Ecos del Papa en los obispos, desde Mérida-Badajoz
Fui forastero y me hospedásteis
Hace unos días escribía unas líneas a mi arzobispo, Fray José, en las que aludía al mensaje del Papa León y sus palabras centradas en la cuestión de los migrantes y refugiados. Lo he seguido con atención y pasión, la verdad. Ahora estoy en el servicio de la delegación diocesana para esos asuntos y las vivencias de la misma me abren a una sensibilidad y reflexión más viva y real, la encarnación de las ideas son siempre el lugar del verdadero aprendizaje, no hay otro camino para que la ortodoxia se haga verdadera sino la ortopraxis.
En los días de la visita del Pastor universal, me llamaba la atención el seguimiento fiel de todos los obispos españoles en su conjunto, paso tras paso, ciudad tras ciudad y discurso a discurso, celebración a celebración. Me preguntaba sobre la recepción del mensaje en ellos su más directos colaboradores. Siempre nos queda la duda en los actos así, tan deslumbrantes, que los veamos más como victoria y seguridad de nuestro institución y papel, que como interpelación y reflexión para nuestra propia vida, ministerio y pastoral. Entiendo, para mí mismo, que las interpelaciones de este hermano mayor han sido de un calado evangélico, teológico y pastoral de primer orden. Recibo por todos lados sus mensajes editados de muchas formas, también me pregunto si los vamos a trabajar o solo a reenviar y a citar. Ahora toca adentrarnos en ellos y analizar cómo aterrizarlos de verdad en la vida, en la calle, en la sociedad, en la escuela, en la plaza, en lo público y su político, y cómo no, también en cada cristiano, comunidad y diócesis, en los seguidores de Jesús, aquí y ahora. Y hacerlo en sinodalidad.
En este sentido me alegra que mi arzobispo en una carta nada extensa y bien directa se dirija a la comunidad diocesana, desde el calor y la viveza de lo recibido, y nos hable directamente de la cuestión de la dignidad humana relacionada con la migración y sus políticas.
Ni que decir tiene que esas claves son para él como pastor, pero también para mí como sacerdote y para toda la acción promovida desde la delegación diocesana para los migrantes y refugiados. Qué bueno que en estos temas tan vitales, las ideas sean tan claras, los fundamentos tan fuertes, ahora sólo nos queda que las acciones sean significativas y dinamicen procesos de transformación que acojan, integren, promocionen y humanicen a todos, a los que llegan y a los que recibimos. Todos somos migrantes, ahora toca caminar juntos. Fratelli tutti , Dilexi te, y estrenando Magnifica Humanitas.
Queridos hermanos: ¡El Señor os de la paz!
Todavía está muy vivo en mi mente y en mi corazón todo lo que he vivido durante la visita del Santo Padre a España, que tuve el privilegio de seguir muy de cerca.
Mi balance no puede ser más positivo. El magisterio que nos ha dejado, tanto en lo que nos dijo como en los gestos que tuvo, ha sido muy rico. Necesitaremos tiempo para ir desgranándolo y asimilándolo.
Uno de los temas tal vez más actuales y más desarrollados ha sido el de la dignidad humana.
Durante el viaje y en diversas ocasiones, sobre todo en su visita a las Islas Canarias, nos mostró que la dignidad humana es inviolable, sin importar la procedencia ni la situación. Partiendo de este principio, particularmente desde el puerto de Arguineguín, resaltó la dignidad humana y la responsabilidad tanto de los países de origen como de acogida de los migrantes.
En ese escenario, testigo de tantos dramas, subrayó la necesidad de vías legales y seguras, además de promover la integración de los migrantes; criticó duramente las políticas migratorias que priorizan fronteras sobre vidas humanas, y las mafias que se enriquecen con las vidas de los migrantes. En su mensaje, además de recordarnos que “todos, de algún modo, somos migrantes”, nos invitó a mirar al migrante no como una cifra más, sino como un rostro, un hermano o hermana que busca esperanza.
Nos recordó, además, que la fraternidad es el camino que Dios nos invita a seguir, construyendo puentes en vez de muros, resaltando que debemos acoger con generosidad, proteger con justicia, y acompañar con amor. La inclusión, dijo, es un paso hacia el Reino de Dios.
A la Iglesia, también a nuestra Iglesia que peregrina en Mérida-Badajoz, nos lanzó un desafío ante el cual no podemos ser indiferentes: ser faro de esperanza y semilla de una fraternidad verdadera.
Queridos hermanos, como discípulos de Jesús no podemos olvidar que el Señor se identifica con los pequeños, con los últimos y más vulnerables, también con los migrantes: “Fui forastero y me hospedasteis”. ¿Qué nos está exigiendo esta realidad como individuos y como Iglesia?
Vuestro hermano y pastor
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Arzobispo de Mérida-Badajoz
Fui forastero y me hospedásteis
Acordes encarnados: