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El Camino Neocatecumenal: La verdad que sus miembros no se esfuerzan por ocultar

El 15 de julio de 2026 publiqué aquí en Religión Digital un artículo contando mi experiencia tras 20 años en el Camino Neocatecumenal. (Ver artículo). Luego lo subí a mi Facebook, Evangelio y Dignidad, y lo compartí en un grupo del Camino. Sin buscarlo, acabé haciendo el experimento sociológico más revelador que he visto en mi vida: dejar que una organización responda a una crítica y observar cómo se delata sin darse cuenta.

Guardé el hilo entero. Decenas de respuestas. En todas ellas había algo que brillaba por su ausencia: la empatía y la humanidad.

Vamos a leer despacio las más representativas, porque son el mejor artículo que yo podría escribir.

Máximos responsables del Camino Neocatecumenal: León XIV a la cabeza

Cuando señalas problemas en una comunidad sana, la reacción es sencilla: te preguntan qué pasó, dónde, quién, cómo lo viviste. Quieren entender, hablar, razonar. Pero cuando criticas a una estructura sectaria, la respuesta nunca va al contenido; va a ti. Te diagnostican. Te etiquetan. Tienen que hacerlo para tranquilizar su conciencia y convencerse de que no están tirando su vida a la basura. Y no se andan con rodeos: Estás poseído, estás resentido, estás traumatizado, nunca fuiste de los nuestros. No discuten los hechos: te borran a ti como persona para no tener que enfrentarse a la verdad.

Primer marcador: el que sale está poseído

«Cuando se fue del camino se dejó llevar por el demonio».

«Dejó más bien que el mal lo poseyera».

«No es más que un colaborador más del demonio, de los que utiliza para destruir los carismas de la iglesia».

«Recordad que Satanás no descansa en su intento por confundir y destruir nuestra fe».

«Cuando se fue del camino se dejó llevar por el demonio».

Fijaos en el mecanismo. No hace falta rebatir nada: si quien critica está endemoniado, escucharle ya es pecado. La crítica queda neutralizada antes de ser leída. Estamos ante un sistema inmunitario diseñado para que ningún argumento pueda entrar jamás.

A Jesús le hicieron exactamente lo mismo: «Este expulsa los demonios por Beelzebul» (Mt 12,24). Cuando no puedes con el mensaje, endemonias al mensajero. Es el truco más viejo en la historia de las religiones.

Segundo marcador: el que sale nunca perteneció

«Si te fuiste significa que nunca perteneciste».

«Nunca lo viviste».

«No llegaste a encontrarte con Jesucristo».

Veinte años de escrutinios, convivencias, diezmos y obediencia para «nunca haber pertenecido». Observad la jugada, porque es perfecta: si te quedas, el Camino funciona; si te vas, es que nunca fuiste de verdad. Cara, ganan ellos; cruz, pierdes tú. Con esa regla no se puede perder nunca. Y una doctrina que no puede perder nunca no es fe: es un sistema cerrado.

Tercer marcador: la verdad escandaliza, así que cállate

«Existe algo que se llama guardar silencio y no ir por el mundo blasfemando».

«Sigue así, escandalizando, y estarás cavando tu camino al infierno. ¿Para qué hablar lo que no debes? Guárdate lo que crees que sabes, vete y listo».

«Confunde más a los hermanos débiles en la fe y da material a los que atacan el camino».

«Al que pecare contra el Espíritu Santo no se le perdonará jamás».

«Sigue así, escandalizando, y estarás cavando tu camino al infierno. ¿Para qué hablar lo que no debes? Guárdate lo que crees que sabes, vete y listo».

Aquí ya no se disimula: el problema no es el abuso de conciencia o de poder. El problema es contarlo. El que calla protege; el que habla escandaliza y comete, nada menos, el pecado imperdonable. Esta es la doctrina que ha utilizado la misma Iglesia encubriendo a pederastas durante décadas. Todo para no “escandalizar”, pervirtiendo de forma infame el concepto. Porque, según esa doctrina torcida, escandalizar no es lo que un monstruo hace con un inocente, sino denunciarlo. . «No participéis en las obras estériles de las tinieblas; más bien denunciadlas, pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a escondidas» (Ef 5,11-13). Y si la verdad confunde a los débiles en la fe, el problema no es la verdad: es lo que les han enseñado.

Cuarto marcador: el grupo es Dios

«Este camino es palabra de Dios ».

«El camino es para todos, mas no todos son para el camino».

