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Críticos

"Usar la cátedra para atacar a un hermano es, no solo indigno, sino contrario a las enseñanzas de Jesucristo resucitado, y si este mitrado es franciscano afrenta al propio san Francisco y a su orden"

Jesús Sanz

No solo asistimos a la proliferación de terra-planistas, a la negación de la ciencia, al riesgo de los hijos de antivacunas, sino que además a los católicos, a los que en este mundo no nos es fácil ser coherentes, tenemos que añadir los ataques internos y el desprestigio externo provocado por los que llamándose cristianos, cuesta creer que lo sean.

Obedecemos a Dios Uno y Trino que sigue hablando por medio de su Palabra; seguimos a la Iglesia representada por Su Santidad el Papa; a los cardenales y obispos que el Papa nombra. Así es por sucesión apostólica. Utilizar el birrete rojo o morado para atacar al sucesor de Pedro, hoy León XIV, es contrario a esa sucesión y por tanto deslegitimiza directamente a quien lo hace

El Papa y los cuervos

Usar la cátedra para atacar a un hermano es, no solo indigno, sino contrario a las enseñanzas de Jesucristo resucitado, y si este mitrado es franciscano afrenta al propio san Francisco y a su orden. Estos hermanos airados invocan reiteradamente como fuente de legitimidad y cordura a Benedicto XVI, quién como hizo en más de una ocasión, aconsejaría imperativamente a este hermano desquiciado el retiro a la paz del monasterio de clausura para la continua oración penitente y así ayudarle a reencontrar su fe perdida. 

A lo largo de su historia en la Iglesia, nacieron “nuevas realidades”, alguna de ellas fueron y son órdenes religiosas muy valiosas para la Iglesia y el pueblo de Dios, pero otras con el tiempo se mostraron heréticas, meros instrumentos al servicio de una persona o una ideología perniciosa por lo que tuvieron que ser extirpados. Nunca fue fácil, tampoco ahora lo va a ser. Sodalicio, El Yunque, y muchas (demasiadas) otras “realidades” internas claramente desviadas, deben desenmascararse y combatirse, es diabólico que se use el nombre de la Santa Iglesia para justificar sus tropelías políticas alejadas de postulados evangélicos.  

Casi todas estas realidades nacieron con un fin laudable, pero con el tiempo fueron radicalizándose, perdiendo aquel espíritu reformador, misionero, carismático o místico, para pasar a ser una secta dañina sin paliativos, una herejía muy difícil de reconducir. La fe es una gracia de Dios, no de ningún hombre o mujer, esa es precisamente su grandeza.

Justamente cuando avanzamos, en nuestro caso (y desde el principio) bajo la guía indiscutida de Su Santidad el Papa León XIV, para lograr la anhelada unidad de todos los cristianos del mundo, hay quien no buscando esa unidad querida por nuestro Señor Jesucristo, ni los beneficios para todo su pueblo que ello conllevaría, trabajan por lograr sus objetivos personales, humanos y terrestres muy alejados de la fe cristiana, por tanto malignos, atacando sin piedad a la Iglesia Católica en la persona del Papa para debilitarla, dividirla y controlarla. Ellos son los interpretes de Dios no la Iglesia, es más: son dios. 

Guardianes de la fe

No son los guardianes de la fe, no están imbuidos de profetismo, no son los nuevos Benito, Domingo, Alberto, Tomás, Francisco, Ignacio. No, en el caso de los eclesiásticos, desgraciadamente solo son unos hombres mayores que intentan retener un poder o prestigio del que jamás gozaron; ni Jesucristo reclamo para sí mismo. En el caso de los laicos, es bastante más simple, únicamente buscan alcanzar gloria y poder sin importarles los métodos, bajo la capa religiosa que sea, sin interesarles más que su placer. Por supuesto Dios y su Reino no les importan lo más mínimo. Dios decidirá si ellos y nosotros merecemos su misericordia o no, pues el que este libre de pecado que lance la primera piedra.

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