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Pablo Richard: su obra hizo historia, su amistad potenció muchas vidas

Homenaje al maestro y compañero de camino, a cinco años de su Pascua

Pablo Richard

El 20 de septiembre de 2026 se cumplen cinco años de la Pascua de Pablo Richard, biblista y teólogo chileno cuya vida quedó profundamente vinculada a las comunidades latinoamericanas y a sus búsquedas de liberación. Su contribución histórica ayudó a consolidar una manera de estudiar las Escrituras en la que la investigación especializada y la experiencia creyente de los empobrecidos se interpelan mutuamente.[1] Para mí, recordar a Pablo significa sentir su ausencia y reconocer cuánto de su compañía permanece en mi manera de hacer teología. Escribir estas páginas nace de esa gratitud, del dolor de no tenerlo cerca y de la responsabilidad de continuar aprendiendo de su legado.

Su compromiso tuvo consecuencias biográficas. Después del golpe de Estado de 1973 en Chile, sabiéndose perseguido y amenazado de muerte tuvo que vivir el exilio. Desde 1978 trabajo en Francia y luego se radico en Costa Rica donde tuvo una prolongada labor en el Departamento Ecuménico de Investigaciones, entre muchas otras organizaciones de formación bíblica, donde su reflexión teológica estuvo vinculada a la formación de agentes de pastoral y al acompañamiento de procesos eclesiales y sociales. La lectura comunitaria de la Biblia fue una opción sostenida en el tiempo, arraigada en la convicción de que el sufrimiento de los pueblos interpela la responsabilidad del teólogo.[2]

Uno de sus aportes fundamentales fue sistematizar la hermenéutica bíblica de la liberación desde la práctica de las comunidades eclesiales de base. En su artículo del primer número de RIBLA, publicado en 1988, explicaba que esa lectura buscaba recuperar el sentido histórico y espiritual de la Escritura desde la experiencia de Dios en el mundo de los pobres. Estos adquirían condición de sujetos de interpretación: personas capaces de preguntar al texto, discernir su mensaje y comunicarlo desde su propia experiencia creyente. La comunidad se convertía así en un lugar de producción de comprensión teológica.[3]

Pablo contribuyó a dar un muy alto nivel de consistencia académica al trabajo bíblico, pero también continuidad colectiva a esa perspectiva. Al evaluar el camino de RIBLA y de otros lugares donde ejerció su trabajo de autor, profesor y acompañante espiritual, identificó entre sus logros la articulación entre ciencia bíblica y pueblo de Dios mediante una exégesis pastoralmente orientada y una formación sólida de los dirigentes comunitarios. Ese intercambio permite comprender por qué su trabajo hizo historia y la sigue haciendo para sus nuevos lectores, ayudó a fortalecer una corriente hermenéutica y a ampliar el reconocimiento de quienes podían participar en ella. El biblista encontraba interlocutores capaces de enriquecer sus preguntas y la comunidad recibía recursos para profundizar su lectura.[4] Esa relación entre exigencia académica y servicio a las comunidades dejo una huella profunda en mi propia formación y en la teología que desarrollo.

Pablo Richard interviene en el encuentro de Amerindia en Bogotá | Amerindia

Su comentario Apocalipsis: reconstrucción de la esperanza (1994) expresa con particular fuerza esa vocación. Richard interpreta el libro desde situaciones de persecución, exclusión y dominación imperial, subrayando su capacidad para sostener la resistencia y abrir horizontes de vida. La presencia del Resucitado ocupa el centro de esta lectura sistemática: la victoria de Cristo permite afrontar el presente, desenmascarar los poderes idolátricos y cultivar la esperanza de un mundo transformado. La escatología adquiere así una fuerza espiritual e histórica que compromete a la comunidad con la vida.[5]

Esta perspectiva ofrece una lectura resucitadora porque ayuda a levantarse, recuperar la dignidad y reconocer posibilidades allí donde la opresión parece clausurarlas. La nueva Jerusalén desciende hacia la humanidad, Dios habita con y desde su pueblo y enjuga sus lágrimas (Ap 21,1-5). Leído desde esa promesa, el horizonte apocalíptico alimenta una espiritualidad capaz de acompañar el dolor y sostener el compromiso. Para quienes estudian y enseñan la Biblia, permanece una exigencia fecunda: que la interpretación permita escuchar la esperanza contenida en el texto y discernir sus consecuencias para la existencia.

