Gugerotti: "Una Tierra Santa sin creyentes es una tierra perdida"
La Santa Sede lanza la tradicional Colecta por los Santos Lugares este Viernes Santo, poniendo énfasis en la situación de violencia y el progresivo abandono de los cristianos en Oriente Medio
Querido hermano,
¡Cuánto hemos esperado que la paz pudiera finalmente devolver la vida y la esperanza a Tierra Santa! Los así llamados diálogos y acuerdos se han multiplicado, pero al mismo tiempo las armas no han callado. Se ha dicho que se ha alcanzado la paz; sin embargo, aunque los medios de comunicación hablen hoy mucho menos que antes, se sigue disparando, las personas continúan muriendo, las tierras siguen siendo disputadas y los cristianos siguen emigrando para salvar sus vidas. Incluso las escuelas, con frecuencia, no pueden contar con los profesores, porque no se les permite transitar.
Sé que dirigirme a ti y a la familia cristiana de la que eres responsable es cada vez más difícil, y que las palabras que te dirijo año tras año pueden parecer repetitivas. Sé que cada vez es más arduo pensar en desinfectar y vendar, mientras sea posible, las heridas de este mundo tan atrozmente desgarrado. Pero los cristianos no podemos sino esperar, porque Dios es nuestra esperanza, y Dios no defrauda. Ese crucifijo que cuelga en nuestras habitaciones y en nuestros lugares sagrados es el signo de una vida más fuerte que la muerte, pero que ha pasado a través de la muerte. Debemos cambiar mucho: de mentalidad, de sensibilidad, de prioridades en la vida cotidiana, porque este mundo nos deshumaniza progresivamente sin que nos demos cuenta.
No nos olvidemos nunca de rezar, porque Dios es nuestra esperanza. Pero ahora deseo proponerte un pequeño gesto que va precisamente en la dirección de esta conversión, de este cambio: ofrecer un poco de nuestro dinero para ayudar a nuestros hermanos y hermanas que se encuentran en peligro extremo a vivir un día más, a encontrar la esperanza y la posibilidad de volver a empezar. Es un gesto importante para ellos, fundamental para la Custodia de Tierra Santa, que desde hace tanto tiempo vela sobre los lugares que marcaron la vida del Señor Jesús. Se trata de un gesto importante también para nosotros, porque nos ayuda a comprender que, sin un sacrificio, sin un cambio real en nuestra existencia, permanecemos inertes en este mundo en llamas y, por tanto, nos volvemos cómplices de quienes lo incendian.
Un gesto que se concretará en casi todo el mundo (pues algunas comunidades han elegido otra fecha) precisamente el Viernes Santo, el día en que recordamos a Aquel que dio no una limosna, sino su propia vida, su último aliento, que es el Espíritu Santo, para que este mundo fuera sanado y recomenzara a esperar en lo inesperado. Los Papas han querido este gesto y continúan queriéndolo, porque están convencidos de que solo en la paternidad, en el compartir y en la amistad solidaria se puede reconstruir una realidad que vuelva a tener semblanza humana, y llevar a cabo el proyecto de humanidad querido por Dios desde el momento de la creación.
Muchísimos cristianos de Tierra Santa lo han perdido todo, incluso el trabajo que provenía del servicio a los peregrinos. Ahora, casi todos ellos, por miedo, tienden a no aventurarse más en aquellas tierras
Para vivir, también es necesaria de vuestra contribución. Muchísimos cristianos de Tierra Santa lo han perdido todo, incluso el trabajo que provenía del servicio a los peregrinos. Ahora, casi todos ellos, por miedo, tienden a no aventurarse más en aquellas tierras. Nuestros hermanos y hermanas en la fe que habitan los Santos Lugares saben que, con vuestra ayuda —y quizá solo con ella—, aunque no se pueda garantizar su incolumidad, al menos podrán reabrirse las escuelas, se podrán construir algunas viviendas nuevas y, allí donde la destrucción es total, se garantizarán algunos cuidados. Primero las bombas y luego las catástrofes naturales han desfigurado su tierra, haciéndola inhabitable, por no hablar del número creciente de víctimas, sin un solo día en el que puedan respirar con serenidad.
