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Que acabe ya la guerra

¿Cuándo dejaremos de llamarlas "guerras" y empezaremos a llamarlas "negocios"?

Un filósofo, una historiadora, un analista geopolítico y una cristiana de base dialogan sobre lo que realmente esconde el ruido de los misiles

Guerra | 5

Marzo de 2026. En una terraza de la hermosa ciudad de Salamanca, mientras los telediarios muestran explosiones en Irán y escombros en Gaza, cuatro personas conversan. No se conocen de nada. Les han sentado juntas para intentar entender qué demonios está pasando en el mundo.

El filósofo: las preguntas que nadie quiere hacer

Javier tiene 60 años, ha leído casi todo sobre las últimas guerras y ya no le impresionan los discursos oficiales. Bebe despacio y lanza la primera cuestión:

— ¿Alguien puede explicarme qué tienen en común Ucrania, Gaza, Venezuela e Irán? Porque si miramos las banderas, son guerras distintas. Pero si miramos por debajo de la mesa...

Hace una pausa.

—Llevo años preguntándome si las guerras, mayormente del siglo XXI, sirven para algo. Los antiguos creían que podían ser justas. Los modernos pensaban que eran la continuación de la política. Pero hoy... Hoy tenemos dos millones de bajas en Ucrania para mover el frente unos kilómetros [cita algunos datos]. Tenemos Gaza arrasada y Hamás sigue ahí. Tenemos amenazas contra Irán mientras el petróleo sube. La pregunta filosófica es: si la guerra ya no sirve para ganar, sino solo para destruir, ¿cómo seguimos llamándola "guerra"? ¿No deberíamos llamarla simplemente "matanza industrial"?

Señala el móvil sobre la mesa.

—Todo esto que usamos, los minerales, las baterías, los misiles que caen sobre civiles... ¿Alguien cree que las guerras son por ideas? No. Las ideas son el envoltorio. El contenido es otro.

Cuatro sillas

La historiadora: los números que duelen

Carmen tiene libreta y memoria de archivo. Es periodista. Lleva años documentando conflictos y ya casi no necesita apuntes.

—Javier tiene razón con sus preguntas. Vayamos por partes. Abre su libreta:

Ucrania: cuatro años de guerra. Entre 300.000 y 400.000 soldados rusos muertos. Ucrania reconoce 55.000, pero las estimaciones reales doblan esa cifra. El año 2025 fue el más sangriento para Rusia, con más de 90.000 muertos solo en doce meses. El frente apenas se ha movido [unos km² ].

Gaza: las cifras oficiales superan los 45.000 muertos, pero con los desaparecidos bajo los escombros se acerca a 72.000. El 70% de las viviendas destruidas. 48.000 niños han recibido material escolar por primera vez en dos años. Esa es la medida del horror: toda una generación ha crecido sin escuelas [aporta unos números].

Venezuela: no es una guerra caliente, pero es una guerra. Sanciones, bloqueos, 7,7 millones de personas han huido. Y debajo, petróleo. Las mayores reservas del planeta.

Irán: ahora mismo, cayendo misiles. ¿El detonante? El estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. El día antes del ataque, el Pentágono pidió a las mineras suministro de 13 minerales esenciales. Casualidad, seguro.

Cierra la libreta.

—La pregunta del filósofo es pertinente: con estas cifras, ¿alguien puede decir que estas guerras son por la libertad o la democracia?

El analista geopolítico: desnudando el cadáver

Ahmed trabaja para un think tank europeo. No se anda con rodeos.

—Carmen acaba de dar la respuesta sin querer. El día antes del ataque a Irán, el Pentágono pide minerales. Eso no es una conspiración, es un documento público.

Se inclina hacia adelante:

—Voy a ser directo. Estas guerras no son por justicia, son por recursos. Punto.

Ucrania: tiene las segundas mayores reservas de titanio de Europa, manganeso, litio. Antes de la guerra, el 12% de las tierras raras que iban de Asia a Europa pasaban por allí [da una serie de datos]. En abril de 2025, EE.UU. y Ucrania firmaron un acuerdo para crear un fondo de inversión conjunta que da a las empresas americanas acceso preferente a esos minerales a cambio de apoyo militar. ¿Casualidad? No.

