la piedad ordinariamente con misiones, y el año pasado con una peregrinación de 20.000 personas al santuario de Valvanera, favoreciendo, por fin, aun a sus expensas, las obras pías de hombres y de mujeres. Ha dado y sigue dando pruebas de amor y de obediencia a la Santa Sede; demuestra, además, ser prudente en la elección del personal que le ayuda en el gobierno de la diócesis" .
La peregrinación a Valvanera fue realmente un acontecimiento diocesano que impulsó al obispo a escribir un libro sobre la misma: Recuerdo de la peregrinación a Valvanera que ofrece a los romeros su iniciador y presidente, el Excmo. e Ilmo. Sr. A. Antonio María Cascajares y Azara, Obispo de Calahorra y La Calzada . Era el año del centenario del III Concilio de Toledo y de la unidad católica y, con ese motivo, el obispo escribió una dura pastoral antiliberal que, con motivo de la gran concentración diocesana a los pies de la Virgen, que tuvo lugar los días 15 y 16 de septiembre de 1889, fue glosada convenientemente por el padre García Frutos, de la Compañía de Jesús . Parece que esa pastoral, abiertamente integrista –aludimos con ello a su ideología y no a adscripciones políticas concretas-, se la redactaron los PP. Villada y García Frutos . Los ecos de la romería tuvieron resonancia nacional, pudiendo Sardá y Salvany con razón escribir que aquellas dos jornadas, "derramaron frutos de bendición para la Rioja y para España" . No se reunían todos los días "73 estandartes, 300 sacerdotes, 20.000 peregrinos". Y añade la crónica: "estuvieron confesando continuamente el señor obispo y 50 sacerdotes; comulgaron más de 15.000 fieles" . También Constantino Garrán nos dejó recuerdo de aquel acontecimiento en su Crónica de la gran peregrinación a Valvanera (15 y 16 de septiembre de 1889) .
Era una buena persona y un buen eclesiástico. En una de aquellas epidemias que, por entonces, asolaban España debió tener un comportamiento ejemplar. La Semana nos dice que "el Excmo. e Ilmo. Sr. Obispo de Calahorra está siendo un verdadero héroe de la caridad, no sólo en Rincón de Soto sino en toda su diócesis" . Su defecto radicaba en que se creía llamado a un liderazgo de la Iglesia y de los españoles para lo que su inteligencia no le capacitaba. Sus ideas y sus intenciones eran magníficas pero no estaba en sus manos realizarlas.
En los siete años de pontificado calagurritano se debieron instalar numerosas congregaciones religiosas en la diócesis. Como muestra, citemos a las religiosas de la Compañía de María que llegan a Logroño el 30 de septiembre de 1889 , a las Siervas de Jesús que fundan en 1884 en Logroño y en 1885 en Miranda de Ebro y Haro , a los claretianos que, dado el notable número de estudiantes que iban teniendo, en 1885 abren un centro de gran capacidad en Santo Domingo de la Calzada y a la Compañía de Santa Teresa que abrió colegio en Calahorra en marzo de 1888 . Y, quien tanto interés había demostrado desde sus tiempos de sacerdote zaragozano por las monjas del Servicio Doméstico no podía faltar, siendo ya obispo calagurritano en las cartas comendaticias que se enviaron a Roma para la aprobación del Instituto (1887) . Con los jesuitas tuvo siempre excelentes relaciones. Hemos mencionado ya una conversación de Cascajares con el P. Martín. Le veremos, un año después, asistiendo, con el arzobispo de Valladolid y los obispos de Vitoria, Pamplona y Ciudad Rodrigo, a las fiestas de la dedicación de la Iglesia de Loyola (30-VII-1888) . Y cuando los padres de la Compañía, interpelados por León XIII a causa de su integrismo, se buscaron el colchón protector del testimonio de los obispos españoles sobre la bondad y el apartidismo de sus ministerios, Cascajares no vaciló en darlo a favor de la conducta política de la Compañía .
