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Kiko Argüello: una madre le ha escrito. ¡Conteste usted, por el amor de Dios!

Ella ha ido al juez, como manda la ley. Ha escrito al fundador, como manda la conciencia. Ha esperado dos años a la diócesis y más de una semana a Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal.

Cada día sin respuesta es una respuesta. Y ya la conocemos: primero ellos, el movimiento neocatecumenal, después la niña.

Kiko Argüello: ¡conteste!. Y si no lo hace, no vuelva a decir en un estadio lleno que el Camino defiende a los pequeños. Uno de esos pequeños tiene nombre, tiene madre, y sigue esperando.

KIKO ARGÜELLO bajando de transporte privado

Jesús no dijo "hay que perdonar al que escandalice a uno de estos pequeños ". Dijo "piedra de molino al cuello y al fondo del mar".

"Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar." (Mt 18,6)

El 26 de agosto una madre de Quito publicó una carta abierta al fundador del Camino Neocatecumenal. A día de hoy no hay respuesta. (Leer artículo)

Una madre de Quito ha escrito a Kiko Argüello. Le dice que su hija, menor de edad, fue abusada por el presbítero que dirigía su comunidad neocatecumenal en la parroquia Santa Cruz de Casitagua. Le dice que ese sacerdote reconoció los hechos ante ella, por escrito y ante los catequistas. Le dice que hay un audio. Le dice que los catequistas respondieron que "fue el demonio" y le exigieron silencio. Le dice que sus responsables de comunidad van a declarar a favor del sacerdote en el juicio. Y le pide una sola cosa: una respuesta de pastor, no de burócrata.

Ha pasado más de una semana. Ni pastor ni burócrata. Nada.

Lo que dice ella y lo que digo yo

Separemos con cuidado, porque la precisión es la primera forma de respetar a una víctima.

Lo que cuenta la madre lo decidirá un tribunal de Ecuador, donde hay un proceso abierto desde 2024. El sacerdote es inocente hasta que un juez diga lo contrario. Yo no he oído el audio y no estaba en Quito.

Lo que digo yo no necesita audio ni juez. Es un hecho público que cualquiera puede comprobar: una madre ha pedido auxilio al fundador del Camino, con nombres, lugares y fechas, y el fundador del Camino calla.

Y no es la primera vez que calla alguien. Religión Digital contó ya en septiembre de 2024 que este presbítero había sido denunciado, que hubo audiencia judicial aquel agosto y que el arzobispo de Quito lo mantenía al frente de la parroquia sin haber llamado siquiera a la familia. Dos años. La carta a Kiko no es el primer intento de esta madre. Es el último.

Las cuatro excusas que Kiko no tiene

"No me he enterado." La carta se ha publicado y ha dado la vuelta al mundo. El Camino tiene en Quito catequistas itinerantes, responsables de zona y una cadena de mando que termina en Madrid. Kiko se entera de cuántas comunidades hay en cada parroquia de Ecuador. Se ha enterado de esto.

"Es un asunto de la diócesis." El Camino lleva cincuenta años exigiendo ser reconocido como itinerario propio: estatutos propios, catequistas propios, seminarios propios, responsables propios. No se puede ser autónomo para todo menos para responder de los propios.

"Los catequistas actúan por su cuenta." Los catequistas de La Concepción no son vecinos que pasaban por allí. Son personas nombradas dentro de la estructura del Camino, que mandan en nombre del Camino y responden ante el Camino. Si dijeron a una menor abusada que aquello "fue el demonio", lo dijeron con el traje puesto. Con el traje que Kiko les dio.

"No es asunto mío." En el Camino se enseña que cuidar del hermano es mandato divino. Aquí hay una hermana, de una comunidad del Camino, menor de edad, y este mandato no solo está ausente, sino que parece que alguien ha mandado lo contrario. Si esto no es asunto de Kiko, nada lo es.

Llamemos a las cosas por su nombre

Cuando una víctima dice "los kikos protegen al agresor", regala a todos una coartada. "Los kikos" suena a secta ajena, a cosa de otros. Añadamos el eslabón que falta.

