Los claretianos inauguran la Semana de Vida Consagrada sin paños calientes: "Nos estamos quedando en los huesos"
Esta mañana se ha inaugurado en Madrid la 55ª Semana Nacional Institutos de Vida Consagrada, con un lema que no esquiva la complejidad del momento de la vida religiosa en España y en Europa: "Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto". Pero no hay desánimo, sino llamada a "la debilidad como lugar teológico"
Sin paños calientes. Así ha comenzado esta mañana en Madrid la 55ª Semana Nacional Institutos de Vida Consagrada, con un lema que tampoco esquivaba la complejidad del momento: "Afrontar la reducción. Caminando y habitando en el desierto". Expresiones como "somos sombra de lo que éramos" o "estamos en los huesos", pronunciadas en la introducción de estas señeras jornadas por el claretiano Antonio Bellella, director del Instituto Teológico de Vida Religiosa Escuela Regina Apostolorum (ITVR ERA), enfocaban con crudeza la realidad de la vida religiosa en España y en Europa, pero, para desde ahí, y a través del discernimiento y las reflexiones que se ofrecerán hasta el próximo sábado, 11 de abril, afrontarla no como "metáfora de muerte, sino de gestación".
Comenzó Bellella contextualizando esa situación en la propia biografía de los consagrados nacidos en España entre 1940 y 1950, cuando "la religiosidad cristiana era una realidad omnipresente en la sociedad", una generación que vivió "la gran transformación eclesial del Concilio Vaticano II y el postconcilio", y cuyos sesenta últimos años han sido "un largo período de prueba y de purificación", una experiencia de “crisis cronificada” que "parece haberse convertido en el clima ordinario de la vida consagrada en Occidente".
"¿Qué ha ocurrido en este largo período?", se preguntó Bellella ante los centenares de religiosos y religiosas que siguen esta Semana tanto de manrea presencial como online. Recurriendo al texto de Elías en el Horeb, identificó "primero un viento fuerte produjo desorientación, un número de abandonos desalentador y una pérdida progresiva de relevancia social", al que siguió "el fuego fue consumiendo las fuerzas (y quemando a muchos) durante años de polémicas espirituales e intelectuales, desafecciones, disgustos, vacilaciones y posturas enfrentadas" para certificar que "el terremoto llegó cuando los noviciados se vaciaron, el proceso de envejecimiento obligó a cerrar casas, muchas ilusiones se derrumbaron al tiempo que los proyectos nuevos no terminaban de cuajar".
"Poco a poco –añadió–, se impuso una triple constatación: la de ser menos, ser más ancianos y estar bastante desorientados. Visto con frialdad y hablando con cierta crudeza, somos sombra de lo que éramos", remarcando también lo que quedaba "del supuesto idilio preconciliar, tardó poco en desvanecerse", abogando unos "por un movimiento restauracionista", mientras otros "dejaron de lado las lamentaciones para buscar caminos y entretejer itinerarios de esperanza", lo que dio lugar a "nuevas palabras como refundación, nuevas formas de vida consagrada, nueva evangelización, re-estructuración, misión compartida,liderazgo, nuevo paradigma y familias carismáticas".
Así la cosas, el director del ITVR aseguró que "la vida consagrada en Europa y España ha experimentado y está inmersa en un doble y complejo proceso: el de reducción y el de metamorfosis radical", pero, para dejar planteados los verdaderos objetivos de esta Semana, señaló que "la categoría teológica más fecunda no es la de eclipse, sino la de Kairós: un tiempo oportuno para discernir los signos del Espíritu".
En este punto, añadió, "en ese vaciamiento, la vida consagrada está llamada a reencontrar su forma más evangélica: la debilidad como lugar teológico, la pobreza como signo, la comunión como profecía" y, para ayudar a ello, esta Semana —como las cincuenta y cuatro anteriores— quiere ser un ejercicio de discernimiento eclesial" para que "frente al desánimo o el activismo, la vida consagrada está llamada a reaprender la activa pasividad del Espíritu, a confiar más en la fecundidad de Dios que en la eficacia de sus programas, en los tiempos de Dios que en los plazos de ejecución".
