No encuentro palabras para expresar a nombre de mi familia los centenares de acuerdos y recuerdos con motivo de la muerte de mi mamá Blanca Luz
La mejor herencia de mi madre fue su temple de cristiana recia, recta hasta el extremo, consigo misma y con los suyos. Nunca faltó la reprimenda, mejor el reclamo tierno pero serio que exigía orden y concierto
En el día de mi cardenalato, le dijo al Papa Francisco que estaba muy contenta por lo que había hecho con su hijo, pero que le dijera algo porque era muy desobediente
Con el fino humor que lo caracteriza, el Papa Bergoglio le replicó: Qué lástima, me lo dijo muy tarde. Fue y le dio un abrazo y un beso en la frente y le obsequió un rosario que desgranó miles de veces
Quienes la conocieron y trataron, constataron su temperamento, su infatigable afán de servir a los más necesitados que ella
Quiero recordarla, mejor hacerla presente en mi memoria con la imagen de su belleza juvenil expresada por su abuela Malola (mamá Dolores) en unos versos que le escribió cuando cumplió los quince años
Gracias a todos los que me, -nos-, han hecho crecer la auténtica esperanza cristiana, bálsamo en la pena y vigoroso ungüento para el camino de la vida, con su cercanía afectiva y su generosa presencia.