¿En estos momentos quien conduce realmente este mundo? ¿Qué oscuros intereses les alimentan? ¿Adónde nos quieren conducir? ¿Quién puede parar este espiral de odio y violencia entre Rusia y Ucrania, entre Israel y Palestina, Nagorno-Karabaj, Sudán y otros más, menos mediáticos?
Pero lo que nadie nos podrá robar es nuestra capacidad de soñar. Esa capacidad que ya nunca será posible para tantos jóvenes y niños que han muerto en Israel víctimas de un ataque terrorista, ni lo mismo para los palestinos que diariamente son asesinados por las bombas de la aviación israelí. Sin olvidar que el único sueño que les queda a los dos centenares de rehenes es regresar cuanto antes, sanos y salvos, a su vida cotidiana con sus familias. ¿Haremos posible que cumplan este sueño?
Se me ocurría pensar que hace unos años, casi al inicio de su pontificado, Juan Pablo II, convocó a todas las religiones en Asís para rezar por la paz en el mundo. Una iniciativa, no exenta de críticas, por los cancerberos del sistema vaticano.
¿Sería posible que si el Papa Francisco convocara a estos tres personajes (Biden, Xi Jinping y Putin) a Asís acudieran para hablar seriamente da la Paz en el mundo, del desarme nuclear y de salvar al planeta?