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#sentipensares2026

Sentipensares 2026 (1)

Eclo 15, 14-17

           "Él hizo al hombre en el principio y lo dejó librado a su propio albedrío.

Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada. Él puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano. Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera."

 Como hijas e hijos de la Creadora/Creador celestial, somos bendecidos con cualidades o dones que se nos otorgan. Y al conocerlos, vivirlos y compartirlos nos enseñan que igualmente la Madre/Padre amoroso los tiene, por lo que nos parecemos a Ella/Él, como una hija o hijo se parece en rasgos físicos, o emocionales a sus padres terrenales. Estos son: la libertad, la capacidad de amar, la conciencia, la voluntad y la inteligencia.

 Por eso es vital enseñar tanto a las MUJERES como a los varones, a saber primero que tienen esas cualidades y después que es responsabilidad de cada uno, saberlas utilizar para tener una vida plena.

 Vivir con libertad conlleva una responsabilidad muy fuerte, pues al ejercer este don, se tiene que observar que aunque uno pueda llevar a cabo una variedad de acciones, es importante tomar en cuenta, que estas no afecten negativamente a los que la o lo rodeen. Por ello es necesario no solo conocer estas cinco cualidades que la Ruah divina da, sino aprender a utilizarlas en favor personal y consecuentemente en forma responsable y favorable para con los demás; para construir un entorno equilibrado. Eso no quiere decir igualitario, no, porque como seres únicos y con capacidades específicas y variadas, cada uno necesitamos un grado diferente de repercusiones favorables, pero lo que sí es real, es que todas y todos tanto tenemos esas cualidades como necesitamos las consecuencias favorables. Por eso al ejercer con responsabilidad los dones particulares, cada uno, no solo se beneficia primero personal y después, comunitariamente, creando un mundo mejor, en el que se nos da la oportunidad de vivir.

Es así como lo muestra la siguiente historia

Entre la Madre/Padre misericordioso y una madre.

—Por qué Señor, por qué me castigas así. Mi hija se murió y aunque te lo pedí ¡no hiciste nada, nada! La dejaste morir. ¿Dónde estabas?, yo casi nunca te he pedido algo y cuando lo hice, ni me escuchaste. Eres malo.

—Por supuesto que te he escuchado y siempre he estado a tu lado. Me ha dolido mucho como murió tu hija, así como desperdició los dones o regalos que le di. Te faltó enseñarle lo que desde pequeña habías aprendido acerca de mi amor por cada una, por cada uno y de que era importante viviera con responsabilidad para su conveniencia y, por tanto, con consecuencia saludable para la buena convivencia con los demás.

—Pero estuve muy ocupada, tuve que lidiar con toda la responsabilidad de la familia y es mucho trabajo. No me alcanzaba el tiempo para enseñarle lo que dices.

—Sé que has trabajado mucho, pero también hiciste caso omiso de mis enseñanzas. Recuerda que desde que era una niñita, le enseñaste que se sentara sobre las piernas de tu marido para que lisonjeándolo le diera lo que quería. Y cuando te diste cuenta de que la acariciaba faltándole, no paraste, sino que lo omitiste. Sabías a lo que la exponías.

—Bueno, pero era su papá y como ha sido muy codo, pues había que sacarle de alguna forma el dinero. Yo que iba a saber que le haría un hijo y al abortar muriera.

—Con tus formas libertinas de enseñarle, le fomentaste al paso de los años que se pusiera en peligro, elegiste lo más fácil y eso le ocasionó la muerte. Asúmelo y cambia, tienes otro hijo y él necesita de ti para poder vivir saludablemente como hijo mío. Recuerda que los amo y al darles la libertad, respeto las decisiones de cada uno.

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