Salmodiando: la app para rezar en comunidad desde cualquier parte del mundo
Salmodiando no es solo una app para rezar el oficio del día. Es además rezar la Liturgia de las Horas, el Rosario, el Vía Crucis, ... en comunidad: creas un grupo con tus conocidos, o te unes a uno que ya esté creado, cada uno en su casa, con personas de todo el mundo, y a la hora fijada rezáis juntos el mismo oficio, con la voz en directo o viendo en pantalla por dónde va el grupo. Un monasterio, una parroquia o un grupo de personas pueden compartir sus rezos con quien quiera unirse. Gratis, sin registro, y sin que nadie guarde ningún dato.
Hace unos meses mi mujer y yo intentamos algo nuevo. Se llamaba Matrimonios Monásticos. La idea era tan sencilla como inspiradora: Que los matrimonios pudieran vivir como monjes en los monasterios paticipando de sus horas, su silencio, su trabajo, su coro. Y con el obljetivo claro de ayudar y de contribuir a que este tesoro que es la vida monástica no desaparezca, como está sucediendo. Hicimos la prueba de verdad: cinco meses en el monasterio de Valvanera, rezando y trabajando con la comunidad y durmiendo en nuestra camper (leer artículo)
Después presentamos la propuesta al obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño y al obispo de Segorbe-Castellón. También a algunos vicarios de otras diócesis. Todos dejaron claro abiertamente que no querían complicarse la vida. Y acabamos aparcando el proyecto.
Pero de Valvanera nos trajimos otra idea, y esa no nos dejaba en paz. Allí habíamos rezado cada día la Liturgia de las Horas en comunidad: el rezo de la Iglesia entera, los salmos que Jesús mismo rezaba. Y una pregunta volvía cada tarde: ¿qué podríamos hacer para que todo aquel que lo deseara pudiera rezar en comunidad sin moverse de casa?.
Personas de todas partes, que sin necesidad de conocerse pudieran rezar Vísperas o el Rosario desde sus casas, a la misma hora, como un solo coro. Diseñamos un plan concreto, realista y técnicamente viable para que esto fuera posible a nivel de diócesis y se lo presentamos a D. Casimiro López, obispo de Segorbe‑Castellón. Una vez más, nos dio largas. Y desistimos.
Pero el deseo seguía ahí, en el corazón, como una llama que quería expandirse. «Yo he venido a prender fuego en la tierra, y ¡cuánto deseo que ya esté ardiendo!» (Lc 12,49). Con el tiempo comprendimos que, si queríamos llevar a cabo este proyecto, tenía que nacer al margen de la Institución eclesial. Algo que no dependiera de ninguna estructura ni jerarquía, algo que pudiera hacer el bien sin pedir permiso a nadie. Así nació Salmodiando.
Qué es Salmodiando
Salmodiando es una aplicación gratuita y sin ánimo de lucro, pensada para que personas de todo el mundo puedan rezar juntas. Está dentro de la web salmodiando.es y desde allí puedes instalarla como una app en el ordenador o el móvil.
Se puede rezar la Liturgia de las Horas completa, el rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, el Ángelus, la Oración de Jesús con su cuerda de nudos, las lecturas de la misa, la Biblia, novenas ... y una devoción inédita: los Misterios de la vida oculta de Jesús, para contemplar los treinta años de Nazaret de los que el Evangelio casi no habla. Todo ello se puede rezar a solas. Y todo ello se puede rezar también en comunidad.
De momento está solo en español, pero tiene herramientas implementadas para que quien lo desee pueda enriquecerla con otros idiomas.
Rezar en comunidad desde casa
Puedes crear un grupo de oración, o entrar en uno. Tu familia. Tu parroquia. Los amigos de un monasterio repartidos por todo el mundo. O personas que no se conocen de nada y que quieren rezar por ejemplo Vísperas a las ocho, o una novena. Hay un atrio donde se encuentran los que buscan grupo y los grupos que buscan gente, y basta decir anónimamente qué quieres rezar y a qué hora.
El grupo tiene su hora, y a esa hora suena la campana. Cada uno abre la app desde su cocina, desde el tren, desde la habitación de un hospital, y ve quién está: el coro, con los sitiales de los demás encendidos.
Uno hace de cantor. En su pantalla toca el verso por el que va, y ese verso se ilumina en todas las pantallas a la vez. No hace falta nada más para estar exactamente en el mismo salmo, en el mismo verso, que tu hermano a trescientos kilómetros. Si la red lo permite, además os oís. Si no, seguís por pantalla. El grupo se reparte en dos coros, como en la sillería de un monasterio: tus versos en negro, los del otro coro en gris, y esperas tu turno.
Lo mismo con el rosario: un guía lleva la primera parte del avemaría, los demás responden, y las cuentas van pasando al ritmo del grupo, no de una máquina. Lo mismo con una novena, con los Misterios, con cualquier oración.
Para quien solo puede rezar a una hora en la que no hay nadie, el grupo deja su estela: la sesión de esa tarde, guardada para acompañarle, con el ritmo exacto al que rezaron sus hermanos y, si ellos quisieron, con sus voces. No está solo. Estuvieron.
Y hay algo que en los monasterios se llama rezo perpetuo, una cadena de oración: que nunca falte alguien rezando. El grupo se reparte turnos, la lámpara pasa de mano en mano, y quien la tiene sabe que en ese momento sostiene la oración de todos. Y no hace falta siquiera rezar si estás ocupado en otra cosa, basta con que oigas la campana y dejes que en tu interior brote el deseo de orar. Ese gesto mínimo ya forma parte de la cadena, ya mantiene viva la llama.