En El movimiento de Jesús antes de la Iglesia (1998), Richard propuso leer los Hechos de los Apóstoles como memoria del movimiento nacido de la resurrección, atendiendo al protagonismo del Espíritu, la misión y las pequeñas comunidades domésticas. La expresión “antes de la Iglesia” designa, en su planteamiento, el período anterior a una institucionalización posterior. Su interés pastoral consiste en recuperar la creatividad de los orígenes como inspiración para la renovación eclesial: comunidades que escuchan, comparten, atraviesan fronteras y descubren caminos bajo la acción del Espíritu.[6]

La recuperación del Jesús histórico pertenece a ese mismo proyecto. En Memoria del “movimiento histórico de Jesús” (2009), Richard concede importancia a la plena humanidad de Jesús y a la presencia de los pobres como sujetos de su movimiento. Su investigación de los orígenes busca ofrecer criterios para reformar la Iglesia. Volver a Jesús, a su anuncio del Reino y a las vidas que reunió en torno suyo significa mantener abierta la pregunta por la fidelidad histórica del cristianismo a su fuente.[7]

Su influencia puede reconocerse también en testimonios concretos. Leopoldo Cervantes-Ortiz recuerda que sus clases y encuentros con Richard orientaron investigaciones y proyectos de interpretación bíblica; destaca su capacidad para unir exégesis crítica y atención a la realidad latinoamericana. Allí aparece el maestro cuya enseñanza prolonga su fecundidad en el trabajo de otros. Su legado para nuevos biblistas incluye esa generosidad intelectual, compartir métodos, suscitar preguntas y acompañar la formación de una voz propia al servicio de las comunidades.[8]

Harold Segura, pastor bautista y teólogo, ofrece otra dimensión de ese testimonio, la amistad, la conversación y el aprendizaje compartido atravesaban las diferencias confesionales, recuerda la disponibilidad de Richard para explicar sus investigaciones y el entusiasmo con que respondía a sus preguntas. Esta cercanía permite comprender el carácter vivido de su ecumenismo. La Palabra compartida creaba vínculos de fraternidad y hacía del encuentro entre cristianos un espacio de formación recíproca.[9]

La memoria de Pablo incluye igualmente su vida familiar junto a Gabriela, su esposa y compañera de camino. Tamayo los recuerda juntos y menciona a sus hijos al evocar la continuidad de su memoria

La memoria de Pablo incluye igualmente su vida familiar junto a Gabriela, su esposa y compañera de camino. Tamayo los recuerda juntos y menciona a sus hijos al evocar la continuidad de su memoria. Richard, por su parte, reconoció en los agradecimientos de su comentario al Apocalipsis que el libro habría sido imposible sin la paciencia y el cariño de su familia. Ese reconocimiento permite acercarse al hombre detrás de la obra, una trayectoria intelectual sostenida también por afectos, compañía y vida compartida.[10]

Conmemorar su Pascua invita a recibir esta herencia a continuar estudiando y haciendo teología con rigor, escuchar a las comunidades y hacer del conocimiento un servicio. Para mí, esa responsabilidad tiene un rostro y un nombre. Pablo Richard fue y continuara siendo la persona más importante en mi formación como teólogo y su acompañamiento pertenece a las raíces de la teología que hoy desarrollo.

Desde mis primeros pasos en el estudio exegético riguroso, encontré en él fuerza, compañía e inspiración. Conversamos muchas veces sobre cómo abordar sistemáticamente los estudios bíblicos y sobre la responsabilidad del teólogo ante las necesidades de su tiempo. Su cercanía fue fundamental en la elaboración de mis primeros artículos y trabajos. Con él aprendí a vincular método, profundidad y exigencia académica de alto nivel con la vida de las comunidades y con su búsqueda de una Palabra capaz de iluminar la realidad.

