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Análisis
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Domingo 2º

Domingo 2º

            El que quita el pecado del mundo

Evangelio: Jn 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea manifestado a Israel.

 Y Juan dio testimonio diciendo:

He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.

Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Para meditar:

Cordero de Dios que “quita el pecado del mundo”.Al escuchar estas palabras de Bautista fácilmente nos imaginamos a Jesús colgado en la cruz como un cordero llevado al matadero para aplacar el honor de un Dios ofendido por nuestros pecados. Pero esto no puede ser así pues el Dios revelado en Jesucristo nos sigue amando incluso cuando somos pecadores. Es Presencia de amor que nos fundamenta y en la cual existimos. Su honor y gloria significa que todos y todas podamos vivir como personas. No está exigiendo el sacrificio y la sangre para satisfacer su honor, y perdonarnos.

 Somos nosotros mismos cuando actuamos en esa Presencia de amor. Según la revelación bíblica la primera pareja se equivoca escondiéndose de esa Presencia, negando su condición de criaturas, dejando de ser ellos mismos.Ese falseamiento de la humanidad es el pecado. Por eso no ofenderíamos a Dios si no fuéramos contra nuestra propia condición humana.

  1. Según la fe cristiana, Jesucristo es la humanidad sumergida y totalmente habitada por esa Presencia de amor. Fue la experiencia que vivió Jesús e inspiró su actividad profética que culminó en la muerte y resurrección: “Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”. Según los evangelios, desfigurado por las burlas y agravios sufridos en el proceso del juicio condenatorio, Jesús es presentando al pueblo judíos por el gobernador romano que presidía el juicio: “Aquì tenéis  al honre”. La nueva humanidad que, seducida por esa Presencia de amor, libre de su egoísmo  es totalmente para los demás. En su conducta Jesucristo abrió un camino de salvación para todos

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