“No son del mundo”: La frase que Jesús usó para liberar y que se usa para dividir.

Hay frases del Evangelio que han sido secuestradas por la ideología religiosa hasta dejarlas irreconocibles. Una de las más manipuladas es esta: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”. Durante siglos se ha utilizado para crear élites dentro de la Iglesia y para señalar a los demás como “mundanos”, como si fueran ciudadanos de segunda para Dios. Todavía hoy resuena la antievangélica afirmación de que la Iglesia es la única tabla de salvación. Justo lo contrario de lo que Jesús pretendía, ya que murió precisamente por defender a los que estaban fuera del sistema religioso.

El mundo del poder religioso vs el Reino de Dios
El mundo del poder religioso vs el Reino de Dios | Ramón Fandos

Por tanto, Jesús no habla de huir del mundo ni de despreciarlo. Tampoco está pidiendo que sus discípulos se conviertan en un grupo de elegidos que miran por encima del hombro a los demás. Para Jesús, “mundo” es el sistema de poder que manipula y somete. Y los integrantes más importantes y destacados de ese mundo eran precisamente los fariseos y los sacerdotes, es decir, los religiosos de turno, que asfixiaban al pueblo con el peso de una Ley que ni ellos mismos podían llevar.

Hoy en día estos religiosos continúan su labor entre nosotros, y los encontramos a millares dentro de la misma Iglesia institucional, en el comportamiento y en las homilías de muchos clérigos diocesanos, y en movimientos como los Kikos, el Opus o Emaús. Los reconocemos cada vez que usan la palabra “mundo” para dividir entre “los elegidos” y “los no elegidos”; cada vez que separan a quienes están dentro de su camino de quienes están fuera; cada vez que oponen a los que obedecen a la Iglesia frente a los que no; cada vez que exaltan a quienes aceptan la doctrina oficial y desprecian a quienes se atreven a pensar por sí mismos.

Cuando dice: “Yo les he dado tu palabra”, no está hablando de dogmas ni de catecismos. La palabra que Jesús da no es un manual de doctrina correcta. Es libertad y dignidad. Es la certeza de que Dios no necesita templos ni sacramentos para amar. Es la experiencia de saberse amado sin condiciones, sin intermediarios, sin miedo. Y esa libertad siempre incomoda a los sistemas que viven del control. Por eso Jesús añade: “El mundo los ha odiado”. No porque los discípulos fueran mejores, sino porque la libertad siempre amenaza a quienes necesitan conciencias sometidas.

Cuando Jesús dice: “No ruego que los retires del mundo”, está desmontando de raíz toda espiritualidad escapista. No quiere creyentes escondidos en templos, ni movimientos que se aíslan para sentirse puros, ni comunidades que se creen superiores. Jesús quiere personas libres dentro del sistema, pero sin pertenecer a su lógica. Personas que no se dejan definir por el miedo ni por la culpa. Personas que no necesitan permiso para amar.

Y cuando pide: “Guárdalos del maligno”, no está hablando de un demonio con cuernos. Está hablando del poder que destruye la dignidad humana. El maligno es la ideología religiosa que se disfraza de fe. Es la estructura que convierte el Evangelio en un sistema de control. Es la manipulación espiritual que hace creer a la gente que obedecer a la institución es obedecer a Dios.

“No son del mundo” no significa que sean mejores. Significa que no se someten a la ideología religiosa porque no tienen miedo y no se dejan domesticar por la culpa. Significa que no confunden fe con doctrina ni amor con obediencia. Significa que disfrutan de la libertad de los hijos de Dios porque se saben amados por su Padre.

fandosrj@gmail.com

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