En el bullicioso barrio de Cuatro Caminos, en Madrid, entre unas calles que han cambiado de cara con los años, hay un lugar que parece que no ha perdido ni un ápice de su esencia desde 1947: el Dispensario Benéfico San Antonio
Nacido del sueño y la generosidad de la condesa de Gavia, quien legó su patrimonio con la condición de que se utilizara para los pobres, este espacio es hoy una ‘puerta santa’ de caridad permanente donde el dolor encuentra alivio, esperanza, júbilo
Los tiempos han cambiado, pero el compromiso sigue siendo el mismo: tender la mano a aquellos que han sido excluidos del sistema. Así, cada año, cerca de 5.000 personas cruzan las puertas del dispensario
El dispensario es una red de cuidados y esperanza. Y no solo alivia enfermedades físicas. También atiende necesidades más básicas