Todavía tenemos otro testimonio del afecto de Cascajares por los jesuitas. Eran ya sus últimos días en Calahorra, el 12 de junio de 1891, el P Martín llegó a Calahorra camino de Roma donde había sido nombrado Sustituto. Le alojó el obispo, que había salido a la estación a recibirle en su coche, en su palacio y este es el testimonio del P. Martín: “Me edificó mucho el ver la devoción con que el Prelado y toda su familia rezaban el rosario y demás devociones de la noche en la capilla del mismo. Asimismo me edificó el amor y la deferencia con que la hermana del Sr. Obispo trataba a éste , y de la manifestación de este cariño al despedirse por la noche después de cenar y retirarse cada cual a su habitación” . No es habitual encontrar rastros de la vida privada de los obispos, que evidentemente la tenían. Cascajares vivía con su hermana, Doña Pascuala, rezaban devotamente, se querían y recibían en su intimidad a las personas que apreciaban. Sin alterar para nada su vida habitual. La hermana sobrevivió al obispo pues en 1901 recibió el pésame que le envió el ya general de la Compañía de Jesús . Que debió quedar impactado de aquel encuentro pues siendo Luis Martín de temperamento frío y despegado de afectos, y no habiendo ya ningún vislumbre interesado en el pésame, no vaciló en enviarlo. No sabemos si con el obispo de Calahorra vivía también la familia de su hermana pues estuvo casada y tuvo descendencia. Tal vez en esos día estuviera ya viuda o quizá su marido se alojara también en el palacio. Es lástima que casi nunca conozcamos detalles de la vida privada de los obispos.
Trasladado a Valladolid el 17 de diciembre de 1891 , el 19 de ese mismo mes y año , el 29 de enero de 1892 , en 1891 o en 1892 , dejó Cascajares la sede calagurritana, que pasó a ser regida por Santiago Palacios Cabello como vicario capitular (1892-1899) y después por el arzobispo de Burgos, Gregorio María Aguirre y García, como administrador apostólico (1899-1909).
En los finales de su pontificado calagurritano forjó la idea de formar un gran partido católico que se impusiera en la política y fuera el firme sostenedor del trono. Apenas encontraba diferencias entre el partido de Cánovas y el de Sagasta y por eso buscaba "la formación de otro grupo fuerte y poderosamente cimentado en los grandes principios religiosos y sociales que sirva de verdadero contrapeso a los atrevimientos y temeridades del partido liberal, cuyas complacencias con las fuerzas más serias del republicanismo pueden en un día dado poner en grave riesgo a la institución monárquica que vuestro Augusto hijo representa y V.M. guarda por bienhechor designio de la providencia" (Carta a María Cristina, fechada en Calahorra el 24-XII-1891) . Aunque será en Valladolid donde intentará llevar a cabo su proyecto de reconciliación de carlistas con alfonsinos católicos con intervención hasta de ¡Canalejas! Pero no es esta la diócesis en la que debamos tratar de esas frustradas empresas de Cascajares. Si bien ya en las postrimerías de su episcopado en Calahorra entregó un Memorandum a María Cristina (1891), ofreciéndose a dar cuantos pasos fueren precisos para llevar el plan al fin propuesto .
Digamos por último que el 29 de noviembre de 1895 fue creado cardenal por León XIII , junto con el obispo de Urgel, Casañas. Y, el 18 de abril de 1901 fue trasladado a Zaragoza, archidiócesis sin duda más importante que la vallisoletana. No llegó a ella pues murió el 27 de julio de ese año, en Calahorra, camino de su nuevo arzobispado . Fue a morir en la ciudad donde había sido obispo por más de siete años. Seguramente fue un reencuentro emocionado de sus antiguos diocesanos.
Hombre ambicioso, y sin especiales dotes de inteligencia, fue, sin embargo un buen obispo de la diócesis, que siempre le pareció poca cosa para lo que él pensaba que se merecía. Y no cesó hasta conseguir el arzobispado y la púrpura.
Entró después Calahorra en una larguísima sucesión de administradores apostólicos que no concluiría hasta que Don Fidel García Martínez, nombrado con ese carácter en 1921, pasó a ser obispo de Calahorra y La Calzada en 1927. Pero ello cae ya fuera del período que nos hemos propuesto referir.
Francisco José Fernández de la Cigoña