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Cristo tiene el rostro negro, también

Despedida a Emmanuel

Emmanuel partió de Ghana con 16 años, llegó a España en 2003 y eligió Euskadi para vivir sus últimos años

Emmanuel acabó siendo “adoptado” por el monje benedicitino P. Emiliano y la Comunidad de Estíbaliz

Quienes conocieron a Emmanuel destacan su actitud ante el dolor y su generosidad aun en los momentos más difíciles de su vida

Despedida de Emmanuel | Vicente Luis (Txenti) Garcia Corres

Unos días antes de asistir a su cremación y despedida no sabía nada de Emmanuel. Acudí porque el P. Emiliano, monje benedictino, me lo pidió. Cuando me lo pidió yo desconocía que asistiría a la despedida de “su hijo adoptivo”. Pero eso es solo uno de los muchos detalles de la historia de Emmanuel. 

En la capilla del Tanatorio de Albia en Vitoria-Gasteiz nos encontramos para rendir homenaje a la misma persona unas 30 personas, la mayoría no nos conocíamos entre nosotros. 

20260119_170142 | Vicente Luis (Txenti) Garcia Corres

Había compañeros de la empresa RAEP, Centro Especial de Empleo para la inclusión de las personas con Enfermedad Mental. Había representantes de la comunidad africana. Había cargos públicos que habían conocido a Emmanuel durante su tutela institucional. 

Emmanuel, natural de Ghana, dejó su país para poder ayudar a su madre enferma. Me recuerda mucho la historia que se cuenta en la película de “La Historia de Souleyman”, que casualmente había estado viendo cinco días antes. 

Emmanuel hizo el trayecto desde Ghana hasta Marruecos a pie, incluyendo una travesía por el desierto de 14 meses. 

Enseguida comparto el relato biográfico que se leyó en su despedida. Pero antes quiero recordar algunos detalles de la ceremonia de su despedida: 

Me impactó el dolor de un padre, el padre Emiliano. Emiliano es un monje benedictino que ha pasado “toda su vida” ligado al Santuario de Estíbaliz, patrona de las Tierras de Álava y de la Diócesis de Vitoria. Emiliano se enamoró, como se enamora un padre de sus hijos y tomó una decisión que le dió a Emmanuel una familia más grande. Una decisión ratificada y acompañada por la comunidad que, desde ese espíritu de acogida que caracteriza a los monjes, entendieron, como el P. Emiliano, la necesidad de esa adopción afectiva que precisaba Emmanuel en esos momentos. 

Me llamó la atención una mujer africana que en la cremación le dijo varias veces en inglés, “descansa en paz” (rest in peace); A lo largo de la ceremonia fui entendiendo más ese deseo repetido de esta mujer. Emmanuel sufrió mucho, mucho, por su enfermedad, por las circunstancias de la vida, sufrió pero también fue un testimonio en su sufrimiento para los demás, por eso merecía doblemente el descanso. 

En uno de los momentos de la celebración el P. Emiliano, hizo referencia a este sufrimiento de Emmanuel, y a su actitud generosa en las situaciones más duras. 

Otro sacerdote presente en la ceremonia, un sacerdote camerunés, el P. Cyprien Melibi, en sus palabras lo calificó de “héroe” para el pueblo africano, y de “santo” sin necesidad de proceso de santidad. Cyprian hizo una defensa del pueblo africano y una reivindicación de los abusos que a lo largo de la historia se han cometido, y se siguen cometiendo, con África. 

No dispongo de ninguna imagen de Emmanuel, cuyo nombre recuerdo significa “Dios con nosotros”; y expresamente no la he solicitado porque me parece que es mejor que cada uno de los que lean estas líneas ponga el rostro negro de Cristo que más cerca tenga, porque Cristo, para mi también tiene el rostro negro. 

Con el permiso de la familia comparto el vídeo realizado del acto de despedida de Emmanuel

Les comparto la biografía de Emmanuel 

Emmanuel Kwaku Jhonson nació en Ghana. 

Por lo que contaba fue un chaval desenvuelto y creativo. Desde los diez años ya se movía con la moto por los pueblos de alrededor arreglando bicicletas y otros cacharros y estableciendo relaciones con otros chicos de su edad.

Fiel a su identidad africana la abuela era su refugio y su fuerza; la madre punto de apoyo; y el abuelo y el padre los centinelas que le veían libre. Entre todos iban modelando una personalidad dinámica y muy responsable.

