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"Solo para miembros" Elitismo, Clericalismo y Bienaventurados

del exclusivismo a la mesa compartida con los pequeños

El auge de los clubes privados y el persistente elitismo intraeclesial son dos rostros de una misma tentación autorreferencial: buscar seguridad cerrando puertas. Frente a ello, el Evangelio propone una alternativa arriesgada: la mesa compartida con los últimos, la palabra que circula y la verdad que se discierne en común, sinodalmente...El acceso a Dios no pasa por la pertenencia a una élite intelectual, mística o moral, sino por la humilde apertura a los “pequeños”

elitismo clericalista | P&P

Introducción: cuando la exclusión se disfraza de excelencia

Existe una antigua y humana tentación de confundir valor con distinción, verdad con pertenencia, autoridad con privilegio. En las sociedades contemporáneas, esta tentación adopta formas visibles: clubes privados, listas de espera, rituales de admisión, arquitectura disuasoria, membresías costosas. Espacios diseñados no solo para encontrarse, sino para separarse. El auge de estos clubes no es solo fenómeno urbano o cultural: es un síntoma moral y espiritual de un mundo fragmentado por la desigualdad y la inseguridad identitaria.

Sin embargo, esta lógica de la exclusividad no habita únicamente en el ámbito civil. También encuentra eco en la Iglesia. No podemos señalar la paja en el ojo ajeno y olvidarnos de la viga en el propio (Mt 7,3)

Aunque el Evangelio promueve una mesa abierta, existen salones reservados: élites teológicas, clericalismos ilustrados, magisterios blindados que miran con sospecha toda palabra que no provenga de los lugares “autorizados” en los que parecería estar enjaulado el Espíritu Santo para convalidar las ocurrencias de su status “superior”.

I. El elitismo como mecanismo de seguridad: sociología del “solo para miembros”

Los clubes privados contemporáneos intentan responder a necesidades reales: comunidad, red de contactos, intimidad, protección frente a la intemperie urbana. La sociología confirma que los seres humanos necesitamos pertenecer. Pero el problema es el modo de construir pertenencias. No todo agrupamiento es comunidad...

Como señala Diana Kendall, el club funciona simultáneamente como espacio de cohesión interna y de exclusión externa. La exclusividad no es un efecto colateral: es el producto principal. Pertenecer a un club selecto genera prestigio; la admisión produce identidad y el rechazo de otros refuerza la autoestima del grupo.

Este mecanismo no es nuevo, caracteriza la grieta humana. La reproducción de las élites no siempre es por dinero, sino por capital simbólico y social, transmitido en espacios cerrados que se presentan como naturales, neutrales o meritocráticos.(Pierre Bourdieu)

La Doctrina Social de la Iglesia enseña que este tipo de segregación erosiona el bien común. Gaudium et Spes ya denunciaba que las desigualdades excesivas rompen la fraternidad social. Cuando los espacios de encuentro se amurallan, la ciudad deja de ser lugar de encuentro, deja de tener olor a "pueblo y cercanía humana".

En Fratelli Tutti, el Papa Francisco denuncia los «mundos cerrados» y grupos autoexcluyentes, frente a la necesidad de un amor que rompa las burbujas de exclusión. Aunque aplica a la sociedad, la crítica resuena en la propia iglesia en los capítulos 1 y 3. Sin "pueblo" no hay Pueblo de Dios.

II. Jesús frente a la doble vanidad: la de los ricos y la de los “puros”

El Evangelio critica dos tipos de elitismo: el económico y el religioso. Ambos comparten un mismo núcleo: la autorreferencialidad.

Jesús no condena la riqueza como tal, pero sí su absolutización narcisista. “¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!” (Lc 6,24). Es una radiografía espiritual: quien se encierra en su privilegio pierde la capacidad de ver, aprender y convertirse.

La parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro (Lc 16,19-31) revela con crudeza este pecado : el rico no golpea al pobre, simplemente no lo ve. Vive amurallado en su banquete cotidiano, en su élite exclusiva y excluyente, un refugio sordo a la interpelación del otro.

