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Adiós a 'los HAM'

Señales preocupantes de odio

Señales preocupantes de odio

Señales preocupantes de odio

Como una mancha de oscuro aceite se va extendiendo, poco a poco, implacable, el odio en nuestra sociedad, mediante mensajes difamantes, insultos, ultrajes e injurias, noticias falsas y, como su máxima expresión, la violencia ejercida contra las personas que no piensan igual y tienen otras formas de vida, de vestir, de pensar, distintas a la normatividad.

El último ejemplo de esta violencia es la causada durante la madrugada del viernes 11 de septiembre de 2026 en Oviedo. El ataque ocurrió en la plaza de la Catedral durante las fiestas de San Mateo, cuando las víctimas se encontraban recogiendo una de las casetas festivas. Un grupo de ocho neonazis comenzó a vandalizar la caseta de la organización AMA y cuando intentaron pararles un exconcejal y un portavoz, comenzaron a agredirles con puñetazos y patadas, gritándoles “maricones” y “rojos de mierda”. Posteriormente, los atacantes se dieron a la fuga al grito de “Arriba España”.

Lo único positivo es la concentración que se realizó al día siguiente, en la que participaron miles de personas para rechazar la violencia fascista y homófoba bajo el lema de “llenar las calles de color”. Además, el presidente de Asturias, Adrián Barbón, condenó firmemente los hechos y advirtió sobre el “resurgir del nazismo”.

Hechos como este se han ido incrementando de forma alarmante en los últimos años, alentados, por activa o por pasiva, por las declaraciones de la ultraderecha política y mediática en España, siguiendo unas directrices que apoyan de forma similar la ultraderecha europea y latinoamericana, bajo la batuta del presidente Trump, de sus principales asesores y de los Ceos de las principales empresas tecnológicas y de redes sociales, tales como Facebook, Instagram, WhatsApp, Thread, X, Amazon, OpenAI… y de líderes religiosos ultraconservadores.

Sustentan un mismo discurso que tiene, entre sus principales demonios a combatir, la inmigración, el feminismo, la comunidad LGTBI+, el sector público, las ONGs, la izquierda política, los derechos humanos y el derecho internacional, las políticas sociales hacia los sectores más desprotegidos y marginados, el mundo musulmán, la prensa que critica sus actuaciones o discursos o el alineamiento con Netanyahu, en su guerra de exterminio contra la población palestina...

Este pensamiento uniforme y coincidente, junto a las soflamas que le acompañan, están suponiendo ya un retroceso en los derechos conseguidos después de tantas luchas, represión e incluso la muerte de muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia y lo que es más grave aún y lleva aparejado: el retroceso y la merma de la democracia como sistema representativo, participativo, de alternancia política, social y de derecho.

Es decir, la distopía que anunciaban Margaret Atwood en El cuento de la criada, o en 1984 de George Orwell, está asomando peligrosamente con señales claras y como una realidad en ciernes: autoritaria, absorbente, discriminatoria y cruel.    

Por lo tanto, es necesario activar nuestras antenas para mantenernos atentos y activos contra todos estos intentos de destruir la democracia y los derechos sociales, para que en un futuro no nos lamentemos de lo que pudimos haber hecho para evitarlo y no realizamos, cuando ya sea demasiado tarde.

Para ello, entre otras cosas, debemos combatir las noticias falsas con la verdad, la violencia con la justicia y la ley, la discriminación con más inclusión y acogida de las personas más desfavorecidas y excluidas del sistema, la democracia con más democracia, derechos y libertad, el odio con el amor, que se expresa en dignidad, conciencia, solidaridad, honestidad y trabajo organizado para neutralizarlo.

A pesar de que la situación es muy preocupante, no podemos ni debemos dejarnos llevar por el desánimo y la renuncia al compromiso. Junto a otras personas comprometidas en el trabajo por otro mundo posible, tendremos que mantener una permanente empatía y cercanía en el trabajo conjunto, celebrando la existencia compartida y las pequeñas victorias, acompañándonos en las dificultades y las derrotas, abrazándonos, alimentando y compartiendo el manantial de vida y alegría profunda que cada uno, cada una, llevamos en nuestro interior. Solo juntos, juntas, con entusiasmo, lo conseguiremos.

   

 

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