3 oct 2026
Palabras musitadas de un padrenuestro
Su piel, sus rasgos, anunciaban la cercanía del final. Estaba profundamente dormida. Recé una oración, más que nada por los familiares. Y los dos días siguientes los pasé con Rosa. No sabría explicarlo muy bien. Pensaba en ella, ¿seguiría viva? No la conocía, ni siquiera había escuchado su voz, pero por algún motivo se me había metido dentro, la hallaba a cada paso, en la oficina, durante esos pedazos de madrugada insomne. ¿Sentiría dolor? ¿O habría ingresado tal vez en una inconsciencia consoladora?