Dos hermanos universales
El radicalismo evangélico de dos personajes distantes en el tiempo como lo son el Papa Francisco y Carlos de Foucauld han revolucionado, cada uno en su momento, los cimientos de la Iglesia y su onda expansiva que no dejaba a nadie indiferente han llegado a muchos, creyentes y no creyentes, que han considerado sus vidas y su compromiso como un agua fresca de esperanza para una humanidad, en uno y otro caso, donde la esperanza está herida y amplificada, en el momento presente, por los medios de comunicación instantánea y las posibilidades y riesgos que ofrece la llamada Inteligencia artificial (IA).
Dos personajes que han sido peregrinos en búsqueda de la verdad dejando en su caminar un rastro de humanidad tan grande que ha provocado el deseo de imitación en su empeño de vivir el Evangelio y hermosear el rostro de la Iglesia. Sus biografías, una de la mano de Ignacio de Loyola y otra bajo la influencia del Padre Huvelin, se dan la mano para situarse dentro del misterio de la Encarnación y, desde ese último lugar, para en todo amar y servir en ese itinerario divino “de subir, bajando”.
El número que presentamos, que lleva el número 228 de la época actual de la revista Iesus Caritas, se convierte en una acción de gracias a Dios por el don de estos personajes que son referencia que grita que un discipulado con un compromiso radical es posible por lo que hay que buscar al Maestro en la eucaristía y en el hermano.
Carlos de Foucauld, nos recuerda el Papa Francisco, cuando escribe: «Todo cristiano es apóstol» (Carta a Joseph Hours, in Correspondances lyonnaises (1904-1916), Paris 2005, 92.) y recuerda a un amigo que «cerca de los sacerdotes hacen falta laicos que vean lo que el sacerdote no ve, que evangelizan con una cercanía de caridad, con una bondad para todos, con un afecto siempre preparado para donarse» (Ibid., 90). El Papa seguirá diciendo que «con esta experiencia anticipa los tiempos del Concilio Vaticano II, intuye la importancia de los laicos y comprende que el anuncio del Evangelio pertenece a todo el pueblo de Dios». «San Carlos de Foucauld, figura que es profecía para nuestro tiempo, ha testimoniado la belleza de comunicar el Evangelio a través del apostolado de la mansedumbre: él, que se sentía “hermano universal” y acogía a todos, nos muestra la fuerza evangelizadora de la mansedumbre, de la ternura».
En la lectura de este número de la revista encontrarás una colaboración del obispo Mons. Claude Rault, Obispo emérito de Laghouat-Ghardaïa (Algérie) que contextualiza y pne en situación al lector centrando su reflexión en la esperanza ahora que hemos asistido a la clausura del año jubilar y que ha supuesto un gran impulso para la espiritualidad foucauldiana con la celebración de la asamblea de la Asociación espiritual Charles de Foucauld de la que encontramos información a través de la crónica de Brigitte Leport. Los artículos de Manuel Pozo Oller. San Carlos de Foucauld, una misión de fraternidad, y Enrique Bianchi. Francisco: Hermano de todos. Identificándonos con los últimos, conforman el centro de la reflexión del número que se complementa con el regalo del testimonio de Mons. Fernando Ramón Casas, obispo auxiliar de la archidiócesis de Valencia (España), con el título de El carisma del Hermano Carlos y el ministerio episcopal. Presentamos una memoria agradecida de dos hermanos pequeños del Evangelio.