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Desde la libertad del corazón, trabajar la verdadera liberación de nuestro pueblo

“Yo les repito, a los que todavía no se apartan de estar de rodillas ante su dinero, que se sepan desprender a tiempo por amor, antes que los arranquen por la violencia. Este es el peligro de la extrema derecha. Y no sólo de la extrema derecha, de todos.Mi visión pastoral, palabra de Evangelio que estoy predicando, y desde Cristo digo que el gran peligro de la verdadera civilización es el amor desmesurado de los bienes de la tierra, y que el ejemplo de estas dos viudas y del profeta Elías son llamadas elocuentes de Dios en una hora bien oportuna para El Salvador: desprendimiento para tener libertad, y sólo desde la libertad del corazón, trabajar la verdadera liberación de nuestro pueblo.” (11 de noviembre de 1979)

En varias ocasiones, monseñor Romero deja bien claro de qué se trata: «No estar de rodillas ante su dinero, desprenderse de los bienes, no amar desmesuradamente los bienes de la tierra, desprendimiento para tener libertad, libertad del corazón».

Lo triste es que quienes están de rodillas ante su dinero tienen todos los recursos (financieros, políticos y legales) para garantizar, tarde o temprano, el logro de sus objetivos: obtener cada vez más dinero. Así, en El Salvador, se observa con claridad lo que, por ejemplo, la familia oligárquica Dueñas hace con su nuevo proyecto habitacional y comercial en el Valle El Ángel.Son muy conscientes de que van a destruir muchas fuentes de agua cercanas a San Salvador y a otros municipios vecinos. Pero no hacen ruido. Han facilitado terrenos para dos expresiones religiosas: los heraldos del Evangelio, con su construcción de la catedral de la Virgen de Fátima, y —si no nos equivocamos— la Iglesia evangélica Elim. Los Dueñas no están en las calles protestando. Tienen tiempo y utilizan todos sus instrumentos de lucha para lograr sus objetivos de enriquecimiento.

En muchos países suceden cosas semejantes.Las familias que obtienen grandes ganancias de sus empresas, inversiones, puestos políticos, etc., no hacen ruido. Conocen todas las puertas traseras para no tener que pagar impuestos justos sobre sus ingresos, y mucho menos sobre sus capitales y propiedades. Siguen enriqueciéndose de forma lujosa sin aparecer en las redes sociales. En Bélgica, el 1 % de las personas más ricas posee lo mismo que el 75 % de la población con menos ingresos. Según un informe de Oxfam tienen los 3600 Europeos más ricos tanta riqueza como los 181 millones Europeos más pobres. Los partidos liberales y de derecha son los grandes defensores de los intereses de los más ricos y se oponen radicalmente a la creación de nuevos impuestos para ellos. Cuando los más ricos (como Trump) logran el máximo poder político y militar (como en EE. UU.), son capaces de engañar a medio mundo e imponer sus criterios. El primer ministro belga habló en las Naciones Unidas sobre «la ego-política». Hay muchos ejemplos de gobernantes «mesiánicos» y permanentes que hacen lo mismo.

Sin un desprendimiento concreto y real, y sin abandonar ese amor desmedido por los lujos y los derroches, no puede haber vida en nuestros pueblos. Por eso, monseñor Romero tuvo el valor profético de llamar a los ricos a apartarse de su adoración al ídolo de la riqueza. Pero no se trata solo de la vieja oligarquía, sino también de la nueva, y de todos aquellos y aquellas que se han enriquecido gracias a la corrupción del Estado: gobernantes, diputados, magistrados y quienes, por lazos partidistas o familiares, están vinculados con ellos.  En tiempos preelectorales se observan aún mejor los verdaderos intereses de la clase política: hacen promesas acerca del paraíso que construirán, dan regalos (herencia de los espejitos del español colonizador), se toman selfis para Facebook, esperando poder conseguir los votos para obtener más poder y, con él, más riqueza. 

Pero hay más. En el fondo, se trata de todos nosotros. Es tan fácil acostumbrarse a ciertas tradiciones, a ciertas comodidades, a pequeñas cosas que nos atan a ciertos caprichos o a lo que hemos creado como «necesidad», a ciertos vicios.   Acomodarnos a lo que tenemos y a nuestra actual manera de vivir seguirá siendo una gran tentación. El reto es empezar a vivir «desde la libertad del corazón». Esa libertad del corazón es condición necesaria para poder luchar por «la verdadera liberación de nuestro pueblo».

En las CEB tenemos la misión de ayudarnos a ser cada vez más libres. La comunidad puede ayudarnos a ver con más claridad dónde estamos amarrados o de rodillas.

Cita 8 del capítulo VI (Idolatría de la riqueza) en el libro “El Evangelio de Mons. Romero”

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