El Papa escribe una carta apostólica por los 50 años de Gravissimum educationis, y reclama a la educación católica: “Desarmad las palabras, alzad la mirada, custodiad el corazón”
"La educación católica no puede callar: debe unir la justicia social y la justicia ambiental, promover la sobriedad y los estilos de vida sostenibles, formar conciencias capaces de elegir no solo lo conveniente, sino lo justo"
"La educación cristiana es una labor coral: nadie educa solo”, reivindicando el “nosotros” de la comunidad educativa, cuyo fundamento “sigue siendo el mismo: la persona, imagen de Dios, capaz de verdad y relación”,