LOS DEMÁS 1

LOS DEMÁS 1
LOS DEMÁS 1

Dios–Amor se hizo hombre en Jesucristo

 En todo ser vivo palpita una fuerza de conservación centrípeta que impide la desintegración de los organismos en un cementerio cósmico. Pero vibra en el universo otro movimiento amoroso centrífugo de integración en sistemas complejos. También el ser humano necesita desplegar antenas de sensibilidad hacia la vida que late a su alrededor –sus circunstancias– que potencian o limitan su desarrollo integral, su felicidad.


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COMO YO OS HE AMADO
. Dios-Amor se hizo hombre en Jesucristo, y nos invitó a la solidaridad con el prójimo, hijo de Dios, hermano nuestro. Y no solo nos pide ponernos en el lugar del otro (Mt 7,12), sino incluso imitarle a él, bondadosa criatura que, por amor al hombre y obediencia al Padre, inmoló su vida por nosotros: “Este es el mandamiento mío: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,12).


SI NO AMAS A TU HERMANO, A QUIEN VES...
En este florilegio de Poesía para Meditar, parece conveniente reproducir y valorar el vínculo que establece el apóstol Juan entre el amor a Dios y el amor al semejante: “El que dice: ‘Yo amo a Dios’, y odia a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama a su hermano, a quien ve? Él mismo nos ordenó: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” (1Jn 4,20s).

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CADA SER HUMANO ES SINGULAR. El que ama a Dios, ame también a su hermano... Quien ama al hermano, acaso también esté amando la misteriosa presencia de Dios por los claustros de su corazón. Para el Padre del cielo cada ser humano es singular y está bendecido por su entrañable misericordia. Así lo vivieron santos y creyentes de extraordinaria bondad como Albert Schweitzer que repetía con frecuencia que mientras existiera en el mundo un hombre hambriento, enfermo, solo o atemorizado, él se sentía responsable hacia ese hombre... En el hermoso cuadro que preside esta entrega, Jesús, muy serio, preside la multiplicación de los panes y los peces. Y mientras observa la alegría de los que comparten lo que tienen, se entristece por las necesidades que no son atendidas.

PERO DICES, REPITES: AMAOS

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Acaba de lavar Jesús los pies a los discípulos. Se está despidiendo de ellos y, hablándoles con el corazón, les confidencia su definitiva revelación, su testamento de amor y fe: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos” (Jn 13,34s). Manuel Alonso Alcalde, publicado a dos años de su muerte, imagina, en “Amaos”, a Jesús, su “Cristo cotidiano”, predicando el amor en nuestras calles de prisa y soledad, de indiferencia. “Pero dices, repites: / amaos. Nadie oye.” Se nos concede, al final, un nuevo tiempo de esperanza... Sugerencia:releer el poema deteniéndonos en cada “amaos”, transformándolo en un “ama” muy personal. Pero habremos de poner nombre al destinatario, a los destinatarios, de ese amor, para que sea eficaz...

AMAOS

Se cruzan, nos cruzamos
por las aceras: hombres
grises, que pasan; hombres,
y trajes, y corbatas;
hombres que nunca vuelven
los ojos, que caminan
obstinados, como islas
de soledad y olvido.
¿Dónde el amor? ¿Qué se hizo
(van y vienen, tropiezan,
se adelantan, se cruzan)
de tu palabra: amaos
los unos a los otros?
(Desterrados, distantes,
pasan, se encuentran, siguen;
sombras entre la niebla.)
Pero dices, repites:
amaos. Nadie oye.
(Hostiles, sin sonrisa,
esperanza ni rostro.)
Amaos. (Hombres grises,
solitarios, perdidos
en su íntimo secreto.)
¿Y el amor, Cristo nuestro?
¿Dónde, dónde, en qué tierra,
en qué sorda pizarra,
sobre qué pedregales
fue a caer su simiente?
(Pasan, pero no miran;
se cruzan; mueren solos
sin haberse mirado.)
Amaos. (Por las calles,
ropa con ropa, casi
mirada con mirada:
tan cercanos, tan próximos,
y en el fondo, qué lejos
entre sí, qué remotos.)
Y tú, otra vez: amaos.
(Apresurados, ciegos,
avanzan, pasan, huyen,
se alejan para siempre,
sin haber pronunciado
jamás hermano o prójimo.)
Y tú insistes: amaos.
Nos dejas, nos concedes
esa última esperanza.

