Hazte socio/a
Última hora:
TODO el viaje del Papa a España, #primeroRD

Liturgia del 11º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

La mies es mucha

El amor permanente y entrañable de Dios Padre, que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu ESTÁN con todos vosotros.

Y con tu Espíritu

MONICIÓN DE ENTRADA

Hoy Jesús nos recuerda que somos sus enviados. Y las dos grandes tareas de sus enviados son: decir a la gente lo cerca que está Dios, ayudándonos a descubrirlo en el interior, y curar a las personas de todo cuanto introduce error y sufrimiento en sus vidas.

Por eso renovemos en esta Eucaristía nuestra adhesión a Jesús y nuestra fraternidad.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

Para poder cumplir el encargo que nos dejó Jesús tenemos que empezar por ser conscientes de los dones y cualidades que Dios nos ha dado para ponerlas al servicio de los demás. Los reconocemos y le damos gracias y nos comprometemos a vivirlas en la vida diaria, al comenzar esta celebración

Queremos comprometernos a vivir el don de la Paz, tanto interior, sintiéndonos habitados por Tí, como exterior, contribuyendo a sembrarla en los demás. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don del Amor, descubriendo cada día el gran amor que nos tienes y viviéndolo con los hermanos. Por eso decimos:

Nos comprometemos Señor.

Queremos comprometernos a vivir el don de la Bondad y la Ayuda, ayudándonos a nosotros mismos a progresar en nuestra realización personal y ayudando a los demás en todo lo que podamos. Por eso decimos: Nos comprometemos Señor.

Dios Padre Amoroso tiene misericordia de nosotros, comprende nuestros fallos y nos guía de su mano a la vida eterna. Amén

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros…

ORACIÓN COLECTA

Señor Jesús, Tú te compadeces de la multitud que andaba como ovejas sin pastor y de aquella gente que te esperaba junto al lago:

Porque eres compasivo escoges a un grupo de personas para que continúen tu obra, para que sean portadores de esperanza, de alegría, de vida, de amor de Dios, de salud.

Tú los escoges, Señor Jesús, para que sean en el mundo un pequeño signo de la compasión de Dios,

del amor de Dios.

Tú los escoges para que anuncien la Buena Nueva del Evangelio y continúen la obra que tú comenzaste.

Y les encargas, Señor Jesús, que hagan lo que Tú hacías: “Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios”

O sea que tengan entrañas de misericordia, que estén llenos de la compasión de Dios.

Ese es, aún hoy, uno de los encargos más importantes que Tú nos has dado a cuantos somos invitados a continuar tu obra en el mundo.

Todos conocemos personas que de verdad transmiten compasión. Gracias por todas ellas.

¡Señor Jesús, queremos ser compasivos, imitando tu manera de ser que no es otra que la manera de ser de Dios! Amén.

Lectura del libro del Éxodo (19,2-6a):

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. y acamparon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios.

El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: «Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa."»

Palabra de Dios

Sal 99,2.3.5

R/. Somos su pueblo y ovejas de su rebaño

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,36–10,8):

R/Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: El primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Zelote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

Palabra del Señor.

R/Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Después del tiempo de Pascua retomamos de nuevo el tiempo ordinario, donde vamos siguiendo la vida y el mensaje de Jesús, para hacerlo nuestro y tratar de imitarlo.

Hoy vemos a Jesús mirando a las gentes. Se deja impresionar, afectar, cuestionar por lo que vive la muchedumbre. No es una mirada para acusar, reprochar o escandalizarse. Es una mirada para comprender: Quiere captar su mundo interior, lo que sienten, lo que sufren, lo que necesitan, lo que esperan. Una mirada «compasiva», que le toca en lo más hondo de su corazón. Jesús escucha, se interesa, pregunta y trata de comprender. No sabemos si aquella gente era buena, si su vida estaba moralmente en regla, si eran o no pecadores… Podemos suponer que habría de todo.

Pero parece que tienen algo en común: es gente que sufre. Ésta es la primera percepción de Jesús. Y Jesús se «compadece» de ellos, es decir, participa de su sufrimiento y decide (como hizo Dios con Israel) hacer algo por ellos, en su favor.

