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El imperio de la mentira: expresión histórica del antireino

"Se hace necesaria una Iglesia que realmente viva su pascua del reino de Dios y así preservar la vida de los más pobres y la casa común en todos sus niveles. El camino lo trazó hace 46 años el obispo mártir monseñor Romero"

Deforestación en el parque El Espino de El Salvador | RRSS

En el texto neotestamentario del evangelio de Juan, el señor Jesús afirmaba que “la verdad nos hará libres” (Cfr. Jn 8,32). En esta perspectiva el sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría, en su obra “Filosofía para qué”, sostiene que “el dicho evangélico de que la verdad los hará libres tiene singular aplicación a la filosofía: es la búsqueda y el anuncio de la verdad frente a lo que la impide, lo que traerá a los hombres y a los pueblos la libertad. Una verdad operativa, pero una verdad. Es cierto que nuestros pueblos necesitan de transformación, pero de una transformación llena de verdad; de lo contrario, no vamos a la liberación del hombre, sino a su alienación”. Ahora podemos decir que el dicho evangélico tiene sentido y aplicación en nuestra realidad, en la cual el imperio de la mentira conmina

Normalizar la mentira no solo es anticristiano, también es inhumano. Pero el lector se preguntará ¿cómo la mentira deshumaniza? o más bien ¿cuándo la mentira deshumaniza? Para dar una aproximación a la respuesta, la deshumanización se hace presente en la historia en las aparentes transformaciones van acompañadas de mentiras, que ocultan la realdad en cuanto tal. Dicho en palabras de Ellacuría, cuando en las transformaciones se ausenta la verdad, no se alcanza la liberación del ser humano, sino su alienación. Según la definición de la Real Academia Española, la alienación es “transformación de la conciencia […] por causas externas, que lleva a un individuo o a una colectividad a perder su identidad o a estar en contradicción con ella”. Así pues, a partir de esa definición, se puede inferir que la deshumanzación nacida de la alienación lleva a las sociedades a perder no solo la cordura, sino precisamente el rostro humano y la conciencia de ser todos hermanos y en palabras creyentes, de ser hijos de un Dios que es padre y que quiere que tengamos vida en abundancia (Cfr. Jn 10,10).

Ignacio Ellacuría. UCA.

Ahora bien, la mentira que es antagónica en relación con la verdad, tiene un padre. En ese marco, Jesús se dirigió a los que historizaban la mentira en su tiempo, diciéndoles: “ustedes son de su padre el diablo y quieren cumplir los deseos de su padre. Éste era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, por que no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8,44). Al respecto conveniente traer a la memoria un extracto de una homilía de monseñor Romero que Alvaro Artiga ha destacado en su libro “La verdadera Iglesia de Jesucristo, según la eclesiología de San Óscar Arnulfo Romero”, el fragmento reza así: “Nuestra Iglesia tiene que trabajar para arrancar de la faz del país todo ese imperio de la iniquidad, el imperio de Satanás, ese imperio de infierno que reina, lamentablemente, bajo formas muy diversas y que le está quitando el puesto al único que debe reinar en el tiempo: el Señor, el Dios de la historia” (31/12/1979). Es evidente que el imperio de la mentira es sinónimo de imperio de Satanás. 

Mentir no es solo una invención humana insignificante. En esta breve reflexión se quiere aplicar a la mentira a nivel económico, político, social o religioso, ya que es esa la que desfigura la humanidad, encubre la verdad de las cosas y aliena al ser humano. De ahí que, los cristianos debamos tomar en serio las palabras de monseñor Romero de arrancar de la faz de nuestra patria el imperio infernal de Satanás, el padre de la mentira y homicida por excelencia. Ya en el Antiguo Testamento, en el libro de Tobías la verdad es relacionada con la práctica de la justicia, con lo cual se puede concluir que practicar la mentira es principio de injusticia (cfr. Tob 4,6). En este punto la mentira y la verdad pasan a ser res, non verba (realidades, no palabras).

