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Liturgia del CORPUS CHRISTI 2026 (A)

"Una Misa para ILUMINAR y MOVER, sin dar órdenes a Dios"

Corpus Christi

El amor permanente y entrañable de Dios Padre que nos habita y sostiene, la presencia luminosa de Jesús Resucitado, su Luz y el impulso de su Espíritu están con todos vosotros.

MONICIÓN DE ENTRADA 

Celebramos hoy el Corpus Christi. En muchos lugares es una fiesta de pompa, boato y ritos mágicos. A pesar de ese descamino antievangélico, debemos acoger con humildad y agradecimiento este símbolo.

La fracción del pan puede y debe ser el alma de nuestras comunidades. Sacramento de amor, unidad y presencia. Nuestra fe y nuestro corazón nos dice: Aquí está el Señor; aquí se nos da a sí mismo, en su cuerpo, alma y divinidad. Aquí él nos enseña a darnos a nosotros mismos, unos a otros. Demos, pues, gracias a Jesús que está siempre aquí con nosotros.

ACTO DE RECONOCIMIENTO

La Eucaristía es el sacramento en el que fortalecemos nuestra unión con Jesús, que se nos da por entero. Su Espíritu potencia e impulsa los dones y cualidades naturales que Dios Padre nos ha dado. Por ello al comienzo de la celebración reconocemos esos dones y damos gracias por ellos.

Por el don del amor, que has puesto en nosotros para que lo compartamos. Gracias Señor

Por el don de la Sensibilidad, que nos has dado para estar atentos a las circunstancias de los hermanos y así poder ayudarlos. Gracias Señor

Por el don de la Espiritualidad a través del cual nos impulsas y acompañas. Gracias Señor

Dios, Padre amoroso, nos impulsa con su Espíritu, olvida nuestros fallos y nos guía a la vida eterna. Amén

GLORIA

Gloria a Dios en el cielo….

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú tienes piedad de nosotros...

Tú que quitas el pecado del mundo, Tú atiendes nuestras súplicas

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,  Tú tienes piedad de nosotros

ORACIÓN COLECTA

PAN

Pan para saciar el hambre de todos.

Amasado despacio, cocido en el horno de la verdad hiriente, del amor auténtico, del gesto delicado.

Pan partido, multiplicado al romperse, llegando a más manos, a más bocas, a más pueblos, a más historias.

Pan bueno, vida para quien yace en las cunetas, y para quien dormita ahíto de otros manjares, si acaso tu aroma despierta en él la nostalgia de lo cierto.

Pan cercano, en la casa que acoge a quien quiera compartir un relato, un proyecto, una promesa.

Pan vivo, cuerpo de Dios, alianza inmortal, que no nos falte en todas las mesas. Amén.

Lectura del libro del Génesis (14,18-20):

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino y bendijo a Abran, diciendo: «Bendito sea Abrahán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo.

Palabra de Dios

Sal 147

R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,16-17):

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿No es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿No es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,51-58):

R/ Gloria a tí Señor

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Palabra de Dios

Gloria a tí Señor Jesús

HOMILÍA

Cuando leía y meditaba para preparar la homilía de hoy encontré esta preciosa reflexión de José Enrique Ruiz de Galarreta, jesuita español, sobre el verdadero sentido de la fiesta que hoy celebramos Me parece muy profunda y luminosa, y refleja muy bien el verdadero sentido que Jesús dio a toda su vida y que resumió en la Última Cena. Por eso os la ofrezco, añadiendo solo al final una frase propia;

 

En la fiesta de hoy, la Iglesia no conmemora propiamente la eucaristía. Es la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, la fiesta del pan y del vino.

Muchas veces, los cristianos centramos la celebración en la adoración de la presencia real de Cristo en el pan (el vino suele brillar por su ausencia). Nos perdemos lo mejor. Lo mejor está, como siempre, en las parábolas, en el sentido parabólico de las expresiones. Vamos a explicarnos.

Igual que Jesús al hablar del Reino decía: ¿A qué compararemos el Reino?... “El Reino se parece a de esa misma manera, podemos decir que el cuerpo y la sangre de Cristo son como el pan y el vino. Vamos a meditarlo desde esa óptica.

 

El pan, nacido de granos de trigo sembrados, muertos, multiplicados, molidos, amasados, fermentados por la levadura, para ser alimento de muchos, para convertirse en los que lo comen. Los granos de uva, milagros de la vida en la vid, machacados también y estrujados, que también fermentan en la oscuridad para ser bebidos y dar fuerza y alegría a los que beben. El grano de trigo, los granos de uva, el pan y el vino enlazan con lo mejor y más profundo de las parábolas.

