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R. Montesinos 3. POEMAS A MARISA

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En "País de la esperanza" abandona Montesinos la nostalgia de paraísos perdidos (infancia, sevilla...). No quiere convertirse en estatua de sal y se sitúa existencialmente en un fecundo esperanzado presente a través del amor y descubriendo sentido trascendente a los sucesos de la vida.

Contemplamos en imagen a la nueva pareja, Rafael Montesinos y Marisa Calvo, el mismo día que se conocieron en la Tertulia, presentados por Gerardo Diego. Se publicará el importante poemario "País de la esperanza" en 1955, y en ese mismo año formalizará en el altar la pareja su amoroso vínculo. Reservó Montesinos en "País de la esperanza" una especial sección, "Poemas a Marisa", consagrada a cantar sus amores. De ese apartado elegiremos para hoy cuatro expresivos títulos.

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BAJO TU PLANTA EL CUERVO ESTÁ VENCIDO

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Era frecuente, en medios cristianos, que el poeta enamorado identificase, de alguna manera, a su amada con la Virgen María. No digamos en Sevilla con su bellísima imaginería mariana. A Montesinos le gustaba jugar a trasponer el lenguaje religioso al requiebro amatorio. Recordemos, por ejemplo, los versos de "El poeta reza a su antiguo amor, antes de acostarse" (pulsar).

En "Marisa, rodeada de arcángeles", imagina el poeta sevillano a su amada pisando, no la serpiente, como la Virgen del Apocalipsis, sino el negro cuervo del desaliento ("Bajo tu planta el cuervo está vencido..."). Y confiesa que internamente le están naciendo letanías. (En "Me llamo barro aunque Miguel me llame..." compone Miguel Hernández atrevidos versos imaginando a Josefina como virgencita que pisa su convulso corazón. Pulsar).

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A MARISA, RODEADA

DE ARCÁNGELES

Otra vez, ala negra, el desaliento,

terco cuervo que cruza por mi frente,

encorvándome, torvo, de repente,

hacia la tierra el alto pensamiento.

Y otra vez la tristeza, negro viento,

aullando por un pecho diferente

al de ayer; este pecho que no siente

su dolor, de tan dado al sufrimiento.

Pero te tengo a ti, mujer, ahora,

paisana de mi pena y mi alegría,

alma que de mi alma se enamora.

Bajo tu planta el cuervo está vencido,

y por dentro me va la letanía

del cielo que me tienes prometido.

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AY, NIÑA, SÁLVAME

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En el frontispicio del soneto puede leerse el siguiente párrafo de El Quijote (2ª parte, cap. 32): "A eso puedo decir -respondió Don Quijote- que Dulcinea es hija de sus obras." La fotografía presente está tomada en El Toboso. Marisa es Dulcinea en los sueños de Montesinos. Marisa es Virgen María por sus rezos.

Ya en el primer cuarteto, suplica el autor a su amada, con palabras del "Ave María": "Sálvame, amor, ahora y en la hora / de la muerte..." La salvación que anuncia el poeta le llegará sobre todo por el amor, un amor tan intenso y sensual que ya no necesitará la aventura de muchas conquistas, porque tú sola, Marisa, que eres única, "me salvas con besos diferentes".

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SÁLVAME

Pobladora de todos mis sentidos,

tan castamente tú la pobladora,

sálvame, amor, ahora y en la hora

de la muerte, la tierra y los olvidos.

Ay, niña, sálvame a ratos perdidos

la eternidad que al alma, triste, llora

ya por perdida, oh mi eternizadora,

mi arcángel de los gestos doloridos.

Álcese ya mi voz en tu alabanza,

corazón que en un sólo nombre fija

mi corazón de yentes y vinientes,

oriunda de mi única esperanza,

hija de Dios y de tus obras hija,

que me salvas con besos diferentes.

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NIÑA QUE DIOS ME HA DADO

En "Poemas a Marisa" abunda el soneto. Pero para "Infinito y amor" elige Montesinos el cauce ligero de un romance. Protagoniza estos versos la infancia: "Niña que Dios me ha dado / para volverme niño..." Y, ya en la última estrofa: "mi niña maternal / niña siempre conmigo / para hacerme más hombre, / para volverme niño."

Resuenan por estos versos palabras de Jesús: "Si no os hacéis como niños..." (Mateo 18,3). ¿Y cómo son los niños? Alegres, confiados, curiosos, sencillos, espontáneos, intuitivos, juguetones, poetas...

Se intecambian regalos los amantes: "¿Repetirás mi carne?, / ¿repetiré tu espíritu?..." Más allá del amor se adivina la Trascendencia y se aspira a ella: "Te lo digo / con esta sed inmensa / de amor y de infinito..."

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INFINITO Y AMOR

Niña que Dios me ha dado

para volverme niño,

¿repetirás mi carne?,

¿repetiré tu espíritu?

Así, como te veo,

nunca jamás te han visto

y como yo te nombro

nadie tu nombre dijo.

¿Te copiarán mis versos?

¿Me copiarán tus hijos?

Mis hijos o tus versos,

¿no es acaso lo mismo?

Hay algo más, hay algo

más hondo. Te lo digo

con esta sed inmensa

de amor y de infinito,

mi niña maternal,

niña siempre conmigo

para hacerme más hombre,

para volverme niño.

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QUE DIOS DE MÍ SE VALE PARA QUERERTE

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Miguel d'Ors, en "Esposa", percibe, por el cariño que le llega de su pareja, caricias de otro amor trascendente "que está fuera del tiempo": "Alguien me quiere en tus "te quiero", alguien / acaricia mi vida con tus manos y pone / en cada beso tuyo su latido..." La traviesa seguidilla "Los ojos claros", de nuestro poeta andaluz, nos anuncia el otro lado de la verdad teológica: Dios te ama con mi ternura.

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LOS OJOS CLAROS

Tienes los ojos claros,

como tu alma;

tienes la altura justa

de mi esperanza.

¡No sé qué tienes,

que Dios de mí se vale

para quererte!

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RAFAEL MONTESINOS

Director durante 50 años de la Tertulia Literaria Hispanoamericana

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1.La nube en el cielo se puso a llorar

LAS CUATRO ESQUINAS

EL POETA REZA A SU ANTIGUO AMOR, ANTES DE ACOSTARSE

TÚ LO SABES, SEÑOR

2.He salido a mi encuentro

ORACIÓN A DIOS PADRE 2

LA ESCALERA

LA OTRA VIDA

3.Poemas a Marisa

A MARISA, RODEADA DE ARCÁNGELES

SÁLVAME

INFINITO Y AMOR

LOS OJOS CLAROS

4.Primer soneto a mi hijo

CANCIÓN A MARISA, ESPERANDO LA MATERNIDAD

PRIMER SONETO A MI HIJO

EL VIAJERO

5.Canción del cogedor de aceitunas y otras poesías sociales

CANCIÓN DEL COGEDOR DE ACEITUNAS

CANCIÓN DEL POZO DEL TÍO RAIMUNDO

ROMANCE DEL CATECISMO DE MI INFANCIA

CANCIONCILLA CON UNA CIERTA ESPERANZA

6.Canción con juventud

CANCIÓN CON JUVENTUD

REFLEXIONES DE UN ANTIGUO ALUMNO DE JESUITAS

VILLANCICO

7.Madrugada de Dios

EL RITO Y LA REGLA

MADRUGADA DEL DESTIERRO

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