Losantos envaina la espada
Ya no es el que era. Federico Jiménez Losantos mansea, como él dice. Y, tras arremeter, ayer, con saña y recochineo, contra la Casa Real y el Opus Dei, sus incondicionales esperaban hoy otra faena histórica. Sobre todo, tras el rejón que le lanzó de inemdiato el director de la programación socio-religiosa de la cadena de los obispos, el sacerdote Manuel María Bru. Pero, esta mañana, Losantos hizo mutis por el foro. Ni una sola alusión a la Casa real, al Opus o a su compañero de emisora.
Ante tal huida del torete turolense, algunos proclaman conversión. Otros, la achacan a la congénita pillería del locutor. Y hay quien dice que su puesto está de neuvo en la picota y que el cardenal Rouco está decidido a dejarlo caer. Sin prisas, pero sin pausas.
Losantos, por su parte, no se ha atrevido a embestir de frente, pero ha lanzado dos coces a la mano que le da de comer. Una, en forma de cita histórica y, como de pasada, puso a caer de un guindo al Papa Gregorio VII, el Papa de Canosa, "acompañado de una bella castellana". Una pequeña puya. Para que Rouco sepa (si no lo sabe todavía) con quién se está jugando los cuartos. Otra, más actual, contra el mismísimo cardenal de La Habana, Jaime Ortega y Alamino por el "pecado" de recibir al dirigente del Psoe, José Blanco.
Porque Losantos en casa es un desprestigio continuo para la Iglesia. Y fuera, amenaza con ser lo que siemopre ha sido: su acérrimo enemigo. Lo que nunca dice Federico y sabe el cardenal de Madrid es que un locutor sin micrófono no es nadie. Queda reducido al silencio.