"Habitar el desierto de la reducción no es instalarse en la resignación, sino descubrir su potencial teológico. El desierto ha sido siempre lugar de paso y de revelación: allí arde la zarza, se escucha la voz, se aprende la obediencia, se camina como pueblo. En un contexto cultural de aceleración, el desierto se convierte en espacio de serenidad y fuerza escondida. No es metáfora de muerte, sino de gestación", subrayó el religioso claretiano, concluyendo su introducción invitand a fijarse en la imagen de esta 55ª Semana: "No se trata de un desierto condenado a la esterilidad, sino de un lugar de nacimiento nuevo: el árbol y la hierba crecen hacia abajo. El desafío consiste en discernir qué semillas de Reino están germinando bajo la arena".
Luis Ángel de las Heras, obispo de Léon y presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, en su turno de palabra, mostró su Gratitud al ITVR por la organizacion de estas Semanas, que nos ofrecen "un juicio sereno para discernir juntos lo que vivimos y encontrar, ojalá, nuevas perspectivas".
"A lo que nos gusta el otoño y el invierno, nos parece que esta situación está llena de vida en potencia. En tiempos de reducción y de desierto que nos hace ver la aridez pero también la vida que puede portar, es especialmente valioso contar con espacios donde pensar la realidad a la luz de la fe y donde poner nombres sin miedo a las preguntas y dejarnos iluminar juntos por la Palabra, por la sabiduría, la reflexión profunda y la experiencia creyente de tantas personas consagradas".
"Con bastón también se puede seguir al Señor"
"En nombre de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada –añadió el también religioso claretiano–, quería deciros que la Iglesia necesita una Vida Consagrada menos preocupada por contar números y fuerzas y más decidida a aprender la totalidad del seguimiento de Cristo con paso lento y con bastón, porque con bastón también se puede seguir al Señor con vitalidad".
Jesús Díaz Sariego, como presidente de la CONFER, agradeció también la aportación de estas Semanas e inicidió en algo que se había dicho también ya por otros intervenientes –como María José Tuñón, directora de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada–: "La vida consagrada esta viviendo su propio kairós, no todo es voluntad humana, pero hay una voluntad de Dios que está por detrás y que es la que tenemos que descubrir", y reconoció que le preocupaba "cómo transmitir a las nuevas generaciones de religiosos y religosas este kairós, este cambio", pero remarcando que "la reducción tiene valores evangélicos".
"Estamos percibiendo un cambio en la propia Iglesia –apuntó en su saludo el religioso dominico–, están sugiendo demandas sociales que encuentran en la sabiuduría eclesial respuestas. Hay un nuevo movimiento, muy tímido, pero que ya estamos percibiendo en nuestros propios colegios e instituciones, cuando la sociedad secular toca fondo, vienen las preguntas, las búsquedas y hay una demanda espiritual que viene con nueva fuerza, y tenemos que escucharla, acompañarla y sobre todo que formarla".
Por su parte, Adolfo Lamata, provincial de los claretianos de Santiago, reconoció que "el tema que nos convoca, 'afrontar la reducción', no es neutro. Nos toca por dentro. Es un aldabonazo que nos revuelve e inquieta", porque "habla de números que bajan, de obras que se cierran, de comunidades que envejecen, de decisiones que duelen. Pero también habla de algo más profundo: de cómo nos situamos ante un cambio de época que no hemos elegido, pero que sí estamos llamados a abordar y a discernir para mejor actuar".
En este sentido, el provincial claretiano invitó a los religiosos y religiosas "a mirar la reducción no como una derrota, sino como un kairós, un tiempo oportuno. A preguntarnos no “cómo recuperar lo que fuimos”, sino qué forma de vida religiosa necesita hoy el Evangelio en Europa", a "discernir qué debemos dejar ir, qué debemos transformar y qué debemos custodiar con más fuerza que nunca".
"La transformación no empieza mañana: empieza hoy, aquí, con nuestra disposición a caminar juntos, a soltar lo que pesa y a abrir espacio para lo que nace", concluyó su saludo Lamata.