Andaban extenuadas y abandonadas, como ovejas sin pastor. Pero pastores tenían, y en abundancia. Todo el gremio de sacerdotes, con su milimétrico cuidado del culto del templo, los letrados y fariseos, bien formados, con la doctrina clara, precisa y minuciosa, como para resolver todas las situaciones que pudieran plantearse y marcar lo correcto y lo incorrecto, lo moral y lo inmoral. Expertos en casuística (aunque no en personas), se consideraban portavoces cualificados de la voluntad de Dios. (Todavía hoy muchos líderes religiosos de nuestra Iglesia obran así).

Aquellas gentes no necesitan pastores que multipliquen las normas, que excluyan a los que no cumplen la voluntad de Dios, que lo regulen todo y que parezca que la Alianza (1ª lectura) – un pacto de amor y entrega por el que Dios se había convertido en libertador de un pueblo para hacer de ellos un pueblo de sacerdotes y una nación santa– consiste en un código de obligaciones y prohibiciones que no les hacía ni más felices, ni más hermanos ni más libres. Aquellos pastores andaban escasos de misericordia y desentendidos de los sufrimientos del pueblo, sin presentarles alternativas ni ayudarles a salir de su penosa situación.

Por eso, Jesús llama a «otros». A los que han escuchado el mensaje de las bienaventuranzas y están dispuestos a vivir de un modo diferente, y que convierten su relación con Dios en un camino de felicidad, donde el que está más débil es el centro principal de la Comunidad, de la relación con Dios, donde nadie queda excluido.

Son un grupo de Apóstoles/pastores que reciben un bello y difícil encargo: «proclamad, curad, resucitad, limpiad echad demonios». Como se ve por todos estos imperativos, se trata en primer lugar de anunciar con gozo (sin riñas, ni amenazas, ni obligaciones) la cercanía, presencia y compromiso de Dios.

Y esa presencia, para que no se quede en palabras vacías (de las que ya están muy hartas las ovejas) se comprobará en que éstas irán siendo reintegradas en la comunidad, se harán conscientes de su dignidad y su preferencia por parte de Dios, se les aliviará su sufrimiento, se luchará contra las causas de sus heridas, de su suciedad, de su falta de vida, de sus sufrimientos.

En definitiva: se trata de que pasen de ser «muchedumbre» a ser «comunidades» donde se aman, lo tienen todo en común y se atiende a cada cual según sus necesidades. Esa es la misión de cualquier obispo, cura, agente de pastoral, con la implicación de todos los demás.

Lo que marca la pertenencia a esta comunidad no son unas normas rituales o religiosas, sino el compromiso de acoger, compadecer, compartir y aliviar la carga de los otros. El Reino de Dios está cerca cuando los que hemos conocido a Jesús ponemos en el centro de nuestra relación con Dios, en el centro de nuestras inquietudes y preocupaciones a los que están peor.

Sin imponerles, sin juzgarles, sin reñirles, sin reprocharles, sin ponerles condiciones (tampoco económicas: lo nuestro ha de ser gratis).

Y tiene que ser gratis porque todo lo hemos recibido gratis. Dios nos lo ha dado todo y para siempre, por eso tenemos que comunicarlo y vivirlo gratis.

La «autoridad» o «poder» que nos concede el Señor, no es para “mandar“, es para luchar contra el mal. Una lucha que no es exclusiva de los que tienen responsabilidades pastorales en la Comunidad Cristiana, sino de todos los que se han sentido llamados e ilusionados por el Mensaje de Jesús, de los que hemos aprendido que la Gloria de Dios es el cuidado y la felicidad del hombre.

De los que saben que comulgar en la Eucaristía significa comulgar en el servicio y en la entrega de la propia vida en favor incluso de los que no son justos (2ª lectura) como hizo el propio Jesús, y como espera que nosotros hagamos. Seguramente también tendremos que llamar a otros muchos, porque la tarea (la mies) es inmensa, y los caminos y ciudades que nos aguardan son incontables.