El antireino de la mentira se hace realidad en el imperio de la injusticia social y económica, en la destrucción de la casa común so pretexto del desarrollo de una sociedad. A lo anterior el papa Francisco señalaba que “De aquí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a «estrujarlo» hasta el límite y más allá del límite” (Laudato si, n° 106). En ese mismo espíritu ya en 1967, el papa Pablo VI en la Popolorum Progressio postuló que “el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre” (n° 14). Por tanto, la injusticia está anclada en la mentira, en una dinámica de respectividad, como se dice en la primera carta de Juan: “si alguno dice: «Yo amo a Dios», y odia a su hermano, es un mentiroso; si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 19,20). Ese amor al hermano se debe traducir en nuestro tiempo en amor a los que sufren, a las víctimas y a la madre tierra que sufre bajo el yugo de la destrucción deshumana. Esto se historiza en una opción preferencial por los pobres acompañando sus luchas de liberación de toda opresión y en la opción preferencial por la casa común luchando por la protección de ella de toda destrucción y depredación de la flora y la fauna.

Misoginia, homofobia, racismo, aporofobia, xenofobia, etc., son genuinas expresiones de violencia, de no amar al hermano y hermana, que tienen por raíz la mentira que conduce al fanatismo y la idolatría de personas que quiere usurpar el señorío de Dios

Finalmente, hay que decir que la mentira se hace latente en estos días al menos en dos cosas, aunque pueden existir y hay muchas más. La primera, afirmar “que ya no somos violentos”, o al menos que el país ya no es el más violento del hemisferio, pero basta con echar una mirada a las redes sociales y todo el odio que se destila en comentarios iracundos e idolátricos. Al realizar ese ejercicio de manera breve, se puede descubrir, lo que ya Francisco expresaba en Fratelli Tutti: “la agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación social” (n° 44), a saber, misoginia, homofobia, racismo, aporofobia, xenofobia etc. Todas las anteriores, son genuinas expresiones de violencia, de no amar al hermano y hermana, que tienen por raíz la mentira que conduce al fanatismo y la idolatría de personas que quiere usurpar el señorío de Dios, dando paso al antireino, sin más al imperio de la mentira de Satanás.

La segunda mentira, es que no se está destruyendo la finca “El Espino”, cuando ya circulan fotos que evidencian la devastación del lugar, peor aún que la mentira se sostiene con alevosía haciendo trabajos de construcción nocturnos en el lugar. La nocturnidad suele utilizarse como temporalidad para ejercer violencia y muerte. Verbigracia, el asesinato de Elba y Celina, junto a los seis jesuitas dentro de su residencia en la Universidad Centroamericana José Simeon Cañas fue perpetrado un 16 de noviembre en la oscuridad de la madrugada. Así también, hace dos siglos el arresto de Jesús de Nazaret se llevó acabo por la noche a lo que, según el relato lucano, él expreso: “estaba yo todos los días en el Templo con ustedes y no me pusieron manos encima; pero esta es su hora y el poder de las tinieblas” (Lc 22,53). De noche asesinan nuestra casa común, y le ponen mano destructora encima, es la hora de Satanás y las tinieblas en la historia actual.

El llamado se hace urgente para los cristianos seguidores de Jesús de Nazaret, no se puede servir a dos señores, a Dios o el Diablo. Es necesario luchar por erradicar de la faz de nuestro El Salvador el poder de las tinieblas, el imperio mentiroso de Satanás padre de toda mentira e injusticia. Se hace pues necesaria una Iglesia que realmente viva su pascua del reino de Dios y así preservar la vida de los más pobres y la casa común en todos sus niveles. El camino lo trazó hace 46 años el obispo mártir monseñor Romero, a tal grado que el 24 de marzo, día de su asesinato, la ONU lo proclamó en el mes de diciembre de 2010 “Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos y de la Dignidad de las Víctimas”, en honor a su compromiso con el pueblo crucificado de El Salvador.

Es hora de poner la mano en el arado y luchar por la construcción del reino de Dios en la historia de nuestro país. Es la hora para hacer presente la salvación en la historia. Sin embargo, la mentira institucionalizada tiene por objetivo la alienación de la sociedad, nos encontramos ante lo que ya describía monseñor Arturo Rivera Damas en 1977, es decir ,“la desconcertante ligereza de algunos que se han hecho altavoz de la tesis gubernamental”, a lo que debemos añadir: negando la destrucción de la casa común y la lenta muerte de los más pobres.

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