IR A NUESTROS DESIERTOS
#LectioDivinaFeminista
Me abro a la presencia del Dios que me acompaña permanentemente.
Mt 4, 1-11
En este primer domingo de cuaresma, nos disponemos a escuchar la Palabra que el Dios de la vida tiene para nosotras y nosotros en este día y época que estamos viviendo.
En el ajetreo de nuestro día a día nos detenemos y hacemos silencio, nos damos un tiempo para serenarnos, tomo conciencia de cómo estoy. Me pregunto ¿Cómo me está afectando la realidad que vivo todos los días? ¿Cómo me está afectando este momento social y político tan desconcertante? ¿Qué se mueve en mí: sentimientos, inquietudes, deseos…? Lo nombro: Desesperanza, temor, ansiedad, sueños, deseos… Y dejo que el Dios de la vida, me acoja tal y como estoy… Me abro a la presencia del Dios que me acompaña permanentemente.
Me dispongo a leer las lecturas de este 1º domingo de cuaresma, abierta a la sorpresa, a dejarme iluminar por la Palabra, dejar que ella dé luz todos mis rincones, hasta los más escondidos.
En el Evangelio de este domingo, nos dice que, tras el Bautismo, el Espíritu condujo a Jesús al desierto para ser tentado por el Diablo. Hoy nos vamos con Jesús al desierto, a nuestro propio desierto, ese lugar donde nos encontramos con nosotras mismas, con nuestra verdad desnuda, con las preguntas existenciales de la vida.
Es ahí, en nuestro desierto, donde somos amenazadas de desesperanza, miedo, tristeza y donde si somos sinceras podemos descubrir que tras esa tristeza se esconden deseos y aspiraciones que en el fondo no nos gusta reconocer.
Cuantas veces detrás de nuestra entrega a la misión hay narcisismos escondidos, búsquedas y demandas de reconocimiento no dichas. Cuantas veces somos tentadas y tentados de utilizar los mismos modos autoritarios y dominantes del sistema patriarcal que criticamos. De qué manera se nos cuela sin querer la competencia en las relaciones y luchas sutiles de poder, que nos dificultan trabajar en equipo y relaciones sanas. Cómo nos cuesta pasar de la discusión que se empeña en tener razón al diálogo empático… que ve más allá de las razones.
Jesús en el desierto aprendió que ser Hijo de Dios, es un camino de kénosis. Camino que empieza por acoger los propios límites y abandonar la vida en las manos del ABBA, confiadamente, buscando su querer. Que el Reino se construye desde abajo, tejiendo redes con otros y otras, construyendo sororidad, poniendo humildemente lo que somos y tenemos a su servicio.
Como a Jesús, hoy nos ayuda el ponernos a la escucha de su palabra y dejar que su Espíritu vaya curando nuestras heridas, apaciguando nuestros miedos e inseguridades, dándonos la suficiente certeza de ser hijas e hijos amados que no necesitemos mendigar reconocimiento y prestigio.
Que como Jesús aprendamos ese lugar humilde que no es el centro, ni ser superior a nadie, ni estar por encima de la naturaleza, sino al lado de los otros y de las otras, de todas las criaturas, en relaciones de profundo respeto y reconocimiento mutuo, de cuidado y no de dominio.
Que el Señor nos dé a descubrir la riqueza escondida en las pequeñas cosas y acontecimientos, a descubrir las oportunidades que nos brinda la vida…
Que su espíritu nos haga personas auténticas, profundamente libres y proféticas para denunciar con nuestra propia vida tanto atropello de la vida y buscar formas de relación alternativas.
Me adentro en ese desierto personal con Jesús, al lugar de mis búsquedas personales, allí donde se me remite a mis propias opciones, decisiones y responsabilidad personal. ¿Qué quiero vivir y cómo?
Déjate acompañar por Jesús, con su humanidad tentada, que él acompañe tus propias preguntas, dudas, búsquedas… Date un tiempo para serenamente estar con Él, respirando alguna de las palabras del texto que hoy son especialmente significativa para ti.
Mt 4, 1-11
Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
¿De qué tengo hambre? ¿Cómo lo busco saciar…? ¿Qué me ofrece el Dios de la vida?
Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, En sus manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
- ¿Acojo mis límites? ¿Sé medir mis fuerzas y decir No cuando es necesario, o me pongo a mí misma en situaciones límites? ¿Qué me mueve a ello? ¿Qué me siento llamada a modificar en mi vida?
Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.
- ¿Qué invitación voy sintiendo en este rato de oración?
¿Qué frase y palabra me resuena especialmente? Me detengo en ella.
¿Qué significado tiene para mí en este momento? ¿A qué me mueve?
Que quiero agradecer, pedir… formulo mi propia oración.
CANTO PARA ESCUCHAR:
SEAS (grupo Ruah) : https://www.youtube.com/watch?v=waQqeP1rddE
ORACIÓN FINAL
Te pido Señor que me acompañes en el camino de la vida ¡Que evites que todo en mí sea inmediatez, dame sosiego, acompaña el latir de mi corazón que a veces se acelera impidiéndome obrar con serenidad y desde ti! Amén