La transparencia del agua es la verdad del Espíritu de Dios
En este domingo tercero del tiempo de cuaresma vemos que el pueblo muere por la sed en el desierto y clama y pide que se sacie su sed; Jesús sentado en el brocal del pozo, le pide a la mujer que le dé de beber
En este domingo tercero del tiempo de cuaresma vemos que el pueblo muere por la sed en el desierto y clama y pide que se sacie su sed; Jesús sentado en el brocal del pozo, le pide a la mujer que le dé de beber.
Jesús lo dice muy claro a los discípulos: Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen.
Encontrarse con Jesús
La mujer samaritana vive la experiencia de un encuentro que le cambia toda la vida. Descubre el don de Dios que le sale al encuentro. No la juzga, solo le dice toda la verdad sobre ella.
La mujer reconoce su verdad en las palabras reveladoras de Jesús sobre su vida: ve y llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesto: no tengo marido. Jesús le dijo: tienes razón en decir: no tengo marido. Has tenido cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.
Jesucristo lo conoce todo sobre nosotros
La naturalidad del agua es la transparencia, entre más limpia y transparente más nos da vida y apaga nuestra sed.
Para que esa agua de Jesucristo apague nuestra sed, debemos ser transparentes con él
¿Qué tan transparentes somos con él?
La samaritana se sincera con Jesús, entonces fluye la revelación de Jesús con ella, cuando ella le dice que ve que es un profeta y le habla del lugar geográfico donde se debe dar culto a Dios y Jesús le revela que ha llegado el tiempo en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.
Esto es la apertura a la manifestación de Dios con el que Él quiere, en el lugar que Él quiere, en la forma que Él quiere.
El corazón de la samaritana es un corazón abierto y sincero
El diálogo entre Jesús y la Samaritana fluye porque hay sinceridad y transparencia de ambas partes.
Se ve la claridad para el camino de la fe. Dios mismo le está hablando personalmente a la mujer.
La mujer se da cuenta como ha estado viviendo su vida con diferentes hombres sin encontrar una estabilidad y desarrollar una vida de pareja sólida y un hogar que le dé plenitud.
De la parte de Jesucristo siempre habrá sinceridad, en cambio de la parte humana no siempre hay sinceridad.
En la transparencia del agua fluye la verdad
Dios sacia la sed del pueblo de Israel en el desierto, pero el pueblo tendrá que hacer un camino que lo lleve a sincerarse, a ser transparente; tendrá que quitar los ídolos de su corazón; los odios que lleva dentro; las malas intenciones que lo alejan de la rectitud.
Por eso san Pablo en la carta a los Romanos nos recuerda: cuando no teníamos fuerza para salir del pecado, Cristo murió por nuestro pecados y Dios infundió su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que Dios nos ha dado.
Hemos recibido el don del Espíritu Santo
El Espíritu Santo es un manantial de vida en nuestras vidas que nos llama a caminar en Él como el Espíritu de la verdad que nos revelará todo y que nos lleva a caminar en Cristo que es la verdad.
La transparencia del agua es la verdad del Espíritu de Dios
El Padre busca los verdaderos adoradores en espíritu y en verdad, esta es el agua que brota para darnos vida eterna.
Nosotros quisiéramos no tener sed como la mujer samaritana, pero nos falta abrirnos en esa verdad confiada con Dios que es amor para que con absoluta confianza abramos todo nuestro interior con Él para que en su revelación nos haga ver lo que debemos purificar, como le pasa a la mujer samaritana cuando se habla de su marido.