Pero Jesús es aún más incisivo con el elitismo religioso. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos!, que cerráis a los hombres el Reino de los cielos” (Mt 23,13). El problema no es "la competencia teológica, moral o espiritual", sino su apropiación excluyente. El conocimiento de Dios convertido en frontera, no en puente. Es una apropiación para legitimar superioridad, control y dominación de “los de abajo”.

Jesús invierte la lógica "de toda la vida": el acceso a Dios no pasa por la pertenencia a una élite intelectual, mística o moral, sino por la apertura humilde a los “pequeños”.“Te alabo, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11,25).

Por eso Jesús rompe deliberadamente la lógica del “solo para miembros”. Elige apóstoles entre la gente sencilla, come con pecadores, toca impuros, escucha a mujeres, ayuda a extranjeros. El amor que proclama no es solo sentirse bien con los amiguetes: “Cuando des un banquete, invita a los pobres…” (Lc 14,13). Tampoco es resentimiento de clase, es encontrarle solución al mundo desde otro ángulo, uno que desmonta el orden del prestigio y pone en su lugar a los bienaventurados, crucificados y samaritanos. No les tiene lástima, sabe que “los pobres son sujetos de una inteligencia específica, indispensable para la Iglesia y la humanidad (Papa León, Dilexit Te 82).

Pablo profundiza: “Dios escogió lo que el mundo tiene por necio… para que nadie pueda presumir delante de Dios” (1 Cor 1,26-29). La comunidad cristiana nace así, como una desautorización permanente de toda tentación imperial.

III. El elitismo dentro de la Iglesia: clericalismo, academia y falsa seguridad

La Iglesia, tan divina y tan humana, no está exenta de esta tentación. Son históricos los elitismos intraeclesiales similares a los clubes privados: derecho de admisión, lenguaje críptico, latines y ritos de espalda al pueblo, legitimación mutua, sospecha del diferente, desprecio del “no iniciado”... y la "omertá" para los "traidores" que desertan.

El clericalismo, denunciado por el papa Francisco, no es solo un error pastoral; es una patología espiritual. Se manifiesta cuando prelados o teólogos se consideran los únicos autorizados para hablar de Dios, olvidando que —como recuerda Lumen Gentium— todo el Pueblo de Dios participa del sensus fidei.

Gustavo Gutiérrez decía que hace teología quien vive la fe y la confronta con la realidad histórica. La teología es antes que nada una racionalización de la experiencia de fe. Es necesaria la de todos para componer el Poliedro del Reino: desde el blog hasta la cátedra, todos somos necesarios para que la Iglesia no se convierta en una “cámara de eco” donde sólo escuchamos a los "selectos" que piensan como nosotros.

Los insignificantes siempre tendrán mucho que decir en la galaxia cristiana y “sin ellos, la teología se vuelve ideología religiosa” (Jon Sobrino). Leonardo Boff denunció el “narcisismo eclesiástico” de una Iglesia más preocupada por custodiar su prestigio que por acompañar el sufrimiento humano, en resaltar la autoridad como sumisión que como servicio. Ivone Gebara añade que el elitismo teológico reproduce lógicas patriarcales de control del saber, en las que la experiencia —especialmente la de las mujeres y los pobres— es deslegitimada.

La experiencia del papa Francisco fue decisiva. Él mismo sufrió ese exclusivismo. No terminó su doctorado en Alemania. No encajó en ciertos círculos académicos. Eligió volver a su pueblo, a la pastoral concreta, a la escucha de la vida real. Y desde ahí reformuló el modo de teologizar: una teología en salida, para hospitales de campaña, encarnada, atenta a los signos de los tiempos, herida por la realidad.

cercanía | P&P

Esa experiencia marcó su línea: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir que enferma por encerrarse” (Evangelii Gaudium, 49). Lo mismo vale para la teología que ha de estar abierta a todas las experiencias de fe y expresiones, no solo a las academicistas que giran sobre sí mismas autocitándose.