Titanio de Ucrania

Gaza: no tiene grandes minerales, pero tiene gas. Las reservas del Mediterráneo oriental son enormes. Y Gaza está en medio. La guerra no es solo por Hamás, es por quién controla esa energía.

Venezuela: la mayor reserva de petróleo del mundo. Las sanciones buscan forzar un cambio de gobierno que abra ese petróleo al mercado occidental.

Irán: cuartas reservas de petróleo, segundas de gas. El estrecho de Ormuz. Y además, esta misma semana, el Consejo de Seguridad de la ONU celebra una reunión sobre "energía, minerales críticos y seguridad". El gobierno de EE.UU. lo dice abiertamente: "garantizar que los suministros energéticos del Golfo no caigan en manos del enemigo".

Bebe un trago.

—La competencia por minerales críticos se ha intensificado. China refina el 90% de las tierras raras y entre el 60 y 70% del litio y cobalto mundial. EE.UU. intenta romper esa dependencia. Y para eso, necesita controlar las fuentes. A veces con acuerdos, a veces con misiles.

—El problema es que los recursos están en sitios complicados: Congo, Myanmar, Ucrania, Oriente Medio. Y cuando los quieres controlar, generas conflicto. La "diplomacia de los minerales" se ha convertido en el nuevo campo de batalla.

Una cristiana de base: la voz incómoda

Ana es teóloga, creyente, practicante, y sigue la actualidad. Ha escuchado en silencio. Ahora habla:

—Yo vengo de una tradición que lleva 2.000 años diciendo algo incómodo: "Mi reino no es de este mundo". Esa frase de Jesús ante Pilatos siempre me ha parecido la clave.

—Porque Pilatos representa el Imperio. Roma controlaba los recursos, imponía su orden, mataba si hacía falta. Jesús le dice: yo no compito en tu terreno. Mi poder no se basa en conquistar territorios ni controlar el trigo de Egipto.

—Y hoy, 2.000 años después, los imperios siguen haciendo lo mismo. Cambian las banderas, pero el mecanismo es idéntico: controlar los recursos, dominar las rutas, eliminar al que se resiste.

Hace una pausa.

—Yo he oído a mi gobierno, el de Coalición en España, decir "no" a participar en esta guerra contra Irán. Ha prohibido usar las bases de Rota y Morón. La vicepresidenta dijo: "No seremos vasallos de nadie". Y la mayoría de españoles lo apoya.

sacrílegos | Forges

—Pero eso no me consuela del todo. Porque decir "no" a una guerra ilegal e inmoral como estas, está bien, pero la pregunta de fondo es otra: ¿cómo salimos de esta lógica diabólica? ¿Cómo construimos un orden donde los recursos no los consigan los plutócratas inmorales con misiles?

El filósofo la interrumpe suavemente:

—Esa es mi pregunta de antes. ¿Hay salida?

Miguel sonríe.

—El Evangelio dice: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da" [Juan 14,27]. La paz del mundo es la que hemos visto: treguas para rearmarse, acuerdos sobre cadáveres, misiles que "protegen" el petróleo. La otra paz es distinta. No depende de ejércitos ni de fronteras.

— ¿Que si es posible? No lo sé. Pero sí sé que mientras sigamos aceptando que las guerras son por petróleo y minerales, mientras llamemos "intereses nacionales" a lo que es simple expolio, mientras la ciudadanía miremos para otro lado... la paz del mundo seguirá siendo la única que conocemos.

Epílogo: la mesa sigue

El camarero retira las copas. Fuera, la ciudad sigue su curso. En las pantallas, las bombas siguen cayendo.

El filósofo deja una última pregunta en el aire:

Si todo esto es por recursos, si Ucrania es por titanio, Gaza por gas, Venezuela por petróleo, Irán por petróleo y minerales... ¿cuándo dejaremos de llamarlas "guerras" y empezaremos a llamarlas "negocios"? ¡La antigua y nueva usura de la inmoralidad! 

Nadie responde. La noche sigue.

Pero la pregunta queda ahí, flotando, esperando que alguien, en algún lugar, se atreva a responderla de verdad.

Negocio

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