¡Felicidades, Padre Ángel, por sus 89 años de Evangelio al lado de los últimos!
Vuelve a empezar con un nuevo sueño contra la soledad, la enfermedad que mata sin ruido
A los 89 años, el padre Ángel sigue empeñado en que nadie se quede solo. El fundador y presidente de Mensajeros de la Paz, el cura asturiano que convirtió la iglesia de San Antón en hospital de campaña 24 horas, se ha lanzado ahora a su último gran sueño: la Fundación Social Padre Ángel, una plataforma específica contra la soledad no deseada, esa “epidemia silenciosa” que, a su juicio, “mata más que las guerras, pero sin hacer ruido”.
Un cura asturiano que hizo de la misericordia un plan de vida
Ángel García Rodríguez nació en La Rebollada (Mieres, Asturias) en 1937 y se ordenó sacerdote diocesano con 24 años. Muy pronto entendió que el Evangelio se juega en los márgenes: en 1962, junto al también sacerdote Ángel Silva, fundó en Oviedo la Cruz de los Ángeles, germen de lo que después serían Mensajeros de la Paz, una obra centrada primero en la infancia abandonada y que pronto se amplió a personas mayores, personas sin hogar, mujeres víctimas de violencia y un largo etcétera de descartados.
Aquel proyecto, que hoy trabaja en más de 70 países y fue reconocido con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1994, convirtió al "padre Ángel" en sinónimo de Iglesia de los últimos.
Sin embargo, su biografía no se entiende solo en clave institucional. Desde 2015, cuando convirtió en un ‘hospital de campaña’ la parroquia de San Antón en Madrid y la abrió 24 horas al día, el padre Ángel se convirtió también en rostro de una Iglesia que rompe protocolos para dejar entrar a quien no tiene techo, café ni consuelo.
"La mejor red social es el abrazo y el contacto directo", repite cuando le preguntan por el sentido de esos bancos llenos de mantas y mochilas, o de los desayunos que cada mañana sirven cientos de voluntarios a personas sin hogar.
A su condición de fundador se suma la de agitador de conciencias: no ha dejado de denunciar, desde Religión Digital y otros foros, las condiciones de vida de quienes duermen en la calle o viven una vejez vacía de afectos.
La soledad, su penúltima cruzada.
En los últimos años, el padre Ángel ha afinado todavía más su diagnóstico: por debajo de la pobreza, de la exclusión y del sinhogarismo arde una herida común, la soledad. "La soledad no deseada es la peor enfermedad que hoy tenemos", repite una y otra vez; "no se combate con pastillas ni alcohol, solo se puede combatir con amor, besos y compañía".
De ese convencimiento nacieron iniciativas como el Teléfono Dorado, que lleva más de treinta años funcionando y ha atendido ya a más de siete millones de llamadas de personas —mayoritariamente mayores— que necesitan simplemente hablar, contar su historia, sentirse escuchadas.
La creación de la Fundación Social Padre Ángel es la cristalización de esta intuición en una herramienta específica: un entramado de proyectos y alianzas que va desde el Teléfono Dorado y los restaurantes Robin Hood hasta proyectos de convivencia intergeneracional o mapas de la soledad no deseados en España. "En la Fundación Social Padre Ángel trabajamos cada día para que nadie se sienta solo. La soledad no deseada es un reto social y de salud que nos exige actuar con humanidad y compromiso", proclama el propio equipo, que ha impulsado incluso ante la ONU la petición de declarar el 16 de diciembre Día Internacional contra la Soledad No Deseada. Para el padre Ángel, "la soledad no es un fallo personal, sino un reto social que debemos abordar juntos".
Un viejo soñador que sigue abriendo caminos.
La Fundación Social Padre Ángel se sostiene sobre tres pilares que resumen bien el ADN del cura asturiano: acompañamiento, compromiso y sensibilización. Acompañamiento, porque su apuesta pasa por estar al lado, escuchar, generar vínculos y redes de compañía en barrios y pueblos donde la soledad se esconde tras las puertas cerradas o bajo el disfraz de la vida acelerada.
Compromiso, porque no se conforma con consolar, sino que reclama políticas públicas y recursos para prevenir y aliviar la soledad, sobre todo entre mayores y personas vulnerables; sensibilización, porque sabe que “la soledad es una epidemia silenciosa” y que hace falta cambiar la mirada social para que nadie se sienta invisible.
A sus 89 años, el padre Ángel podría limitarse a vivir de los reconocimientos acumulados, pero sigue empujando puertas. Comparte con el Papa Francisco la convicción de que los dos grandes desafíos sociales son la soledad y la migración, y su agenda diaria -entre San Antón, la "catedral de Justo", residencias, conferencias y entrevistas- lo demuestra.
Su perfil en Religión Digital, actualizado estos días, lo presenta como lo que es: un cura obstinado que cree que "el mundo es bueno" y que insiste en que la solidaridad es el verdadero motor de la historia. Mientras haya alguien que llame al Teléfono Dorado o que cruce la puerta de San Antón buscando calor humano, el padre Ángel seguirá recordando que el Evangelio se conjuga en presente, y que contra la soledad solo valen tres remedios: compañía, abrazo y presencia.