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Cuaresma 2026 en un monasterio benedictino: Tiempo privilegiado para la conversión

La expectación de la alegría pascual: he aquí la clave sin la cual la Cuaresma no tiene sentido para el cristiano, consagrado o laico

El monje autor de esta reflexión

La vida monástica contemplativa, aunque pueda parecer para muchos algo esotérico y misterioso, no es algo fundamentalmente distinto de la vida cristiana de cualquier bautizado. Es ciertamente una vocación específica con unos compromisos que van más allá de lo que se pide ordinariamente a los laicos, pero estas exigencias tienen como objetivo el desarrollo pleno de la gracia bautismal, llegando así a esa perfección cristiana a la que está llamado todo el Pueblo de Dios. 

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para la conversión. Jesús llama siempre a este cambio de rumbo en nuestra vida: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Sin embargo, es difícil para la gran mayoría vivir constantemente y con intensidad esta invitación, que para los primeros padres del monacato primitivo se traducía a menudo en mortificaciones extremas, fuera del alcance del común de los mortales.

Monje benedictino

San Benito conocía y admiraba a estos monjes heroicos, pero prefirió tener comprensión hacia la debilidad de la mayoría de los hombres. En el capítulo de su Regla dedicado a la Cuaresma declara que, a falta de la virtud de seguir siempre una observancia cuaresmal, los monjes deben procurar vivir durante este tiempo «con la mayor pureza de vida» (RB 49,2), para compensar las flaquezas del resto del año. 

No se trata de sufrir por el simple deseo negativo de castigar la naturaleza humana, sino de poner todo el empeño en llevar una vida pura, íntegra

Es decir, no se trata de sufrir por el simple deseo negativo de castigar la naturaleza humana, sino de poner todo el empeño en llevar una vida pura, íntegra. Pues hay en nosotros manchas, vicios que nos impiden practicar las virtudes: el objetivo es eliminarlas para lograr un amor puro. Ese es el sentido de la mortificación: no se dirige contra el hombre físico, sino contra el principio del mal.

En este proceso serán necesarias algunas privaciones, ya sea de comida, sueño, conversación o bromas, como indica San Benito (RB 49, 7). Hoy en día en nuestro monasterio, algunas de estas prácticas, como un moderado ayuno diario (excepto los domingos) o la ausencia de paseos comunitarios, son obligatorias para todos los monjes. Pero el verdadero peso está en las prácticas positivas de virtud, entre las cuales el santo cita la oración con lágrimas, la lectura espiritual y la compunción de corazón.

Monje benedictino en su monasterio

Y San Benito pone el énfasis en lo que cada monje decide imponerse libre y espontáneamente «en la alegría del Espíritu Santo» y esperando la Pascua «con alegría espiritual» (RB 49, 6-7). La expectación de la alegría pascual: he aquí la clave sin la cual la Cuaresma no tiene sentido para el cristiano, consagrado o laico. Desde el claustro invitamos a todos los lectores a trabajar con ahínco durante esta preparación cuaresmal en llevar una vida digna de la vocación bautismal a la que hemos sido llamados, para que podamos celebrar y vivir con plenitud el misterio de la Pascua de Resurrección, de modo que sea un verdadero anticipo de la gloria que se manifestará en el último día. Amén.

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