María en tu desierto
#8MCuaresma
María era mamá, discípula y apóstola
"Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre." Mt 4, 1- 2.
Jesús es bautizado y vive ese episodio tan revelador que después inspirado por la Ruah divina se encamina hacia el desierto. Ahí permanece cuarenta días y cuarenta noches donde es tentando por el diablo de varias formas que intentan afectarlo en su naturaleza humana a través del placer, del poder y del poseer. Aunque el texto evangélico no lo dice, es muy probable que María, su mamá, se enteró en algún momento y también haya experimentado el desierto de su Hijo, desde su ser maternal.
Pensemos que como mamá amorosa se preocupó primero y luego se ocupó de hacer lo que era necesario hacer para interceder por su Hijo ante la Madre/Padre celestial, es decir, orar. Sabía de los peligros en el desierto, ya fueran los animales ponzoñosos que podían lastimarlo, tanto como las carencias a las que se estaba enfrentando como la abstinencia del agua y de alimentos, pero Jesús a lo que se estaba exponiendo no solo era a fortalecer su resiliencia humana, sino a templarse ante el tentador y a profundizar en su autoconocimiento divino.
En el contexto bíblico el número cuatro y sus múltiplos son sinónimo de totalidad, así que, cuarenta era signo de todo. Y María aunque sabía que su Hijo era muy especial y se percataba que se iba revelando, no dejaba de ser una MUJER de su tiempo y cultura, con sus limitaciones naturales. Pero aun así tenía un elemento que continuamente acrecentaba, su fe, en lo que su Hijo decía, hacía y pedía. María era mamá, discípula y apóstola, y como tal, se lo hacía sentir y saber. Así que como mamá amante e inteligente, sabía que su herramienta en esos días de desierto era la oración de petición y de intercesión, pidiendo protección para Jesús, ante ABBA. Lo más factible es que la ejerció.
En lo particular, la intercesión de María en mi vida es un testimonio real de su intercesión y protección cuando lo he necesitado. Por tanto, la invitación es, si ella fue una mamá de su cultura, imaginémosla procurándolo como cualquier otra lo hacemos con alguno de nuestros hijos y también llamándole la atención cuando Jesús hacía algo inconveniente. Estar seguras(os) que Jesús fue un ser humano como cualquiera de nosotros menos en el pecado es lograr tener una cercanía más fuerte, más potente con este Dios amante, que se abajó para que pudiéramos comprenderlo. Cuando reflexiono acerca de estos hechos, llego a la conclusión que el amor tan grande que la Madre/Padre, Dios ha tenido con cada uno de nosotros al darnos la vida, es realmente inmenso, es sentir su amor, su cercanía y su misericordia.
No obstante, cuando Jesús vino al mundo y asumió su condición humana, necesitaba del cuidado de unos padres, de una familia y la Madre/Padre Dios, se los dio con María y José. Donde María, en cada paso que Jesús daba, aunque muchas veces tal vez no lo comprendiera, estaba cercana y le enseñaba e indicaba cómo comportarse y muchas más a través de la oración pidiendo su protección. Cuántas veces, María no se habrá cuestionado si lo que hacía su hijo era adecuado. O más aún, cuántas otras más, lo habrá orientado desde su perspectiva femenina para que Jesús como hijo fuera aprendiendo y en todas sin dejar de ser mamá. Más también, era la discípula que estaba atenta aprendiendo a lo que el Hijo le iba enseñando. Por eso en este día, aunque a María en los evangelios se le recogen muy pocas veces alguna frase de sus labios, hay un algo que es contundente: "Hagan lo que Él les diga" Jn 2,5. Esta frase es un testamento, donde hay ganancia siempre que se asume.
Pero nosotras para poder tener la fortaleza en hacer lo que Jesús nos pide, podemos utilizar la intercesión de ella como madre amorosa que nos dice por ejemplo en su advocación de Santa María de Guadalupe: ¿qué te aflige, qué acaso no estás en mi regazo? Por tanto, si cada una de nosotras estamos ciertas que estamos a resguardo, en buen lugar, en el seno de María y que ella puede interceder por cada una(o) de nosotros ante el Hijo amado ¿qué esperamos? María no sabía con certeza lo que iba a pasar Jesús en el desierto, y ¿de qué manera lo acompañó? A través de la oración de intercesión. Un tiempo alejada de su hijo físicamente, pero unida fuertemente a Él por el vínculo maternal. Mientras Jesús, sabiéndose amado por su madre, aunque alejados físicamente estaban completamente unidos, una en el Otro, el Otro en la una.
Ya que el desierto que recorre una MUJER ecofeminista es arduo, muchas veces señalada y criticada, otras incomprendidas, y algunas más excluidas, es muy probable que María, MUJER y madre de Jesús, también las viviera.
Por lo que, si nosotros vemos a María, MUJER fuerte, inteligente, valiente intercediendo por su Hijo, cuando Él lo necesita. También nosotras pudiéramos pedirle ayuda a la MUJER/madre de Jesús y nuestra (nombrada así al pie de la cruz), para nuestros proyectos personales que glorifiquen a su Hijo.
Imagínate como si estuvieras en los brazos de María sobre su regazo, y luego te traslada a los brazos de Jesús, pidiendo para y por ti. Y sonriendo le comunica a Jesús que aquí estás con ella. Que quieres estar con Él, pero que no sabes cómo hacerlo, que imploras su amor maternal y su protección intercesora. Ya que estás pasando por tu desierto, donde te acechan y necesitas descansar, y requieres sentirte protegida para proseguir. Y crees que para lograrlo es en su regazo y en el amor fiel de Jesús por ti, tu hermano, tu guía; hombre y Señor de la vida que vino a restaurar el orden de respeto, igualdad y amor por MUJERES y hombres.
Por tanto, los morados necesitan ser símbolos de lucha y esperanza del desierto y del ecofeminismo que toda MUJER necesita enarbolar desde la comprensión sorora en este mundo actual.
Martha Eugenia,
Mujer Mariposa.