Y TODO PORQUE TIENE A DIARIO A QUIÉN AMAR

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Es fácil descubrir en estos versos cierto aire de homenaje; como en el Salmo 112, que así comienza: “Feliz el hombre que teme al Señor, / que encuentra en sus mandatos su contento...” Hay en la poesía de Carmelo Guillén Acosta unción de salmo, de salmo luminoso y alegre. “Es lo que siempre he querido de la poesía –declara en una entrevista–: que me proporcione una chispa de luz. ¡No me convence lo que no transmite ganas de vivir, por muy correcta que esté escrita!, pues si entiendo la poesía como un acto de amor, es lógico que, con mis palabras, no me agrade apesadumbrar a nadie.” Su estilo es desenfadado y coloquial, con algún chispazo de ingenio y naturalidad. Sugerencia:el último verso “y todo porque tiene a diario a quién amar” es tierno y provocador. Me pregunto: ¿a quién amo yo?, ¿quién me ama a mí? Lo hablo con Dios, que sí que me quiere...

NADIE COMO EL QUE AMA...

Nadie como el que ama entiende tanto el mundo
ni a nadie como a él se le abren más puertas
tan clara es su mirada como de estar atento
pues lo que ven sus ojos es amor y él lo anuncia
amor ése es su sino y por eso convence.

Nadie como el que ama gusta tanto en el mundo
conforme se levanta se ducha se perfuma
y al día se le ve marcharse alegre mente
qué gozo quien lo encuentra pues lo tiene de amigo
y así cualquiera puede aguantar lo que venga

Y nadie como él sabe estar en el mundo
que llega a su trabajo y dice buenos días
se remanga los puños y atiende a sus colegas
y como cualquier otro es igual de importante
y se rasca la oreja y se retira al baño

Nadie como el que ama puede tanto en el mundo
le es fiel a su amor y si ama otras cosas
si ama a quien lo encuentra es porque está seguro
de que lo suyo es suerte y se ve que no humilla
se ve que tiene el don de estar siempre aprendiendo

Nadie como el que ama mejora tanto el mundo
ni nadie como él nos hace tanta falta
tan fácil es querer a quien nos quiere bien
que luego ya se sabe produce sus afectos
y claro son de amor las obras que se siguen

Y nadie como él es tan libre en el mundo
que vuelve al fin a casa tan libre cada día
tras cada día de amor de como el que no quiere
regresa y es su casa lugar apetecido
y todo porque tiene a diario a quien amar

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POESÍA PARA MEDITAR
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9. LOS DEMÁS
1. Dios-Amor se hizo hombre en Jesucristo
AMAOS, de Manuel Alonso Alcalde
NADIE COMO EL QUE AMA, de Carmelo Guillén Acosta
2. Cuando nace un hombre
CUANDO NACE UN HOMBRE, de Ángela Figuera
LA LLAMADA, de Gerardo Diego
YO NO TENGO QUE IR A THAILANDIA, de Gloria Fuertes
3. Que te pasa lo que a Dios
AUTOBIO, de Gloria Fuertes
FIESTA DE VIVIR, de José María Fernández Nieto
HE CEDIDO MIS OJOS, de Torcuato Luca de Tena
y4. Pon al viento a volar tu corazón
LOS QUE NO DANZAN, de Gabriela Mistral
LA REPERCUSIÓN, de Leopoldo de Luis
HAZ DE MÍ UN INSTRUM. DE TU PAZ, atrib. a Fco. de Asís

10. ESTE DOLOR
1. Donde hay dolor hay terreno sagrado
ESTE DOLOR, de María Luisa Mora
LA VISITA DEL MAL, de Antonio Colinas
2. Pájaros desatados son las lágrimas
AY, SI NO FUERA POR…, de Pilar Paz Pasamar
ESTABA DIOS AQUÍ, de Francisco Garfias
UN BIEN, de Claudio Rodríguez
y3. Une al gran coro de los mundos tu voz
PECAR, de Amado Nervo
APRESURA, SEÑOR, TIENDE TU MANO, de Torcuato Luca de Tena
ÚLTIMA VOLUNTAD, de Enrique García Márquez

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