El clericalismo reduce el pensamiento teológico a comentario obsequioso al magisterio. La fidelidad crítica y creativa le resulta “peligrosa” a su concepción de “ortodoxia” burocrática. Por eso, mientras haya clericalismo, siempre habrá inquisición, aunque sus escarmientos parezcan más sutiles.

Gustavo Gutiérrez insistió en que la teología no es un lujo de élites intelectuales, sino una reflexión crítica nacida de la praxis histórica de la fe, desde los pobres. Significa admirar su sabiduría frente a la sospecha ilustrada. Los pobres hacen teología todos los días con su experiencia de fe, no para competir con las admirables obras de los grandes, ni para contrariar las voces del magisterio, sino para encarnar capilarmente su insustituible lugar hermenéutico del Poliedro del Reino.

Conclusión: de los salones cerrados a la intemperie del Evangelio

El auge de los círculos exclusivos y el persistente elitismo intraeclesial buscan seguridad cerrando puertas. Frente a ello, el Evangelio propone una alternativa arriesgada: la mesa compartida con los descartados, la palabra que circula, la verdad que se discierne en común, sinodalmente.

La esperanza cristiana desactiva toda apropiación excluyente. Jesús no fundó una élite ilustrada, sino una comunidad frágil, plural y conflictiva, donde la única credencial era el deseo de seguirlo.

En un mundo obsesionado con la distinción, el cristianismo sigue anunciando una verdad incómoda: nadie posee a Dios. La fe no se administra desde clubes cerrados, curias imperiales ni bibliotecas blindadas, sino que se vive, se arriesga y se discierne en la historia concreta, allí donde el Espíritu sigue ardiendo y desconcertando.

Tal vez hoy la verdadera excelencia —social y eclesial— consista en renunciar al “solo para miembros VIP” y atreverse al éxodo bíblico. Porque solo allí, lejos de los círculos privilegiados que esclavizan el sentido, el Evangelio vuelve a ser Tierra Prometida.

Bibliografía inspiradora

1. Magisterio: Concilio Vaticano II.Lumen Gentium. → Fundamento de la eclesiología del Pueblo de Dios y del sensus fidei. Gaudium et Spes → Clave para comprender la relación entre Iglesia, sociedad y desigualdad estructural. Francisco.Evangelii Gaudium → Crítica al clericalismo, a la autorreferencialidad eclesial y a las élites cerradas. Fratelli Tutti → Denuncia profética de la cultura de la exclusión y de los nuevos muros sociales y simbólicos. Francisco. Discurso al Comité Teológico Internacional (2014) → Definición de la teología como servicio al Pueblo de Dios y no como ejercicio elitista.

2. Teología crítica: Gutiérrez, Gustavo.Teología de la liberación → Fundacional: la teología nace de la praxis histórica y del clamor de los pobres. Sobrino, Jon.Jesucristo liberador → Cristo como criterio contra toda teología desligada del sufrimiento humano. Boff, Leonardo.Iglesia: carisma y poder → Análisis clásico del clericalismo y de la tentación autoritaria en la Iglesia. Gebara, Ivone.Teología ecofeminista → Crítica al elitismo patriarcal del saber teológico y defensa de la experiencia encarnada.

3. Sociología, poder y exclusión: Bourdieu, Pierre.La dominación masculina / Capital cultural, escuela y espacio social → Claves para comprender la reproducción simbólica de las élites. Kendall, Diana.Members Only: Elite Clubs, Networks, and the Politics of Belonging → Análisis sociológico del elitismo contemporáneo como mecanismo de exclusión.

4. Biblia y discernimiento evangélico: Lc 6; Lc 14; Lc 16; Mt 23; Mt 25; Mc 10.Pagola, José Antonio.Jesús. Aproximación histórica → Lectura accesible y rigurosa de Jesús como ruptura de toda lógica elitista.

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