 

Podemos imaginar a Jesús contemplando la resurrección de los granos de trigo enterrados en otoño. El grano que muere en la tierra resucita en los verdes brotes que serán espigas, portadoras de muchos granos. Asistiendo a la fiesta de la vendimia en su pueblo de Galilea. Los racimos arrancados de la vid, pisados sin piedad, estrujados, exprimidos, fermentados en la oscuridad de las cubas. El milagro del vino.

Imaginemos la casa de Cafarnaúm al atardecer. El grupo de Jesús alrededor de la mesa. Compartiendo la Palabra y el pan. El pan, los granos de trigo molidos, amasados, abrasados al horno. El pan va a morir. Lo comen y ya no existe. El triunfo del grano de trigo es desaparecer para que el que lo come tenga vida. La copa de vino que corre de mano en mano. El vino que alegra el corazón de todos. El triunfo de los granos de uva que mueren para ser alegría.

 

El pan y el vino tuvieron el honor de ser elegidos como la parábola de las parábolas, en la cena de despedida de Jesús. Muchas cosas habría encima de la mesa en aquella cena. Cordero (si es que fue una cena pascual), verduras, salsas, candelabros para iluminar la estancia… Muchas de ellas habían sido ya elegidas como símbolos del mesías: el cordero inmolado, la luz que resplandece en las tinieblas. Pero aquella noche, los ojos de Jesús se fijaron en signos más sencillos, el pan y el vino. Jesús se sintió pan, se sintió grano de trigo enterrado y muerto para ser fecundo, hogaza fermentada por el viento de Dios para que muchos tuvieran alimento. Se sintió grano de uva estrujado y exprimido, fermentado hasta ser vino generoso que enciende el espíritu del que lo bebe.

 

Y se sintió pan y vino compartido por muchos, alrededor de una mesa de hermanos que, al compartir el pan y el vino con él mismo, se sentían más hermanos, compartían con él su entrega para ser pan y vino para muchos.

Jesús no fue un grano de trigo conservado en un viril para ser adorado. Jesús no fue un frasco de vino precioso reservado por su dueño para admirar a los huéspedes. Jesús no fue pan y vino desde aquella cena de despedida. Jesús leyó durante la cena su vida entera, como se lee la vida en la inminencia cierta de la muerte, y se interpretó a sí mismo con la más bella de todas las parábolas.

Así, la cena de despedida de Jesús coronó todas sus comidas y cenas con pecadores, en las que se sembraba y se derramaba con riesgo de su prestigio y de su vida. Aquellas comidas que expresaban con perfección toda su forma de vivir: Sembrarse en cualquier terreno, aunque estuviera lleno de piedras y de cardos, a voleo, generosamente, sabiendo que sería pisado, ahogado por las zarzas, rechazado por la tierra endurecida por la sequía.

La cena de despedida resumió en el pan y en el vino la vida entera de Jesús, su estilo, su concepción del Reino, el modo de proceder de los que quisieran seguirle, su imagen de Dios.

Por eso los que se atrevieron a seguirle, los que después de verle morir en la cruz vencido y humillado se atrevieron a proclamar que Dios estaba con él, significaron también toda su fe y su modo de vida compartiendo el pan y el vino en un recuerdo que hacía presente a Jesús; que invitaba a la comunión con él y con todos los que se reunían alrededor de la mesa. Y allí, alrededor de la mesa, cada uno presenta y ofrece su grano de trigo y se presenta a sí mismo como grano de trigo entregado con Jesús y como Jesús, para que haya más vida en el mundo.

 

Es estremecedor pensar en la profundidad de la imagen del pan y del vino y su enorme superioridad sobre la idea de sacrificio ritual de una víctima sustitutoria, (que es lo que la Iglesia a la largo de los siglos nos ha enseñado y grabado a fuego). El verdadero sacrificio de Jesús no fue ser cordero inmolado en la cruz, sino ser grano de trigo sembrado desde que se dejó llevar del Espíritu, allá en el Jordán, desde el entorno del Bautista.

 

El cordero es una imagen sangrienta, espectacular y momentánea. El grano de trigo es una imagen cotidiana, desapercibida, constante. El sacrificio del templo es oficiado por el sacerdote y contemplado por los demás. El grano enterrado es cada uno, todos los días, como sacerdote de su propio sacrificio que es toda su vida.

 

Y no es bueno que se mezclen, porque el sacrificio del cordero inmolado por el sacerdote tiene el atractivo de los espectáculos cultuales, rituales, que muchas veces no dicen nada y no nos comprometen a nada, y perturban el verdadero sentido de la Eucaristía, y sus resplandores hacen olvidar fácilmente al grano cotidiano, enterrado en silencio. Que es lo que Jesús quiso significar.

