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Bach, Magnificat BWV 243

¡Feliz domingo! ¡Venga, que ya le queda poco al fin de semana! ¡Aprovéchalo! Pero antes, vamos a descubrirnos. Nos llega hoy una obra inmensa del maestro, de "la vieja peluca", como llamaban a Bach sus hijos. Hay composiciones de Bach que se han hecho famosas con justicias y otras que injustamente no lo son. La de hoy de es de las primeras. ¡Vaya obra que tenemos preparada! ¿Te apetece disfrutar, disfrutar y disfrutar?

Pues nada mejor que de la mano de Johann Sebastian Bach (1685-1750), maestro alemán nacido en Eisenach. Ya te he comentado alguna vez que Bach era famoso en su tiempo como organista y no como compositor. Sus obras solo eran conocidas en un ámbito prácticamente local. Parece ser que era formidable a los pedales. Un contemporáneo suyo nos dice: "Con respecto a la música, Bach debería ser llamado el milagro de Leipzig. Si quiere puede usar solo los pies sin que sus dedos se muevan y produce sonidos tan admirables, agitados y rápidos que ni siquiera pueden ser imitados con los propios dedos. Fue llamado desde Kassel para que probase un órgano recién restaurado y a los pedales daba la impresión de que sus pies tenían alas. Su sonido resonaba de forma tan poderosa sobre los oídos de los presentes que parecía un trueno. Federico, el legítimo príncipe heredero de Kassel, lo admiraba tanto que hizo elaborar un anillo con una piedra preciosa que regaló a Bach tan pronto como el sonido cesó. Si Bach tenía tanta habilidad con los pies, me pregunto qué le habría regalado el príncipe si también sus manos hubiesen intervenido en la demostración?".

No toca todavía escuchar música para órgano sino su Magnificat en Re Mayor, BWV 243. Fue estrenado en 1723, en su primera versión en Si Bemol Mayor. Tenía interpolaciones para ser interpretadas en Navidad y esta obra se cataloga como BWV 243a. Sin embargo, para el día de la visitación de 1733 Bach rehizo la obra en Re Mayor, que es la que te traigo hoy. Perdió ciertos elementos de la anterior como el uso de flautas dulces, pero su carácter general sigue siendo el mismo, es decir, el de una obra impresionante y soberbia. En este Magnificat, propio de la hora de vísperas, consta de once movimientos siguiendo el texto del evangelista Lucas con la habitual doxología final. Tiene una estructura simétrica en torno al séptimo movimiento ("Fecit potentiam"). En estructura, puede compararse con el de su antecesor Kuhnau pero, sin embargo, Bach llevó la obra a una altura imposible de superar, ni por contemporáneos ni por compositores sucesivos.

Su orquestación (de la versión BWV 243, que es la que te ofrezco) es: dos sopranos, alto, tenor, bajo, coro, tres trompetas, timbales, dos flautas, dos oboes, dos violines, viola y bajo continuo.

La partitura de esta magna composición puedes descargarla aquí.

La interpretación es de Barbara Schlick y Agnès Mellon (sopranos), Gérard Lesne (contratenor), Howard Crook (tenor), Peter Kooy (bajo), La Chapelle Royale de París y el Collegium Vocale de Gante dirigidos por Philippe Herreweghe.

A modo de comparación, te ofrezco también el Magnificat en Si Bemol Mayor, BWV 243a. Sus intérpretes son: Deborah York y Orlanda Velez Isidro (sopranos), Bogna Bartosz (alto), Jörg Dürmüller (tenor), Klaus Mertens (barítono), junto con Amsterdam Baroque Orchestra & Choir dirigidos por Ton Koompan.

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