Ha sido un trabajo técnico muy complejo, porque queríamos que fuera posible rezar en grupo sin implicar datos personales ni guardarlos en nuestros servidores. Por eso os pedimos comprensión si algo no funcionara bien y, sobre todo, que nos digáis qué mejoraríais. Cada aviso y cada sugerencia nos ayudará a que Salmodiando cumpla su objetivo: rezar en comunidad desde cualquier lugar. Podéis enviar la sugerencias a fandosrj@gmail.com o al grupo de WhatsApp Salmodiando
Sin datos, sin dueño
Aquí está lo que más nos importaba.
Nadie guarda tus datos.No hay cuentas, ni correos, ni contraseñas, ni nombres. Tu oración vive en tu dispositivo. Cuando un grupo necesita compartir algo, lo que viaja al servidor son bloques cifrados que el propio servidor no puede leer: una etiqueta sin sentido y un contenido que solo abren las llaves que tienen los miembros del grupo, y esas llaves nunca salen de sus móviles u ordenador. Todo caduca solo. Yo como administrador puedo mirar mi propio servidor y no sé quién reza, ni con quién, ni qué pide. Gratis para siempre, sin servicios de pago detrás. Y sin ninguna IA que pueda manejar datos ni cobrar por uso.
Tu rezo, a tu manera
Los salmos no nacieron para leerse en silencio. Nacieron para cantarse. «Despierta, cítara y arpa; despertaré a la aurora» (Sal 57,9). Pablo se lo pedía a las primeras comunidades: cantad a Dios con salmos, himnos y cánticos inspirados (Col 3,16).
La puedes rezar sin más o elegir entre varias opciones: Junto al título de cada salmo hay tres puntitos. Los tocas, pulsas grabar y recitas o cantas el salmo con el micrófono del teléfono. Ya está. La grabación se queda guardada, y la próxima vez que salga ese salmo podrás escucharte. Si le pides a la app que te lea la hora en voz alta, al llegar a ese salmo sonará tu voz. ¿Que ya lo tienes cantado en un mp3? Lo subes. ¿Que está en un vídeo de YouTube? Pegas la dirección y listo.
¿Y si no hay nadie que cante, pero tienes la partitura? También vale. El tono de los salmos suele estar escrito en el libro de cantos de la parroquia o del monasterio: unas pocas notas que se repiten. Las copias en el pentagrama de la app, tal como están en el papel, y la app las toca con sonido de órgano o de cítara. No hace falta saber música, solo copiar. Y a partir de ahí, cada vez que salga ese salmo, sonará su tono.
Con ese mismo botón guardas tus salmos favoritos, esos que te acompañan de un modo especial, para tenerlos siempre juntos en «Mis salmos y rezos». Y si en tu parroquia una antífona, un himno o una oración se dicen de otra manera, tocas «Personalizar» y la escribes como la decís vosotros. La próxima vez saldrá ya así. El Oficio es el mismo de siempre. La manera de rezarlo es la tuya.
La otra idea: los monasterios abren su liturgia
Esta es distinta de la anterior, y la complementa.
Las órdenes de clausura tienen un tesoro que casi nadie oye: su liturgia y sus cantos. El Císter reza los salmos en dos semanas y no en cuatro, tiene su calendario, sus himnos, sus tonos. Cada orden, los suyos. Hasta ahora abrir eso al público era complicado: discos, permisos, plataformas, intermediarios.
En Salmodiando pueden hacerlo de la manera más fácil que existe: una comunidad sube su liturgia, con su calendario, su salterio y sus cantos, y desde ese momento cualquiera puede elegir rezar según esa tradición. Y quien abra los Laudes del día se encuentra con que están íntegramente cantados por una comunidad de monjes o monjas. Los cantos son de la comunidad y ella decide qué comparte y hasta cuándo. Un monasterio de doce hermanas puede tener, sin moverse del coro, a miles de personas rezando con ellas cada mañana. Una hermana enferma puede rezar con su comunidad desde la cama y otra estando de viaje. Y un grupo de laicos de cualquier parte del mundo puede rezar en comunidad, desde sus casas, con la liturgia de ese monasterio.
Las dos ideas se encuentran ahí: los laicos rezando juntos desde casa, y los monasterios prestándoles su voz.
Una invitación
No os pido nada. No hay que apuntarse a ningún sitio. Entrad en salmodiando.es, abrid Vísperas esta tarde y rezadlas. Si os gusta, mañana volved. Y si un día queréis rezarlas con alguien, cread un grupo y tocad la campana.
Matrimonios Monásticos no cuajó con nuestra propuesta inicial. Salmodiando sí. Quizá era esto lo que había que hacer: no llevar a los laicos al monasterio, sino traer el coro a cada casa.
Nuestro profundo agradecimiento a José Manuel Vidal y Jesús Bastante, de Religión Digital por su apoyo incondicional a esta iniciativa.
La app acaba de nacer… Sabemos que aún puede crecer muchísimo y que, como en todo comienzo, aparecerá algún que otro fallo. Por eso os invitamos a participar: enviadnos vuestras ideas, sugerencias y todo lo que creáis que puede hacerla mejor.
En cuanto a su uso, pedimos paciencia. No es difícil, pero precisamente porque tiene tantas posibilidades, es necesario aprender a usarla. Por nuestra parte, hemos preparado instrucciones claras y detalladas, e iremos publicando en la misma web respuestas a las preguntas que nos hagáis. Valdrá la pena el esfuerzo, porque detrás de cada gesto, de cada botón y de cada pequeño descubrimiento, hay una experiencia de oración que puede transformar la vida espiritual de una comunidad entera.
Queremos que Salmodiando sea de todos, que la sigamos construyendo juntos, paso a paso, como una comunidad viva que transforma y mejora lo que ama.
Ramón y Mariel
fandosrj@gmail.com