CREDO

Sacerdote.- ¿Creéis en Dios, que es nuestro Padre, que ha hecho todas las cosas y nos cuida con amor?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en Jesucristo, que ha puesto su Morada entre nosotros, para hacernos conocer a Dios Padre?

Todos.- Sí, Creemos.

Sacerdote.- ¿Creéis en el Espíritu Santo que vive entre nosotros, y anima a la Iglesia y a todos para hacer un mundo mejor?

Todos. Sí, Creemos.

Sacerdote: ¿Creéis en la resurrección y en la Vida eterna, que ya comenzamos a disfrutar aquí y disfrutaremos plenamente al final de nuestro camino por esta vida?

Todos. Sí, Creemos.

ORACIÓN UNIVERSAL

Hermanos, pan partido, vino ofrecido, vida partida y compartida; son las señas de identidad de todo discípulo de Jesús de Nazaret. Oremos.

Queremos entregarnos como Jesús

• Haciendo de la Iglesia una comunidad solidaria, una comunidad respetuosa con la diversidad y comprometida con toda la humanidad.

Queremos entregarnos como Jesús

• Renovando en cada celebración eucarística nuestro compromiso de fe, viviendo en clave de servicio, de entrega, y comprometidos con un mundo más humano y justo.

Queremos entregarnos como Jesús

• Dejándonos afectar por tanta desigualdad en nuestro mundo: por quienes sufren hambre, malos tratos, guerra, paro, desahucios, discriminación y exclusión.

Queremos entregarnos como Jesús

Padre bueno, deseamos ser fuente de vida, de entrega, de servicio, de paz. Vivir responsablemente y en comunión con toda la humanidad, siguiendo el camino de tu Hijo Jesús que resucitado vive por los siglos de los siglos. Amén

En el momento de presentar la OFRENDA de toda la Iglesia oremos a Dios Padre Misericordioso

El Señor reciba de tus manos esta OFRENDA

ORACIÓN OFRENDAS

Te presentamos, Señor, el pan y vino que alimentan nuestra vida diaria; presentamos también nuestras vidas y nuestro deseo de hacerte presente con nuestra entrega a los demás.

Al enviar sobre ellos tu Espíritu Santo se convertirán en el signo del Cuerpo y la Sangre de Jesús, que nos invitó a celebrar esta comida que alimenta nuestro espíritu. PNSJ Amén.

PREFACIO

El Señor está con vosotros  

Y con tu Espíritu

Levantemos el corazón

Lo tenemos levantado hacia el Señor

Damos gracias al Señor nuestro Dios

Es justo y necesario

A tu bondad, Dios del Amor y Padre nuestro, queremos elevar un can­to de gratitud en esta celebración y en todo momento de nuestra vida. 

Con amor paternal nos has llamado a la vida, nos mantienes en ella y nos muestras su verdadero sentido: la promesa de vivir para siempre junto a Ti. 

Caminantes que no debemos quedar al margen de lo humano, tenemos que dar testimonio de servicio en favor de los hombres y apostar una y otra vez por la paz, la justicia y la libertad.

Caminantes que, reconocien­do nuestra fragilidad, debemos dejarnos llenar por la luz de tu palabra y por el Pan y el Vino de la eucaristía que representan la Persona y Vida de tu Hijo que fortalece la vida de cuantos a Él nos adherimos.

Y aunque no necesites nuestras alabanzas, queremos demostrarte nuestro cariño y agradecimiento con este canto de bendición.

SANTO, SANTO, SANTO

CONSAGRACIÓN Y PLEGARIA

SANTO eres en verdad, Padre,

y con razón te alaban todas tus criaturas,

ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,

con la fuerza del Espíritu Santo,

nos das Vida y santificas todo.

 

Congregas a tu Pueblo sin cesar,

para que ofrezca en tu honor esta OFRENDA

desde donde sale el sol hasta el ocaso.

 

Recibimos tu Espíritu con alegría

para que santifique este pan y este vino

y se conviertan para nosotros

en el sacramento del Cuerpo y + la Sangre de Jesús,

 

Porque Él mismo,

la noche en que iba a ser entregado,

habiendo amado a los suyos

que estaban en el mundo hasta el extremo,

mientras cenaba con sus discípulos,

tomó un pan, y dando gracias te bendijo,

lo partió y lo repartió a sus discípulos, diciendo:

 

Tomad y comed todos de él,

porque esto es mi cuerpo,

que será entregado por vosotros.

 

Del mismo modo, acabada la cena,

tomó el cáliz,

y, dándote gracias de nuevo,

lo pasó a sus discípulos, diciendo:

 

Tomad y bebed todos de él,

porque éste es el cáliz de mi sangre,

sangre de la alianza nueva y eterna,

que será derramada por vosotros

y por todos los hombres

para iluminar vuestras vidas.

haced esto en conmemoración mía.