«Ya un poco más y se parecen a los del cisma» — (Atención esto se le dice a quien critica al Camino, no a quien deja la Iglesia.

Palabra de Dios es Cristo (Jn 1,1). Llamar «palabra de Dios» a la organización de un pintor madrileño llamado Kiko Argüello tiene un nombre en el catecismo: idolatría. Y cuando criticar al movimiento es «cisma», la confusión es total: el grupo ha ocupado el lugar de la Iglesia, y el de Dios. Jesús dijo «venid a mí todos» (Mt 11,28). Sobran las palabras

Parroquia Jesús y María. Archidióceis de Madrid. Anuncio de las catequesis del Camino Neocatecumenal.

Quinto marcador: la razón es el enemigo

«Si usas la razón, que es parte de la loca de tu casa (tu mente), estás perdido».

"Hay que crucificar la razón o te engañará el demonio"

Leedlo otra vez. Un movimiento donde pensar es sospechoso ya ha confesado todo lo que necesitábamos saber. Jesús mandó lo contrario: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu mente» (Mt 22,37). Quien necesita que apagues la razón para que le sigas no te está evangelizando: te está manipulando.

"Hay que crucificar la razón o te engañará el demonio"

Sexto marcador: el arcano, confesado por escrito

Un defensor del Camino, indignado, escribió que durante la pandemia algunos hermanos «comenzaron a "revelar" todos estos arcanos» del primer escrutinio, y que o se pone freno a eso o el Camino desaparece.

Deteneos en la lógica: si revelar lo que pasa dentro puede destruir el movimiento, ¿qué clase de movimiento es? El Evangelio no tiene secretos por entregas: «En secreto no he hablado nada» (Jn 18,20). Donde hay arcano no hay Evangelio. Hay secta.

Y el testigo involuntario

Entre tanto diagnóstico, un caminante sincero dejó la perla del hilo:

«En mi comunidad, cuando se termina el camino después de 30 años con el viaje a Jerusalén, muchos hermanos se retiran diciendo: ya basta de tanta esclavitud, quiero ser libre; otros: cómo pude haber estado tanto tiempo sufriendo; otros: por fin soy libre. No entiendo por qué dicen esas cosas».

No hace falta añadir nada. Los que llegan al final —los que lo vivieron todo, hasta los honores— salen diciendo «esclavitud». Ese es el veredicto de los veteranos, publicado por un defensor.

Ahora, llamemos a las cosas por su nombre

Las personas que escribieron esos comentarios no se formaron en un sótano clandestino. Se formaron en salones parroquiales católicos, en comunidades erigidas con autorización del obispo, dentro de un itinerario que Juan Pablo II llamó «de formación católica válida» en 1990 y cuyos Estatutos aprobó la Santa Sede en 2008.

Ese lenguaje —el demonio para el que sale, el secretismo como virtud, la razón como enemiga, el grupo como palabra de Dios— no es una degeneración accidental: es el fruto del método. Y yo fui testigo de ello durante 20 años. A nadie se le ocurre por sí solo pensar que una persona está poseída por dejar un grupo parroquial. A eso te catequizan. Semana a semana, escrutinio a escrutinio, durante décadas. Y la institución que aprobó el método, que lo bendijo y que lleva medio siglo archivando las quejas, es responsable de cada una de esas frases. La Iglesia Católica Apostólica y Romana es la que está detrás de todo este entremado.

Uno de ellos me escribió: «Por sus frutos los conoceréis... y eso te incluye también a ti, Ramón». Los frutos que yo estaba mostrando son: contar la verdad y dar voz a los heridos.Los suyos quedaron escritos en el hilo, en público, con sus palabras: endemoniado, traumado, resentido, falso hermano, cismático. Por sus frutos los conoceréis (Mt 7,16). Gracias por el testimonio.

En Juan 9 hay un hombre que nace ciego y Jesús le abre los ojos. ¿Y qué hace la institución religiosa de su tiempo? No celebra el milagro: lo interroga, lo insulta —«naciste todo entero en pecado, ¿y tú nos enseñas?»— y lo expulsa de la sinagoga. Pero Jesús se entera de que lo han echado, y va a buscarlo (Jn 9,35).

Si al salir me llamaron, traumado, falso hermano, demonio... entonces sé que estoy en el mejor camino posible, exactamente el mismo que marca el Evangelio: fuera de la sinagoga, el lugar exacto donde Jesús va a buscar a los suyos.

fandosrj@gmail.com

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