James Lekiyai y Moses Lenkupae son dos docentes de Barsaloi, un pueblo del norte de Kenia, en la tierra samburu.
Las autoridades de inmigración les preguntaron por la visa de tránsito y al no contar con ella, les hicieron saber que “sin visa ni un minuto de estadía en este país” y, acto seguido, les quitaron el pasaporte, decomisaron sus teléfonos y los encerraron con otros pasajeros desafortunados. Las autoridades asumieron que eran criminales y que viajar era uno de sus delitos.
Ese día, 10 de diciembre, el mundo celebraba un aniversario más de la declaración de los derechos humanos, también México.
No son pobres, pero son negros y tienen pasaporte africano, son del Sur, y esto en la ecuación de las aduanas y puestos de frontera equivale a pobreza.
Nos queda a nosotros el reto de trabajar para que el mundo sea casa común, que haya sitio para todos, que haya oportunidad para los pobres y los que parecen pobres.