 

Este es el sacramento de nuestra fe.

 

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial

de la ENTREGA de Jesús,

de su admirable resurrección y ascensión al cielo,

mientras esperamos su venida gloriosa,

te ofrecemos, en esta acción de gracias,

todo lo que somos y tenemos.

 

Tú diriges tu mirada sobre esta OFRENDA de tu Iglesia

y reconoces en ella nuestra adhesión a Jesús,

que vino a revelarnos tu rostro

de verdadero Padre, que nos ama sin límite.

 

Nos unimos en este sacramento al Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

que se entregó por nosotros para dejarnos su ejemplo de Vida.

Y nos abrimos de todo corazón a tu Espíritu Santo

para ser iluminados y fortalecidos en el seguimiento de Jesús, tanto individual como colectivamente.

Y así, unidos como hermanos,

formemos con Cristo un solo cuerpo

y un solo espíritu.

 

Él nos transforma en verdaderamente humanos

en nuestro diario caminar hacia tu Heredad,

donde seguiremos alabándote 

junto con tus elegidos,

con María, la Virgen Madre de Dios y madre nuestra, su esposo san José,

los apóstoles y los mártires,

y todos los santos,

que nos precedieron en el camino hacia Ti.

 

Te ofrecemos, Padre, nuestro compromiso de adhesión a Jesús,

que ratificamos en esta celebración,

para que contribuya a la Paz y

la Humanización del mundo entero.

 

Confirmamos nuestra lealtad con esta tu Iglesia,

que peregrina en la Tierra,

fortalecida por nuestra fe y caridad.

 

Nos unimos a TODOS tus hijos de este Pueblo,

iluminado y fortalecido por Jesús,

junto con sus servidores: el Papa León,

nuestro Obispo N…,

el orden episcopal, los presbíteros y diáconos.

 

Tú atiendes los deseos y compromisos

de esta Familia,

que has congregado en tu presencia

en este domingo, día en que Cristo

venció a la muerte.

 

Él nos ha hecho partícipes de su Sabiduría y Fortaleza para que imitemos su ejemplo

en el camino hacia tu Heredad eterna.

 

Te damos GRACIAS porque nuestros

hermanos difuntos…, familiares,

amigos y miembros de nuestra Comunidad,

tras su maduración en este mundo,

ya disfrutan contigo en tu casa del Cielo.

 

Queremos ser parte del Reino interior,

que tu Hijo nos reveló,

y extenderlo a nuestro mundo

para que podamos gozar TODOS de tu felicidad eterna, junto con Cristo, Señor nuestro,

por quien concedes al mundo todos los bienes.

Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén

PADRENUESTRO

 

PADRE Y MADRE NUESTRA

EN QUIEN SOMOS Y VIVIMOS.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo

TÚ NOS DAS HOY 

NUESTRO PAN DE CADA DÍA.

TÚ PERDONAS NUESTROS PECADOS

Y NOSOTROS QUEREMOS PERDONAR

A LOS QUE NOS OFENDEN.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

Señor tú nos ayudas a vencer nuestros males.

Tú que dijiste a tus apóstoles : “la paz os dejo,

mi paz os doy”, no tienes en cuenta nuestros 

pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra nos das la paz y la unidad. Tú que vives

por los siglos de los siglos. Amén.

CORDERO DE DIOS

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú TIENES piedad de nosotros

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, Tú NOS DAS la paz

Jesús nos invita a ser pan partido y repartido para los demás.

ORACIÓN FINAL

Llegará un día en que nosotros,

tú y yo, y ellos… ¡todos!

seremos todo para todos;

y no habrá murallas,

ni dobles contabilidades,

ni tarjetas opacas, ni cajas fuertes,

ni burocracia interminable…

pues no habrá que esconder nada

ni guardar ningún secreto,

ni defender propiedades privadas…

porque el mundo será la casa de todos,

y la luz brillará en todos,

y todos buscaremos el bien para todos,

y nos sentiremos felices viviendo libres,

como hermanos e iguales.

Pero ahora, mientras tanto,

hay que hacer que llegue ese día,

practicando, con fe y esperanza,

la utopía,

y dejando que el Evangelio

haga germinar, en nuestras entrañas,

y en el corazón de la sociedad,

el futuro que Tú nos prometes cada mañana.

BENDICIÓN

El Señor os bendice, os guarda

y en sus palmas os lleva tatuados.

Os acompaña en todos los caminos.

Y hace prósperas las obras de vuestras manos.

Sentíos siempre abrazados y bendecidos por este Dios enamorado,

Padre, Hijo y Espíritu Santo. AMÉN.   

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