"Es ignorar y manipular lo que realmente el fraile Prevost vivió y practicó como religioso, sacerdote y obispo"
"Fray Prevost nunca negó, al contrario, su experiencia de fe y celo, dedicación y fidelidad, comunión y responsabilidad por el rumbo de la Iglesia en el continente latinoamericano"
Desde el Concilio Vaticano II y en comunión con la Iglesia del continente latinoamericano y caribeño, la Orden de San Agustín (OSA) ha llevado a cabo de manera responsable su labor pastoral de evangelización.
Esta labor evangelizadora siempre ha sido una realidad en los diversos ámbitos de evangelización que la OSA asume, es decir, en el ámbito de la educación en los colegios, en las pastorales que lleva a cabo en las distintas diócesis donde siempre ha tenido parroquias, en las casas de formación de la Orden en las diversas circunscripciones agustinas, en la labor misionera en zonas fronterizas, en diversas actividades en las universidades, en comisiones que trabajan en el ámbito de la justicia y la paz, así como en la recuperación de la historia de la Orden en el continente.
Para esta labor, la OSA, a nivel continental, cuenta con una organización denominada OALA (Organización Agustiniana Latinoamericana), que busca coordinar e impulsar las actividades en estas diversas áreas. Otra iniciativa que se puso en marcha, para seguir fomentando y apoyando una renovación de las actividades de la OSA en el continente, surgió por iniciativa de la Curia General durante varios años (Proyecto Hipona – corazón nuevo).
Para la labor de coordinación de la OALA se organizan cursos, congresos, asambleas, etc. La junta directiva se renueva cada cuatro años.
Hay una constatación que no se puede negar, a saber, que las labores de evangelización están siempre en estrecha comunión con las decisiones de la Iglesia en el continente. Las resoluciones de las Conferencias Episcopales de América Latina y de los Sínodos se tienen en cuenta con gran dedicación y responsabilidad. En este sentido, el proceso evangelizador tiene en cuenta los Documentos de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida. Además de otros documentos del CELAM y, por ejemplo, del Sínodo para la Amazonía. Además de los documentos (cartas, encíclicas, exhortaciones) de la Iglesia. Sin olvidar las enseñanzas de cada Iglesia local.
Esta dedicación ha llevado a la OSA a estar siempre al día en la evangelización, en cada lugar donde está presente. Lo que significa vivir en sintonía con las decisiones y opciones de la Iglesia en el continente —una realidad que la lleva a asumir: la opción por los pobres; la inculturación en la pastoral a través del diálogo con las diversas culturas y religiones; el trabajo misionero con diversos pueblos indígenas; la presencia en las favelas y regiones periféricas; la defensa de los derechos de los pueblos oprimidos y marginados, etc... Una labor evangelizadora que no siempre es bien comprendida ni aceptada por los sectores poderosos y explotadores de los países del continente.
Por eso, cuando algún fraile es perseguido, discriminado, criticado... en su labor de evangelización, suele tener que ver con el desacuerdo de sectores que no están de acuerdo con la línea de evangelización que la OSA implementa a la luz de las decisiones de la Iglesia. La profecía, por ejemplo, junto a los más pobres y excluidos, incomoda a la élite o a los conservadores y fundamentalistas de la Iglesia y de la sociedad. ¡El Evangelio incomoda y es escándalo!
En este sentido, cuando en una red social (LifeSteNews) se publican fotos o comentarios sobre fray Robert Prevost, hoy Papa León, con el fin de criticar, calumniar o desacreditar la labor que este realizó como formador, como General de la OSA, como obispo en Perú, como religioso que participaba en eventos como, por ejemplo, los de la OALA, etc., e incluso acusándolo de herejía, es sencillamente inadmisible.
Es ignorar y manipular lo que realmente el fraile Prevost vivió y practicó como religioso, sacerdote y obispo; solo quien pudo participar en los eventos puede pronunciarse de manera adecuada, responsable y justa. El resto es pura persecución y maldad humana. Una difusión nada criteriosa ni fundamentada. Fray Prevost nunca negó, al contrario, su experiencia de fe y celo, dedicación y fidelidad, comunión y responsabilidad por el rumbo de la Iglesia en el continente latinoamericano.