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El papa León XIV viene a la Argentina: ¿Qué podemos desear y esperar?

"Y me refiero aquí explícitamente a las «víctimas de abusos de conciencia, poder y sexual», por parte de la jerarquía argentina[2], tema que no puede la Iglesia esperar a que los medios tomen la iniciativa de preguntar. Es extraño que nada se haya anunciado desde la cúpula episcopal"

León XIV a Argentina

Cuando apenas falta una semana para el arribo del papa León XIV a la Argentina, crece la ansiedad y espectativa. Los medios televisivos, radiales y gráficos, marcan la importancia del acontecimiento a lo largo y ancho del territorio nacional. Y no podría ser de otra manera. Hace casi cuarenta años que un papa no pisa nuestro suelo, tal vez, las dos visitas con espacio de cinco años de Juan Pablo II en 1982 y 1987 (en contextos históricos diversos, dramático el primero) y la esperada y no concretada visita de Francisco «a su país», dejaron en muchos argentinos/as sentimientos encontrados.

Papa a Argentina

Pero el papa Robert Prevost, -así lo imaginamos-, viene con «espíritu manso y corazón abierto» casi a ofrecer con delicadeza una «caricia» al pueblo argentino que Francisco seguramente deseo pero no pudo darles. No es necesario explicar que el pueblo lo necesita. Vapuleados como venimos, por tantos desencuentros, antagonismos y enfrentamientos intestinos, una pobreza creciente que moviliza a algunos y anestesia a otros; que nos impide como sociedad «unirnos en las diferencias» y «respetarnos como hermanas y hermanos», más allá de la condición social, raza, religión u opción de género que cada uno/a asuma; es prudente no empezar por achacar a nadie, estas «grietas» en las que todos/as hemos tenido en mayor o menor medida parte de responsabilidad. Decía Robert Prevost «la unidad no es uniformidad y la diversidad es una rica fuente de vida para todos y todas»[1].

Por eso la espera del papa nos apremia: «¡No metamos a León XIV en nuestras grietas!», ha dicho el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva. Levantemos, por el contrario, los corazones y dispongamonos con el buen espíritu a la «vigilante espera» que ahonda el deseo del encuentro y la disposición para la mirada amable y la voz mansa y clara del pastor universal que alguna sorpresa nos tendrá deparada. Para ello, el puebo de Dios se prepara como sabe hacerlo, orando, peregrinando y encomendando a la Madre y patrona de Argentina Nuestra Señora de Luján, el éxito de una visita que esperamos sea fructífera, aunque tendrá seguramente un efecto residual. Los gestos, las palabras, los silencios en la «escucha», cualidad del papa León de la que todos/as podremos aprender algo, serán «claves», para que los eventos multitudinarios, cargados de emociones, nos permiten descubrir el «mensaje íntimo» de un padre para con sus hijos.

 Su lema episcopal es por sí mismo un programa de vida para toda la iglesia y por que no, con alcance universal para todos los hombres y mujeres de buena voluntad: «In Illo Uno unum» («En el Uno Cristo somos uno»); tomado de un comentario de San Agustín a un salmo, señala, el valor de signo de la Unidad, que por venir Dios en Jesús el Cristo, todos «estamos llamados y todos enviados». Estas últimas semanas las noticias llegadas desde Roma nos han tenido en vilo. El papa viene cargando con una intervención quirúrgica de hace apenas unos pocos días, que no lo amedrentaron a la hora de tener que decidir afrontar un viaje que lo llevará por tres países: Uruguay, Argentina y Perú. En esto, su generosidad brota de un «corazón grande» que no repara primero en riesgos o comodidades, sino que se abandona en Dios y en la oración de su pueblo, que son también un ejemplo y un compromiso a imitar.

El Papa a Argentina

Desde su llegada a la Argentina la tarde del domingo 8 de noviembre hasta su partida el miércoles 11, luego de la que será seguramente la Misa más multitudinaria en el Santuario y Basílica de Nuestra señora de Luján, el papa emprenderá su partida hacia Perú, otro momento importante de su viaje, por los vínculos que lo unen en su biografía como religioso misionero y obispo durante tantos años a aquel país. Para entonces tendremos ya algunos frutos que recoger y analizar, algo «nuevo» estará brotando desde los focos de irradiación de sus gestos y palabras, llevados a los rincones más lejanos de nuestra bendecida patria argentina.

Ojalá estas líneas que nacen espontáneas como «deseo», puedan completarse con otras más adelante donde podamos -en el empeño por caminar juntos- (Syn-odos) recoger también juntos algunos frutos del pastor de todos, que viene con un mensaje de alcance mundial: trabajar por la Paz, los pobres, los excluidos, los migrantes; pero que seguramente hará aterrizar en nuestro contexto político, social y eclesial. Sí eclesial también, porque entre tantos temas importantes para la vida de la Iglesia, las «minorías acalladas», deben también tener un lugar especial en la apretada agenda del papa León.

Y me refiero aquí explícitamente a las «víctimas de abusos de conciencia, poder y sexual», por parte de la jerarquía argentina[2], tema que no puede la Iglesia esperar a que los medios tomen la iniciativa de preguntar. Es extraño que nada se haya anunciado desde la cúpula episcopal. Creemos de buena fe que el Papa se encontrará con las víctimas, como lo hizo en España, Francia y lo hará también en Perú. En estos países los medios lo dieron a conocer con varios días de anticipación, sin «miedos» ni «tapujos», y sin ánimo de atender el asunto por la puerta de atrás. La visita del Papa León XIV se compromete con un momento de la historia de la Iglesia Argentina, que tuvo más oscuros que claros y que Juan Pablo II aunque conoció no afrontó en sus discursos. La Iglesia ha cambiado de rumbo con estos temas, desde Benedicto XVI y particularmente desde el Papa Francisco; esperamos que  no sea este el «agujero negro» de la tan esperada visita. Porque si la invitación es «Bienvenidos todos», entre todos, «las víctimas tienen siempre la prioridad»[3].   

Abusos

Notas de referencia

[[1]] Robert F. Prevost/Papa León XIV, “Libres bajo la Gracia. Reflexiones sobre la Tradición espiritual que formó”, Buenos Aires: Penguin Random House, 2026, p. 485.

[[2]] Juan Bautista Duhau y Ana Lourdes Suárez, “Abusos sexuales en la Iglesia católica Argentina”, en Vèronique Lecaros, Ana Lourdes Suárez (Editoras), Abusos eclesiales en América Latina. Una crisis en el corazón del catolicismo, Perú: PUCP, 2025, pp. 23-37.

[[3]] Cf. Jorge Mario Bergoglio/Francisco, “Las cartas de la Tribulación”, Barcelona: Herder, 2019, p. 126.

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