Cuando tenía 15 años formó un grupo de seis amigos de otros pueblos y se organizaron para emprender rumbo a Europa. Pensaron que era mejor idea hacer la travesía por el desierto hacia Túnez que buscar directamente la salida hacia el mar. 

Así un día los seis emprendieron el camino. De los seis dos se regresaron al poco tiempo, otros dos murieron por el camino y solo Emmanuel y uno de sus amigos alcanzaron el objetivo. La travesía por el desierto duró 14 meses. Al llegar a Túnez las cosas pintaban mal y tras pisar Senegal para tomar contacto con la familia pusieron rumbo a Marruecos donde encontraron un kaiuko que les llevaría hasta las costas españolas. 

Emmanuel y su compañero llegaron a Madrid en 2003 y allí separaron sus caminos. 

A pesar de las muchas dificultades a Emmanuel le fueron bien las cosas en Madrid entre el 2003 y el 2008. La ilusión de haber llegado, un trabajo bien pagado con muchas horas extra y la esperanza de volver a casa pues el dinero llegaba y el futuro le sonreía. Aún Emmanuel no sabía que había traído en su viaje a su peor enemigo, enfermedades que se irían manifestando con el tiempo. 

La crisis del 2008 desbarató el panorama económico de mucha gente y especialmente de los migrantes que trabajaban en la construcción. 

Para colmo de males, además de la falta de trabajo alguien logró hacerle desaparecer todos sus ahorros del banco. Así es como Emmanuel se vió forzado a seguir vagando por el mundo y así es como acabó llegando hasta el Santuario de Estíbaliz. Así es como le conoció por primera vez el P. Emiliano, quien, como en su vida ha hecho con muchos, le acogió. Durante un tiempo estuvo viviendo en Estíbaliz con el apoyo de la comunidad benedictina. 

Cuando marchó de Estíbaliz el P. Emiliano se quedó con la pena de no haberle atendido más y mejor, y ya el P. Emiliano había detectado que la enfermedad que estuvo a punto de llevárselo poco después estaba despuntando y no habían podido ponerle en manos de los médicos. 

Años más tarde regresaría a Estíbaliz, año 2012. Entonces el P. Emiliano pudo darle la atención que precisaba Emmanuel mientras estuvo con ellos. Pero nuevamente tenía que volver a la vida, a la calle. Ahora con trabajos agotadores y mal pagados, alojamiento indecente y la picaresca de otros que se cebaron en él. Volvieron a robarle el dinero y los papeles. Volvió a ser ilegal y sin papeles. 

La enfermedad seguía su curso y en 2016 se agravó y buscó nuevamente refugio en Estíbaliz. La comunidad lo volvió a acoger y facilitarle un techo, un plato de comida, padrón, asistencia médica. Eso le permitió recuperarse y volver a intentar hacer vida independiente en Vitoria-Gasteiz. Pero las condiciones no le fueron favorables y regresó a Estíbaliz en 2018 donde estuvo viviendo hasta que en el 2022 la comunidad dejó de ocuparse del santuario tras cien años de presencia benedictina. 

En el 2020 fue hospitalizado pero la medicación acabó resultando siniestra. Fue entonces cuando entró en contacto con RAEP, Centro Especial de Empleo para la inclusión de las personas con Enfermedad Mental, que ha sido su apoyo hasta su muerte. 

Cristianos de primera generación los padres de Emmanuel lo educaron en la fe. Su madre de manera particular le inculcó el gusto por la lectura de La Palabra de Dios y una vida austera. En Estíbaliz encontró un cristianismo de acogida y de devoción a la Santísima Virgen en la advocación de Ntra. Sra. de Estíbaliz. También sentía veneración por el crucifijo, en particular por uno que muestra un Cristo de ébano. De los robos sufridos siempre lamentó la pérdida de su biblia en Akan, la lengua nativa de su país. 

Emmanuel estuvo acogido durante un tiempo en una familia y soñó con la posibilidad de ser adoptado por ella. El P. Emiliano, conocedor de ese deseo y de la negativa de la familia a realizar ese trámite optó por proponer a la comunidad una acogida más especial, y así fue como Emmanuel se convirtió en “el hijo” del P. Emiliano. 

Emmanuel, a pesar de ser una persona poco conocida y esquivo de una vida social, sin embargo en las personas que le conocieron dejó una profunda huella, y eso quedó patente en la despedida que le hicieron el 19 de enero de 2026. 

La familia de Emmanuel mantiene contacto con las instituciones que le han tutelado y con la comunidad benedictina, trasladada ahora a Lazkao. 

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