Ser y hacer
#LectioDivinaFeminista
Mateo 5:13-16 PDT
Ser y hacer. La lectura de este domingo nos lleva a la ladera de una montaña donde Jesús da su primer sermón. Luego de las bienaventuranzas, el Maestro de Nazaret revela cuál es la identidad y tarea de sus seguidoras y seguidores.
I. Preparación
Al orar este texto del Evangelio, nos presentamos delante de Abbá-Immá para meditar y orar Su Palabra en sororidad. Invocamos al Espíritu Santo, Ruah divina, rogándole que envuelva nuestro ser con su gracia y nos guíe a toda Verdad.
II. Lectura. ¿Qué dice el texto? Mateo 5:13-16 PDT
Sal y luz del mundo
13 Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo podría volver a ser salada? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por la gente.
14 Ustedes son la luz que alumbra al mundo. Una ciudad que está en un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cesto, sino sobre el candelero para que ilumine a todos en la casa. 16 Así mismo, ustedes deben ser luz para los demás de tal manera que todos puedan ver sus buenas obras y adoren a su Padre que está en los cielos.
III. Meditación. ¿Qué nos dice el texto a nosotras/os? Dando un vistazo contextual y exegético a la breve perícopa, observamos que Jesús, en la costumbre de los maestros judíos, “se sentó” a enseñar. Sin embargo, siguiendo un estilo propio, el Maestro hablaba ex cátedra no solo a sus selectos discípulos sino también a las multitudes; y su asiento podía ser tanto la popa de una barca de pesca o la ladera de un monte como el elegante cojín de alguna casa distinguida.
Respecto del sermón, vemos desde el principio que está dirigido a personas que viven situaciones de vulnerabilidad, dolor y opresión. Aun así, son desafiadas a la esperanza y el buen obrar. En este sentido, y a propósito de las metáforas de la sal y la luz, recordemos que el judaísmo del siglo I utilizaba la sal no solo para dar sabor, sino también para preservar y purificar. Por su parte, la luz era símbolo de sabiduría, de la Ley y la misión de Israel como siervo de Dios (Is. 42:6). De modo que, declararles a personas mayormente sencillas y excluidas –no a las elites políticas ni religiosas- que poseían tal identidad y responsabilidad ¡era un mensaje extraordinario!
Esta antigua enseñanza nos interpela a sus discípulas y discípulos de hoy. Nos exhorta a recuperar la esencia de nuestra identidad y el compromiso con nuestra misión. ¡El Maestro nos incomoda, despierta nuestras conciencias y empuja a la acción!
Preguntas: ¿Qué cosas pueden estar destruyendo nuestra identidad como hijas e hijos de Dios? ¿Por qué razones algunas/os estamos perdiendo sabor u ocultando nuestra luz?
IV. Oración. ¿Qué le respondemos a Dios?
Abbá,
Confesamos, arrepentidas/os, nuestros descuidos y temores.
¡Ayúdanos a convertirnos de corazón en este día!
Danos entendimiento para discernir si el error viene de nuestro interior o si somos víctimas de las estructuras de poder de este mundo.
Renueva nuestras fuerzas para que con decisión y osadía volvamos a recuperar nuestra identidad y a acoger la tarea que nos propones.
Tu Buen Espíritu, Ruah divina, nos guíe siempre para que nada impida que podamos ser y hacer lo que tú deseas.
En el Nombre de tu Hijo Jesucristo oramos.
Amén.
V. Contemplación: ¿Qué nos da a conocer esta lectura?
Al meditar esta Palabra, comprendemos la mirada de Jesús respecto de las gentes sencillas que lo seguían: él reconfigura sus identidades y las coloca como sostén y guía del mundo. ¡La novedad de vida de las hijas e hijos de Dios!
También podemos observar, analizando con criterio de género, que en estas metáforas utilizadas por Jesús se intuyen tareas tradicionalmente adjudicadas a las mujeres -sazonar, preservar, cuidar, iluminar- pero que eran realizadas de forma intrascendente e invisible. Sin embargo, el Maestro de Nazaret declara el valor espiritual y público de estas acciones y lo imprescindible de su manifestación. Podemos afirmar que es una enseñanza despatriarcalizante porque pone en evidencia que a la autoridad moral y espiritual no la ostentan varones que tienen poder político o religioso, sino personas y comunidades maltratadas que encarnan la Buena Noticia.
Para reflexionar:
¿Qué personas o colectivos son dejados al margen, silenciados o invisibilizados en nuestra comunidad de fe y sociedad?
¿Necesitamos ser restauradas/os por Jesús para asumir la identidad de “sal de la tierra y luz del mundo” que quizá nos ha sido arrebatada o se ha desgastado por la opresión y el silenciamiento?
VI. Compromiso: ¿Qué podemos hacer?
Jesús está denunciando a las estructuras que esconden, apagan o subestiman los dones de las personas discriminadas en los espacios de liderazgo y autoridad espiritual, pero, también, nos hace un llamado a la acción.
A continuación, algunas ideas para que todas y todos podamos practicar lo que el Maestro espera:
*Visibilicemos a mujeres y otras personas marginadas en nuestros espacios de influencia.
*Confrontemos las estructuras en las que se pretende imponer silencios, discriminación, ocultamiento.
*Practiquemos el cuidado mutuo, la defensa de la dignidad de todas las personas, la preservación de los valores.
*Releamos las Escrituras de manera contextual y con criterio de género; recuperemos relatos de mujeres y otros personajes considerados “de segunda”, con profundo interés teológico, que nos sirvan de modelos de como “ser y hacer” en nuestro tiempo y contexto.
*Encarnemos la Buena Noticia del amor y salvación de Dios, sin perder nuestra esencia ni escondernos porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos e hijas de Dios. (Rom. 8:19 RVC)
Para finalizar nuestra meditación, podemos orar con esta bella canción de Salomé Arricibita: Luz y sal. https://youtu.be/n_m5U2to6Vk?si=fSU5j3vhN4kLD_Cs
/Quiero aprender a ser luz,
quiero aprender a ser sal,
que mi presencia callada ilumine colores y
afine sabores de vida y de paz. /
Luz, para iluminar caminos;
Sal, para despertar sentidos.
Luz y sal, sal y luz.
Luz para ver con claridad,
sal para el saber y saborear ...