El Pollino de la Gracia y la Borrica de la Ley: Una Breve Meditación
La entrada de Jesús en Jerusalén no fue un desfile de poder, sino una ruptura con la rigidez y pompa religiosa. Al elegir el pollino frente a la borrica, Cristo nos invita a distinguir entre la Ley que esclaviza y la Gracia que libera. Esta reflexión desentraña el simbolismo de la borrica y el hijo, desafiándonos a recuperar la frescura de un Reino que prefiere la humildad a la ostentación, la mansedumbre al prestigio y la cercanía al poder.
Jesús manda a sus discípulos traer dos animales: una borrica y un pollino.
La borrica, es la madre y representa al pueblo sometido, al esclavo oprimido por el peso del legalismo y el poder de los sacerdotes. El pollino, el animal joven, simboliza a los Hijos: los hombres nuevos, liberados de la esclavitud de la Ley.
Jesús elige montar el pollino. Elige lo nuevo para inaugurar un Reino de amor y libertad. Lo antiguo queda iluminado y superado por la gracia. La borrica camina ahora al lado de Jesús como símbolo de que la Ley le apoya y le acompaña, pero ya no le dirige, porque , como diría san Pablo, ha sido "pedagoga" hasta Cristo, y ahora queda al servicio de la libertad de los Hijos.
Por otra parte, tanto el pollino como la borrica son animales humildes. Mientras los poderosos del mundo (y a veces, tristemente, los líderes religiosos) cabalgan en caballos rodeados de ritualismos, de riquezas, y de ostentación de poder, Jesús elige lo pequeño, lo frágil, lo que parece despreciable. No se rodea de privilegios; su realeza se manifiesta en la sencillez, en la pobreza y en la cercanía.
Y aquí brota una pregunta inevitable: ¿Conserva la Iglesia de hoy, desde su vértice hasta su base, la sencillez, la pobreza y la cercanía del Espíritu de Jesús?