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La docilidad del amor y de la fe para caminar y transformarnos en aquello que Dios quiere en nosotros

Corpus 2025

En este domingo 10º del tiempo ordinario se nos invita a hacer un camino en la fe y en el amor para transformarlo todo desde la acción del Espíritu Santo.

El amor de Dios permanece y siempre conduce a la fecundidad y a la vida.

Corpus Christi

El amor de Dios es fiel, no cambia a pesar de la fragilidad humana y esa es nuestra gran esperanza porque es un amor que cree, espera y confía.

El ser humano está llamado a conducirse en este amor de Dios que le da la certeza y seguridad de que es un amor sincero y verdadero.

Conocer a Dios es conocerlo en ese amor siempre dispuesto a darlo todo. Quien ama verdaderamente sabe darse.

Quien dice que ama y no sabe darse nos lleva a ver que ese amor no es verdadero sino convenenciero y que no se mantiene fiel en el momento de la prueba. 

Con los sacrificios y holocaustos, es decir con los regalos u ofrecimientos externos podemos engañar porque no revelan necesariamente el corazón de la persona. Podemos dar regalos o cosas externas pero muchas veces no somos sinceros y la prueba es el mejor paso para que se revele el amor verdadero.

Abraham fue probado de muchas maneras, pero su fe y amor verdadero se mantuvo firme a pesar de su edad y posibilidad biológica.

Abraham creyó en Dios, quien le había dado todos los signos para el cumplimiento de sus promesas. Espero a pesar de todo, cuando era fuerte la tentación de desertar de todo, porque su edad y realidad biológica revelaban que ya no estaba en condiciones de tener hijos.

Abraham y Sara confiaron y esperaron a pesar de las pruebas, aun cuando Abraham tuvo su hijo con Agar.

El amor verdadero se fortalece, crece y se purifica venciendo todas las pruebas.

Las pruebas son para ver lo verdadero de nuestro amor, vida y compromisos.

Nosotros, en nuestras debilidades pasamos por las pruebas, probando a Dios en la paciencia y el perdón que nos revela y comunica porque su amor es verdadero y prueba de ello es que envió a Jesucristo, su Unigénito, para revelarnos el verdadero amor del Padre.

Quien se cree justo, como los fariseos, le falta la docilidad del amor que es capaz de creer y confiar en las posibilidades de bien y de vida que el amor verdadero revela en cada persona.

Quien se cree justo exige a los demás sin compasión, sin entender que hay un camino, un proceso. No sabe entender las mil formas de la sabiduría del amor que busca como dar luz, aun cuando parece que hay oscuridad o cuando algo que se puede encender está apagado.

En los publicanos y pecadores se manifiesta el amor de Jesús, un amor verdadero que los conducirá a que sus vidas sean mejores, se superen, crezcan, a que salga esa luz que hay en cada uno de ellos. 

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