No es "una comunidad tapó un abuso". Es: en una parroquia católica, con conocimiento del párroco y bajo la autoridad de un arzobispo, personas investidas de poder por un movimiento con estatutos aprobados por la Santa Sede habrían exigido silencio a la madre de una menor abusada.

No es "los catequistas dijeron que fue el demonio". Es: laicos sin formación, con autoridad de conciencia sobre una familia entera por mandato de una estructura eclesial, habrían convertido un presunto delito en un caso de posesión demoníaca. Eso tiene nombre: disolver la responsabilidad. Si lo hizo el demonio, no lo hizo nadie. Y si no lo hizo nadie, nadie responde.

No es "unos hermanos van a testificar por el cura". Es: un matrimonio responsable de comunidad, que según la madre oyó al presbítero reconocer los hechos, se dispone a declarar ante un tribunal en sentido contrario. Si es cierto, eso no es fidelidad al Camino. Es un delito. Y quien lo sepa y calle, lo comparte.

No es "Kiko no ha contestado". Es: el fundador de un movimiento reconocido por tres papas ha recibido la denuncia pública de una madre por el abuso de su hija a manos de un sacerdote de ese movimiento, y ha decidido callar.

La diferencia entre las dos versiones no es de estilo. Es de imputación. La primera permite encogerse de hombros. La segunda obliga a responder.

El vértice de la pirámide

"Justicia divina"

De todo lo que cuenta la madre, hay una expresión que reconocerá cualquiera que haya pasado por una comunidad neocatecumenal. Le pidieron silencio para buscar la "justicia divina".

Suena a piedad. Significa: no vayas al juez, que ya se encargará Dios. Es la misma frase con la que se ha tapado durante décadas cada escrutinio humillante, cada matrimonio roto por los catequistas, cada persona expulsada al vacío por salirse. Dios como excusa para que no responda nadie.

Jesús no habló así. Llamó "sepulcros blanqueados" a los que cuidaban la fachada (Mt 23,27). Dijo que nuestro hablar fuera "sí, sí; no, no" (Mt 5,37). Y sobre los pequeños no dejó margen para catequesis: "Al que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino al cuello y lo hundieran en el fondo del mar" (Mt 18,6). No dijo "fue el demonio". No dijo "esperad la justicia divina". Tampoco dijo: hay que perdonar al que escandalice a uno de estos pequeños. Dijo piedra de molino al cuello y al fondo del mar.

Jesús no dijo "hay que perdonar al que escandalice a uno de estos pequeños". Dijo piedra de molino al cuello y al fondo del mar.

Lo que Kiko debe hacer hoy mismo

Nada de esto exige condenar a nadie sin juicio. Es lo que haría un padre que cuida de sus hijos.

  1. Decir públicamente que ha leído la carta.
  2. Ordenar que ningún catequista ni responsable del Camino testifique en ese proceso sin que antes el Camino haya escuchado a la madre y a la niña.
  3. Apartar cautelarmente a los catequistas de La Concepción mientras se aclara qué dijeron y a quién.
  4. Prohibir que nadie del Camino, en ninguna comunidad de Quito, se acerque a esa familia si no es para pedir perdón. Y llamar a esa madre.

Todo eso protege a la niña sin prejuzgar al sacerdote. Que no se haga dice a quién se está protegiendo.

Los que habéis estado dentro alguna vez...

Reconoceréis la escena. La reunión donde el que ha hecho daño llora y pide perdón, y de pronto el problema ya no es el daño sino tu falta de misericordia. El "ama a tu enemigo" que solo funciona en una dirección. El silencio "por el bien de la comunidad" que en realidad es por el bien de la estructura. Y la guinda: cuando alguien los denuncia, esa soberbia enfermiza que les hace creer que son los bienaventurados de los que habla Jesús: Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos"

Yo estuve veinte años dentro. Sé cómo se fabrica esa culpa y cómo se instala ese miedo. Por eso sé lo que está haciendo esta madre: lo más difícil que puede hacer alguien que ha vivido en una comunidad neocatecumenal. Hablar en voz alta y con nombres.

Kiko Argüello: conteste. Y si no contesta, no vuelva a decir en un estadio lleno que el Camino defiende a los pequeños. Uno de esos pequeños tiene nombre, tiene madre, y sigue esperando.

fandosrj@gmail.com

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