Recuerdo especialmente la confianza con que acompañó ese proceso. Su exigencia estaba unida a la cercanía de quien camina al lado de otro y se compromete con su crecimiento. Pablo fue maestro, amigo y compañero de camino. Su importancia en mi vida permanece inseparable del afecto con que lo recuerdo y del dolor que me provoca no tenerlo igual de cerca.

Pablo Richard, médico de la fe y la amistad

Junto a Gabriela, siento profundamente su ausencia. Me hacen falta nuestras conversaciones, sus preguntas y esa compañía que fue fundamental mientras encontraba mi propia manera de pensar y escribir teología. Reconocer cuánto recibí de él hace más profunda mi gratitud y más sensible el vacío de su partida.

Mi querido Pablo, desde la esperanza de la resurrección te imagino llevando nuestras preguntas ante Aquel con quien tantas veces hablamos de encontrarnos, confiando en que en Él hallaríamos las respuestas.

Aquí sigo, con esas preguntas y muchas nuevas, con lo aprendido a tu lado y con el dolor de no poder seguir conversándolas contigo.

Hoy detengo mi pluma, enriquecida por tu bendición, para decirte cuánto haces falta. La teología que desarrollo lleva tu huella, mi vida guarda tu cariño porque para mí, siempre serás un imprescindible.

Notas


[1] Leopoldo Cervantes-Ortiz, “Biblia, teología y cambio social: Pablo Richard en persona y en obra”, Protestante Digital, 24 de septiembre de 2021.

https://protestantedigital.com/ginebra-viva/63487/biblia-teologia-y-cambio-social-pablo-richard-en-persona-y-en-obra.

[2] Juan José Tamayo, “Pablo Richard, teólogo de la liberación contra la idolatría del mercado”,

Religión Digital, 22 de septiembre de 2021.

https://www.religiondigital.org/el_blog_de_juan_jose_tamayo/Pablo-Richard-teologo-liberacion-idolatria_7_2380331945.html.

[3] Pablo Richard, “Lectura popular de la Biblia en América Latina: Hermenéutica de la liberación”, Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana RIBLA, n.º 1 (1988): 28-31.

https://www.centrobiblicoquito.org/images/ribla/1.pdf.

[4] Pablo Richard, “RIBLA: 19 años de trabajo y 50 números publicados. Síntesis de nuestros logros más significativos”, Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana RIBLA, n.º 50 (2005): 7-9.

https://www.centrobiblicoquito.org/images/ribla/50.pdf.

[5] Pablo Richard. Apocalipsis: reconstrucción de la esperanza. Departamento Ecuménico de Investigaciones DEI, 1994, 17-18.

[6] Pablo Richard. El movimiento de Jesús antes de la Iglesia: una interpretación liberadora de los Hechos de los Apóstoles. Departamento Ecuménico de Investigaciones DEI, 1998. 15-17.

[7] Pablo Richard, Memoria del “movimiento histórico de Jesús”: Desde sus orígenes (años 30) hasta la crisis del Sacro Imperio Romano Cristiano (siglos IV y V) (Departamento Ecuménico de Investigación DEI 2009) 30-35, 42-43.

https://deicr.org/wp-content/uploads/2025/03/PabloRichard-MemoriadelmovimientodeJesus-completo.pdf.

[8] Cervantes-Ortiz, Leopoldo. “Biblia, teología y cambio social: Pablo Richard en persona y en obra”. Protestante Digital, 24 de septiembre de 2021.

[9] Harold Segura, “Pablo Richard, un biblista para el desahogo, en una América Latina de ahogos opresores”, Lupa Protestante, 20 de enero de 2022; testimonio fechado el 24 de septiembre de 2021.

https://www.lupaprotestante.com/pablo-richard-un-biblista-para-el-desahogo-en-una-america-latina-de-ahogos-opresores-harold-segura/.

[10] Tamayo, “Pablo Richard, teólogo de la liberación”; Richard, Apocalipsis, 13.

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