La teología de Ferrán Torres
“Tanto la teología de la predestinación como la de prosperidad encuentran un terreno especialmente fértil en nuestro sistema capitalista, que ha llevado el individualismo hasta el extremo. En las dos teologías desaparece la comunidad, desaparece la solidaridad y la compasión”
(Cristianisme i Justicia).- Una vez finalizado el partido España-Argentina que dio a España el campeonato del mundo de fútbol, el autor del único gol del encuentro, Ferran Torres, fue entrevistado en televisión. Que consten por delante dos cosas: primero, la felicitación a la selección española por el triunfo después de un Mundial sensacional, culminado por un equipo igualmente extraordinario; segundo, la dificultad de responder a cualquier entrevista con el pulso acelerado y la cabeza a mil.
Ferran, ante las preguntas del periodista, expresó su euforia a través de una lectura teológica tanto del triunfo como de su actuación. Cito literalmente sus declaraciones: «He sentido una liberación muy grande. He sido una persona muy criticada a lo largo del mundial. Pero el destino está escrito y gracias a Dios que me da esas fuerzas para seguir. Dios les da las cosas a quien más se lo merece».
La presión que viven estos jóvenes es algo que probablemente la mayoría de nosotros no soportaríamos. Estar en el foco mediático durante casi todo el año —y más estas últimas semanas, donde cada error es visto y comentado por millones de personas—, supone soportar una presión muy difícil de sobrellevar. Es lógico que se sienta liberado y descargado por fin, consciente de que ese gol acaba de elevarlo casi a los altares… Así de voluble es la fama y el éxito en el mundo del espectáculo.
Pero quizás lo más sorprendente fue su apelación religiosa a un «destino escrito» y a un Dios que «da las cosas a quien más se lo merece», unas afirmaciones que son expresión contradictoria de teologías muy en boga y que, de un modo creciente, van extendiéndose en determinados sectores, sobre todo entre los triunfadores de este mundo y aquellos que aspiran a serlo.
Un destino escrito y la teología de la predestinación
Cada persona tiene su destino escrito. Como juguetes de un Dios soberano absoluto, no disponemos de ninguna libertad para cambiar las cosas. Cuando a uno las cosas le van bien y triunfa, es voluntad de Dios, del mismo modo que es su voluntad, porque así está escrito, la existencia de vidas hundidas en la pobreza, la soledad y el abandono…
Estaba escrito que Ferran Torres iba a marcar ese gol un caluroso 19 de julio de 2026, en el estadio de Nueva Jersey, ante Argentina, en el minuto 106, alcanzando así una gloria «eterna» —sic de un titular de periódico—. Y, en la misma lógica, todo lo que suceda a partir de ahora está también escrito. Un Dios que juega con los destinos, de un modo que, si bien lo pensamos… da miedo y, sobre todo, nos sume en el fatalismo más absoluto.
Un Dios que da a cada uno lo que se merece
Y, por otro lado, el Dios que da las cosas a quien más se lo merece. Ay, la meritocracia… El hacer méritos ante un Dios que no falla, que recompensa esos méritos en forma de riqueza, laureles, bendiciones y que, en cambio, hunde en la miseria al desgraciado, al torpe, al perdedor…
Es probable que Ferran, todavía llevado por la emoción del momento, no fuera consciente del alcance de su teología: su dios, el dios de la meritocracia, es seguramente compartido con alguien con quien, pocos minutos después, coincidiría durante la entrega de trofeos. Sí: el dios de Trump, el dios de la Prosperidad, que no hace sino legitimar las desigualdades como si fueran expresión de una bendición divina; el dios de los premios, del podio, de las medallas, que mira siempre desde arriba y nunca desde abajo.
Una teología arrodillada e indignada
Tanto la teología de la predestinación como la de prosperidad encuentran un terreno especialmente fértil en nuestro sistema capitalista, que ha llevado el individualismo hasta el extremo. En las dos teologías desaparece la comunidad, desaparece la solidaridad y la compasión… La pregunta por las estructuras injustas no tiene sentido. Las cosas son como son porque Dios las quiere o porque las merecemos, pero no hay en ello ninguna invitación a reconocer al Dios de Jesús. Al que «se despojó de sí mismo tomando condición de siervo» (Fl 2,7), al Dios impotente, al Dios que se compadece y llora, al perdedor… Sí, al que acaba muriendo en la Cruz…
Ojalá algún día Ferran descubra al Dios de Jesús. Si eso sucede, seguramente ese sí que será el gol de su vida, y la gloria que alcance, esa sí, será eterna
El Dios de Jesús que presenta una salvación que ya no solo es destino y mérito sino una invitación a vivir una humanidad nueva. El Dios de la teología arrodillada e indignada que tan bien describió nuestro querido Javi Vitoria. Un Dios y una teología que son de hecho la única esperanza de liberación para el mundo.
En fin, que Ferran se merecía el gol, el Mundial y el triunfo, porque cualquiera que haya seguido mínimamente su trayectoria sabe de su esfuerzo, ganas y compañerismo dentro y fuera del campo. Pero al meterse en teologías fue a la vez sujeto activo —portavoz— y pasivo de un pensamiento que a medida que se extiende —sobre todo entre los más jóvenes—, más nos aleja a unos de otros, más nos aleja de la humanidad. Ojalá algún día Ferran descubra al Dios de Jesús. Si eso sucede, seguramente ese sí que será el gol de su vida, y la gloria que alcance, esa sí, será eterna.