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Dos antropologías opuestas (la de la vigilancia y la del cuidado), subyacentes en la IA

"La sociedad de la vigilancia y del control adiestra a las personas; la sociedad del cuidado las educa. Esta educación es urgente si queremos seguir viviendo en este planeta, nuestra patria y madrepatria común"

León XIV acaricia a un bebé

En la encíclica Laudato Si’, sobre el cuidado de la casa común (2015), el papa Francisco sometió a una rigurosa crítica a la tecnociencia, por ser una de las causas de la degradación de la naturaleza. Se refiere al predominio del paradigma del «dominus» (ser el dueño), imperante a lo largo de toda la era de la modernidad, sin que los seres humanos se sintieran parte de la naturaleza. A este paradigma del «dominus», el Papa, en Fratelli tutti (2020), le contrapone el paradigma del «frater» (hermano y hermana). Todos los seres son nuestros hermanos y hermanas porque todos procedemos del mismo polvo de la Tierra. Además, todos —desde los más antiguos, pasando por los dinosaurios y las aves, hasta llegar a nosotros— poseemos el mismo código genético básico: los 20 aminoácidos y las cuatro bases fosfáticas. De ahí se deriva una fraternidad universal, entre los seres humanos y entre estos y todos los demás seres de la naturaleza. Un vínculo de amor y amistad, subraya la encíclica, debería abarcar a todos.

Laudato-SI. El Papa verde | 5

Esta fraternidad universal proyecta otro tipo de mundo, de política, de economía, partiendo desde abajo, desde la región, siempre al servicio de la comunidad de vida, ya sea de la naturaleza o de los seres humanos, en particular de los más vulnerables. De ahí surge una nueva ética de solidaridad y cooperación que encuentra en la parábola del Buen Samaritano, analizada en detalle en Fratelli tutti, su punto de referencia ejemplar.

1. La antropología de la vigilancia y el control

En la base de la encíclica Magnifica Humanitas se encuentran dos antropologías analizadas críticamente por el Papa: la de la vigilancia y la del cuidado. En la metáfora del Papa, Babilonia y Jerusalén. La primera, la de la vigilancia, fue formulada por primera vez por la filósofa y psicóloga estadounidense Shoshanna Zuboff en 2021. Posteriormente fue adoptada por el fundador de Palantir, Peter Thiel. No se centra en el proceso económico, sino en el control y la vigilancia de las personas. Peter Thiel parte de una antropología extremadamente reduccionista: «el hombre es un ser peligroso, marcado por las pasiones, naturalmente inclinado al conflicto, que necesita ser contenido».

La estrategia consiste en vigilarlo, privándole de espacios de libertad para poder confinarlo dentro del sistema dominante, el capitalismo neoliberal especulativo. Esta estrategia adopta denominaciones más suaves para que resulte más aceptable, sin alterar por ello su lógica: «democracia de mercado» o «capitalismo democrático».

Esta visión antropológica ha llevado al pensador Garrett Hardi a afirmar: «Tras haber eliminado a todos los demás enemigos, el hombre es ahora su peor enemigo; tras haber eliminado a todos sus depredadores, el hombre es su propio depredador».

Esta estrategia de control y vigilancia, motivada por la crisis climática, se enfrentará a grandes trastornos sociales. Con el pretexto de salvar a la humanidad de su perversidad natural, la somete por completo.

Es en este sentido que la Magnifica Humanitas somete a una rigurosa crítica, aunque reconociendo algunos de sus méritos, el transhumanismo y el poshumanismo. El transhumanismo pretende explotar al máximo las capacidades humanas mediante medios técnicos y biológicos, buscando una mayor eficiencia en nombre de la acumulación. El poshumanismo es más radical, ya que se propone fusionar al ser humano con la máquina y con la naturaleza de tal manera que se innove la historia y se funde una nueva era geológica similar al Antropoceno.

La encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV | Isabel Villavecchia

Todas estas propuestas son derivaciones del paradigma de la modernidad, del «dominus», del ser humano que se apropia de todo y se sitúa al margen y por encima de la naturaleza. Por muy severa que pueda ser la observación, es importante reconocer que este proyecto, que excluye la trascendencia y se basa únicamente en las acciones humanas, lleva a cabo la construcción de Babilonia denunciada por el Sumo Pontífice. No apunta a una mayor humanización ni a relaciones sociales más armoniosas. Dada su lógica interna de competencia sin solidaridad, un proyecto así puede conducirnos a la autodestrucción. De ello ya había advertido el cosmólogo Carl Sagan, al considerar el riesgo de la proliferación de armas letales. Él acuñó la expresión «el principio de la autodestrucción».

2. La antropología del cuidado y la prevención

A esta antropología de la vigilancia y del control se contrapone la antropología del cuidado y de la prevención, la reconstrucción de Jerusalén que, junto al esfuerzo humano, incluye una referencia a lo trascendente, a Dios. La ventaja de esta categoría del cuidado es que pertenece a la esencia misma del ser humano, tal y como se desprende de la fábula 220 de Higino en la Antigüedad romana y tal y como lo profundizaron Martin Heidegger en su Ser y tiempo y la enfermera inglesa Florence Nightingale. La Carta de la Tierra y la encíclica del papa Francisco tienen como subtítulo: Sobre el cuidado de la casa común.

El cuidado representa una relación no agresiva y amistosa con todo lo que existe y vive. Si las grandes empresas tecnológicas y la inteligencia artificial estuvieran imbuidas de cuidado y del principio de prevención de posibles males, nunca pondrían en peligro la vida humana ni el futuro del planeta con toda su biodiversidad.

Este paradigma del cuidado se perfila como el más adecuado para la propuesta del papa Francisco y del papa León XIV, así como para la mejor reflexión ecológica, de un mundo caracterizado por el amor y la amistad. Está al alcance de las posibilidades humanas. La visión antropológica de Peter Thiel olvida que el ser humano es, en esencia, un ser de amor, tal y como han demostrado los biólogos James Watson, Humberto Maturana y Francisco Varela, ambos chilenos. Asimismo, es un ser de solidaridad, a través de la cual ha dado el salto de la animalidad a la humanidad. La nueva ciencia contemporánea afirma que la espiritualidad es un dato objetivo de la naturaleza humana, al igual que la razón y la voluntad. Se revela a través del amor, la cooperación y la apertura al Misterio del mundo, denominado en el lenguaje de los cosmólogos All-nourishing Abyss (Abismo que todo lo nutre).

La sociedad de la vigilancia y del control adiestra a las personas; la sociedad del cuidado las educa. Esta educación es urgente si queremos seguir viviendo en este planeta, nuestra patria y madrepatria común. De lo contrario, la advertencia del papa Francisco en Fratelli tutti no se hará realidad: «Todos estamos en el mismo barco. Nadie se salva por sí solo. O nos salvamos todos juntos o nadie se salva». El papa León XIV, con su Magnifica Humanitas, nos ofrece unas directrices válidas para garantizar un buen futuro a la humanidad, a nuestra Casa Común y a la naturaleza.

Cuidado dela casa común

Cabe destacar la afirmación llena de esperanza de un estudioso de la cultura patriarcal, el brasileño Antonio Sales Rios Neto, que sin duda se alinea con la línea positiva de la Magnifica Humanitas y de la nueva ecología: «Surgirán iniciativas que hagan posible una democracia planetaria, que abarque el pluralismo de las formas de vida y una economía que redescubra su significado original —la salvaguardia de la vida y el cuidado de nuestra única Casa Común— a tiempo para evitar la interrupción prematura de la experiencia humana. ¡No cuesta mucho imaginarlo e intentarlo!». Que así lo quiera Dios.

Leonardo Boff es un ecoteólogo y filósofo que escribe para la revista LIBERTA del ICL (https://www.revistaliberta.com.br) y es autor de: «Cuidar da Casa Comum: pistas para protelar o fim do mundo», Editora Vozes 2024 (https://www.leonardoboff.org).

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