Don Pablo y Mari Pepa, 65 años haciendo comunidad en la parroquia de Santiago de Amara Zaharra
Solo Dios tendrá la última palabra
La parroquia de Santiago en San Sebastián es un referente para la diócesis vasca y un motivo de agradecimiento para sus feligreses
Como es lógico cada 25 de julio la festividad de Santiago Apóstol tiene un sabor especial en aquellas parroquias que lo tienen de titular. Pero este año la parroquia de Santiago del barrio de Amara Viejo en san Sebastián ha celebrado la fiesta de su patrón con muchos más motivos celebrativos:
En primer lugar celebran los 65 años de puesta en marcha de la parroquia. El primer obispo de San Sebastián, monseñor Jaime Font y Andreu, encargó a Don Pablo García Azpillaga “buscarse la vida en una barriada marginal” en la que la Diócesis quería que hubiese una parroquia, quizá para repartir a la feligresía de la demarcación correspondiente a la iglesia catedral del Buen Pastor. Así es como Don Pablo encontró en un viejo lavadero el espacio que podría reconvertirse en templo parroquial. Desde los primeros momentos encontró en Mari Pepa una colaboradora fiel para ir haciendo comunidad.
Por aquel entonces era el barrio de “las putas y los comunistas”, la droga y “la mala gente”, y con esa feligresía Don Pablo comenzó a caminar. El proyecto Mundo Nuevo que se trajo de Madrid acabó siendo el programa ideal para mover a la juventud del barrio y para ir construyendo koinonía.
Pero a los 65 años de la parroquia hay que sumar la celebración de los 99 que ya tiene Don Pablo. Y aunque mantiene su actividad pastoral, y hace años que la parroquia se autogestiona con la impagable labor de Mari Pepa y del resto de miembros comprometidos de la comunidad, todos son conscientes de que a estas alturas solo Dios tiene la última palabra.
Desde la creación de la parroquia en 1961 ninguno de los obispos de San Sebastián ha relevado a Don Pablo de su misión como párroco de Santiago. Don Pablo, y el tándem con Mari Pepa, los ha convertido en un valor seguro, en una garantía de comunidad.
Es una parroquia que se adelantó a los postulados del Papa Francisco, una Iglesia sinodal, con corresponsabilidad de los laicos, con protagonismo de la mujer, un hospital de campaña, no solo para los peregrinos de la Ruta Jacobea, sino, y he sido testigo, para todo aquel que sufre o padece alguna situación que ha marcado su vida.
La parroquia de Santiago es una parroquia plenamente postconciliar, en la que se aplicaban los criterios que hoy se mantienen antes de que fueran escritos en los documentos del Concilio Vaticano II. Pero, más diría, es una parroquia que se adelantó a los postulados del Papa Francisco, una Iglesia sinodal, con corresponsabilidad de los laicos, con protagonismo de la mujer, un hospital de campaña, no solo para los peregrinos de la Ruta Jacobea, sino, y he sido testigo, para todo aquel que sufre o padece alguna situación que ha marcado su vida.
El Día de Santiago la parroquia estaba llena a rebosar. No es muy grande pero el aforo de las 150/160 personas que pueda tener estaba cubierto. Todos, de todas las edades, participaban en los cantos, en las lecturas, en las preces, y en esa tradicional oración de la postcomunión que yo recuerdo de mis padres.
Los ministros de la eucaristía han sido educados para distribuir la comunión diciendo: “recibe el cuerpo de Cristo” ( Kristoren gorputza jasotzen du) y añadir el nombre de la persona que lo recibe si se sabe. Detalles como este dan una fuerza increíble a la comunidad.
En el video podrán escuchar la entrevista a Mari Pepa y Don Pablo, y también unas palabras del Arcipreste Don Antonio y de uno de los feligreses, Oscar Terol.
Tras la misa una kalegira sencilla y a la tarde unos txontxonguillos para pequeños y mayores. Esta parroquia siempre ha sabido invertir en la Fiesta, la fiesta del Señor.
Non solum sed etiam
No es frecuente la larga permanencia de un sacerdote al frente de la misma parroquia. De hecho los casos más destacados que he encontrado son tan solo dos, uno en Asturias y otro en Cataluña, aunque seguramente habrá más y sería bonito que otras diócesis recogieran esos datos y los dieran a conocer en algún momento.
El sacerdote Álvaro Fernández, párroco de Santiago de Abres (Asturias), estuvo al frente de sus parroquias desde 1920 hasta su fallecimiento en 1988, es decir, unos 68 años como titular de las mismas parroquias. Además, murió con 107 años y en su momento fue considerado el sacerdote en ejercicio más anciano del mundo.
En Barcelona, Valentí Balaguer llevaba en 2022 más de 60 años en la parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados de L'Hospitalet: llegó como vicario en 1961 y era su párroco desde 1969. Se jubiló con 90 años.
Por lo tanto, y a falta de más datos, Don Pablo hoy sería el párroco con la segunda trayectoria más larga al frente de la misma parroquia en España. Larga vida a Don Pablo y Mari Pepa, pero sobre todo larga vida a esa hermosa comunidad. Quizá las instituciones públicas y religiosas podrían ir levantando un nuevo templo para esta comunidad, más amplio, con los locales necesarios para que la historia de la parroquia de Santiago de Amara Viejo y el proyecto Mundo Nuevo la sigan escribiendo sus verdaderos protagonistas, toda la comunidad.