"Digamos que me llamo Pablo, pues al igual que Pablo, el apóstol, pude tener esa experiencia de renacimiento, de sentir: Ya no vivo yo sino es Cristo quien vive en mí … Eufórico por encontrar aquel pozo de agua fresca después de una travesía por el desierto, prometí entregar mi vida a Dios"
"Reapareció algo que ya me había acompañado desde hacía años: la sensación de sentirme arrastrado en una cierta dirección … y por fin supe adónde me arrastraba esa mano que se había aferrado a mi corazón. Fue una gran sorpresa para mí y de igual manera, trajo problemas grandes y sorprendentes"
"La Iglesia no entiende cómo ha podido ocurrir. Para ella, soy un pecador porque siento y vivo como hombre, aunque tenga el sexo de una mujer. La Iglesia sólo quiere aceptarme como yo no soy y por esto me niega el acceso a varios sacramentos"
"Pero 'Dios-en-mi-alma es paz; Dios-en-mi-corazón es amor; Dios-en-mis-manos quiere actuar en el mundo a través de actos que son considerados sacramentales por la Iglesia: bendiciendo, partiendo el pan, bautizando con agua, ungiendo a los enfermos"