Eduquemos, pues, nuestra «mirada» para ser capaces de compadecer, convocar, proclamar, sanar, limpiar, resucitar, curar y desterrar demonios de modo que seamos una Iglesia misionera, una Iglesia compasiva y misericordiosa, una Iglesia humanizadora, una Iglesia acogedora e integradora, una Iglesia sinodal, una Iglesia de personas felices, portadoras de una misericordia y una fidelidad que ha de llegar a todas las generaciones.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, la Palabra que hoy hemos proclamado nos recuerda y renueva la llamada a ser cauces de Jesús, Buena Noticia proclamada con nuestra vida. Oremos.

Seremos compasivos y misericordiosos

• Siendo conscientes que lo importante es mostrar la presencia de Dios, que no se trata solo de vivir según unas normas morales y unas leyes eclesiales.

Seremos compasivos y misericordiosos

• Siendo capaces de liberar a las personas de todo lo que les paraliza y les hace sufrir; que los enfermos se sientan acompañados y sostenidos en su dolor y sufrimiento.

Seremos compasivos y misericordiosos

• Siendo cauce de anchura y esperanza en la vida de las personas; que nuestra presencia sea fuente de vida y sentido.

Seremos compasivos y misericordiosos

Padre bueno, nuestras comunidades de fe deben ser espacios de vida, de apertura al hombre y a la mujer de hoy, con sus necesidades, inquietudes, esperanzas. Agradecemos de corazón la vida de Jesús de Nazaret, nuestro Hermano y Maestro que vive por los siglos de los siglos.

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Te presentamos el pan y el vino. Son frutos de la tierra y del trabajo de los hombres y mujeres que lo siembran, cultivan y cosechan. Junto a ellos, ofrecemos también nuestras vidas. Tú sembraste en ellas tu Palabra y tu Mensaje. Queremos que den frutos para ponerlos al servicio de los demás y poder compartirlos con todos. PJNS.

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

Te damos gracias y te bendecimos, Padre,

porque nos enviaste a tu Hijo Jesús,

que nos proclamó su Evangelio,

y además curó a los enfermos,

ayudó a los pobres y necesitados

y no se olvidó de los niños.

Te damos gracias porque Tú

nos has llamado a continuar su Misión.

Queremos escuchar su Palabra

y seguir su ejemplo.

Pero reconocemos que nuestra fe es débil

y nos cuesta comprometernos.

Pero, hoy, nos hemos reunido en tu Nombre

y te alabamos unidos a todos los profetas,

enviados, apóstoles y misioneros

diciendo:

SANTO SANTO SANTO

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

Santo eres en verdad Señor, fuente 

de toda santidad

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino y

se conviertan para nosotros 

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús

El mismo Jesús, la víspera de su Pasión y Muerte,

cuando estaba reunido a la Mesa con sus amigos, tomó un pan, lo bendijo, y se lo repartió, diciendo...

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi Cuerpo,

que será entregado por vosotros 

Y lo mismo hizo con una Copa de vino: al terminar de cenar, alzó una copa, brindó por el triunfo a su Padre del cielo, y se la pasó a sus amigos, diciendo…

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi Sangre,

Sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas

Haced esto en conmemoración mía.

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Así pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la entrega y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, que son símbolo de su coherencia y fidelidad hasta el final, y te damos gracias porque nos haces sentir tu presencia. 

Deseamos, movidos por el Espíritu Santo, vivir en la unidad cuantos participamos del sacramento del Cuerpo y Sangre de Cristo. Y ser signo de unidad para todos los seres humanos.

Señor Tú acompañas y alientas, a tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa León, con nuestro Obispo N…, y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, la llevas a su perfección por el amor y la caridad 

Te damos gracias porque tenemos la confianza de que has recibido en tu Casa a nuestros hermanos… familiares, amigos y miembros difuntos de nuestra comunidad 

Tienes misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y todas las personas sencillas y de buena voluntad confiamos por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas. 

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.

PADRENUESTRO

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles: “la paz os dejo,

la paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra

nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.

Donde hay odio, que lleve yo el Amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.

Donde haya duda, que lleve yo la Fe.

Donde haya error, que lleve yo la Verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.

Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;

ser comprendido, sino comprender;

ser amado, como amar.

Porque es:

Dando, que se recibe;

Perdonando, que se es perdonado;

Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.

También te puede interesar

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Liturgia del 11º DOMINGO ORDINARIO 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Liturgia del CORPUS CHRISTI 2026 (A)

Lo último