Te ruego que, con las palabras que mejor se adapten a la sensibilidad de tu gente, hagas resonar nuestro deber de cuidar de Tierra Santa, así como de tantos otros lugares devastados. Comparte imágenes, sensibiliza a través de las múltiples fuentes que dan a conocer el esfuerzo cotidiano de los pocos cristianos que logran permanecer en su tierra. Existen muchos medios disponibles, comenzando por los llamamientos de los Papas y de los pastores comprometidos del lugar. Procuremos que nuestra gente llegue a la Colecta con la conciencia de que dar es un signo fuerte de fe, de que una Tierra Santa sin creyentes es una tierra perdida, porque se pierde la memoria viva, que es la continuidad con la fuente de la salvación que nos ha regenerado en Cristo. Exhorta, convence, despierta las conciencias y llámalas a la solidaridad de este único Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, extendida por todas las tierras del mundo. El sacrilegio no es solo un acto cometido contra la Eucaristía; también es un sacrilegio el acto cometido contra el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. ¡Cuánto insistía San Agustín en este concepto: cuando recibes el Cuerpo de Cristo en el altar, ten presente que recibes lo que eres! «Convertíos en lo que veis y recibid lo que sois» (Serm. 272).
Estoy convencido de que nuestra gente —tu gente— no será insensible a este llamamiento, porque las fibras más vivas, aquellas que el Bautismo ha hecho parte integrante del deseo universal de bien que nos prepara para el encuentro con Dios, solo esperan ser reforzadas o, al menos, simplemente despertadas. El Papa León XIV no cesa de recordar a nuestra mente y a nuestro corazón este compromiso de ser uno para que haya paz; no una tregua provisional, no un odio perpetuo, no un gasto inmenso en armamentos, sino una contribución a nuestro renacimiento común: «Quiero dar gracias a Dios por los cristianos que, especialmente en Oriente Medio, perseveran y resisten en sus tierras, más fuertes que la tentación de abandonarlas. A los cristianos se les debe dar la posibilidad, no solo con palabras, de permanecer en sus tierras con todos los derechos necesarios para una existencia segura. ¡Os lo ruego, comprometámonos con ello!» (Audiencia a los participantes en el Jubileo de las Iglesias Orientales, 14 de mayo de 2025).
¡Cuántas veces he visitado personalmente a esas minorías cristianas que cada mañana se despiertan con el peligro de no tener ya un lugar donde existir! Ayudadnos a ofrecerles una esperanza concreta y no solo palabras de consuelo, porque nosotros, que los visitamos, sabemos que nos marcharemos de allí, mientras que ellos se quedan con sus miedos, incluso con el terror de que, precisamente por ser cristianos, puedan ser eliminados. La Colecta para Tierra Santa, con la ayuda diaria e inestimable de nuestros franciscanos y de todos los que animan y sirven en las comunidades locales, será una gota en el océano; pero el océano, a fuerza de perder sus gotas, se está convirtiendo en un desierto.
Que el Señor bendiga abundantemente a quienes, también en este Viernes Santo, se sientan deudores de la vida recibida y cooperadores de una creación que acerque la Jerusalén terrena a la Jerusalén celestial. Gracias, querido hermano, por escucharme. Que el Padre sostenga tus esfuerzos por la paz y tu contribución para dar vida a quienes son víctimas inocentes de la guerra. Caín y Abel siguen existiendo hoy. Y, sin embargo, el Hijo de Dios nos ha mostrado que, cuando hay que elegir, no se quita la vida al otro, sino que se entrega la propia por el otro.
Claudio Card. Gugerotti
Prefecto
Michel Jalakh, O.A.M.
Arzobispo Secretario