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El "no" que fue "si"... en la viña como colaboradores

Como en la parábola, no importa tanto el «no» inicial, sino el paso firme que finalmente damos hacia la viña.

Recapacitar para confiar

El viernes saldremos de Badajoz un grupo de personas de profesionales cristianos, iremos con Antonio Sierra nuestro coordinador diocesano, a la comisión de nuestro movimiento que se celebra en Madrid este fin de semana. La tarea de esta comisión tiene doble dimensión: la renovación del equipo permanente que coordina a nivel estatal y perfilar el trabajo para el próximo trienio para nuestros grupos de revisión de vida. El tema planteado es el de "Humanizar en un mundo de nuevas tecnología (IA) desde nuestras profesiones". Como siempre la clave de evangelizar en medio del mundo. De fondo una convicción creyente, una espiritualidad de fe y vida: La historia de la salvación es un muestrario de hombres y mujeres que se abren a colaborar con Dios sintiendo dificultad, pero venciendo la confianza en él, por encima de los obstáculos. Los más sencillos son los más disponibles.

El hecho de vida que propongo con este evangelio es reflexión de nuestro coordinador Antonio Sierra. Sus palabra son desde la vida por eso estamos con él en esta comisión de profesionales cristianos en la que algunos terminan su servicio y otros se ofrecen para continuarlo. Milagros de hoy, pedacitos de reino en nuestras manos. Gracias a Leti y Luisa que terminan y bienvenidos a Jose, José Luis, y alguno más que continúan y se incorporan a este trabajo en la viña de las profesiones.

Antoni Sierra

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 21,28-32

En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

–¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». Él le contestó: «No quiero». Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor». Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?

Contestaron:

–El primero.

Jesús les dijo:

–Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.

El no que fue sí en el Espíritu, con Antonio Sierra

En el acompañamiento a Profesionales Cristianos de mi diócesis, este año, en la asamblea de fin de curso, nos planteamos la necesidad de que alguno pudiera sustituir a los responsables que ya llevaban tres años. Antonio Sierra se mostró disponible, aunque en otros momentos no se veía asumiendo este servicio. Le pido que comparta con nosotros su discernimiento, lo que le ha llevado a que su "no" en otros momentos, ahora en el presente haya sido sí. Así lo relata:

Al contemplar esta parábola me reconozco en aquel hijo que primero dijo «no». En un primer momento, ante la invitación a asumir un servicio dentro del Movimiento de Profesionales Cristianos, mi respuesta interior fue de rechazo. Desde una mirada egoísta, lo percibía como una carga ingrata, un compromiso que nadie desea, pero que alguien, inevitablemente, debe asumir.

Sin embargo, con el tiempo, ese pensamiento fue transformándose. Comprendí que el servicio no es una carga, sino una expresión concreta del cuidado al que todos estamos llamados: cuidado de la comunidad, cuidado de mi familia y, en particular, cuidado de mi pareja. También entendí que, por circunstancias personales y familiares, ahora me hallo en disposición de ofrecer este servicio con mayor madurez y serenidad.

No conozco aún el grado de responsabilidad que este servicio traerá consigo, pero confío en que será él quien me muestre el camino a seguir. Y descanso también en la certeza de que la comunidad a la que sirvo sabrá acompañarme y cuidarme en este tiempo, sosteniéndome en la misión que juntos compartimos.

Decir «sí» ha supuesto en mí un abandono confiado a la voluntad del Padre, dejando que sea él quien me muestre el lugar y la manera de servir. Como en la parábola, no importa tanto el

«no» inicial, sino el paso firme que finalmente damos hacia la viña.

Sé que este servicio me llevará por caminos que desconozco, pero también sé que no caminaré solo. Quiero dejarme sorprender por lo que Dios pueda hacer en mí y a través de mí, confiando en que, al final, será más fecundo de lo que ahora puedo imaginar.

Pido al Señor que me conceda un corazón humilde para servir, fortaleza para perseverar y sabiduría para escuchar siempre su voluntad. Que él me guíe, me sostenga y me ayude a caminar con alegría junto a mi comunidad.

En la viña

Creer y confiar

El poder, cuando quiere recuperar o mantener autoridad por la propia fuerza, se diviniza. Los que gobiernan –desde el deseo de poder– entienden sus decisiones como principio de unidad y de salvación, sin entrar en el diálogo ni en el encuentro, sin ningún contraste creativo y activo. Los poderosos se rodean de colaboradores que se entregan por un reconocimiento que les viene de ellos mismos, olvidándose de dónde vienen y adónde van. Colaboradores que se sienten deudores de quien les elige y los prefiere entre sus compañeros. A estos gobernantes inseguros les cuesta tener al lado personas autónomas, críticas y creativas, y al encontrarlos en sus espacios siempre piensan que «conviene que muera uno –el otro, que es distinto– por el pueblo». Sí, el que aporta de un modo crítico, aunque sea constructivo, es para ellos una amenaza y un provocador deseoso de poder y protagonismo que debe ser reducido a la nada para que descubra su pequeñez. Y esta clave de poder autoritario puede estar a la orden del día en todos los estamentos de la sociedad: en política, en economía, en judicatura y hasta en la propia Iglesia –en la curia, desde el Vaticano, hasta las elecciones de obispos y las diócesis–, y cada lugar con sus órdenes jurídicos y dogmáticos propios.

La verdadera autoridad no es la que viene por el poder impuesto, sino al contrario: por el reconocimiento logrado que la concede y la reconoce en bien de lo común, que es lo más necesario; no es el que ostenta el poder el que es necesario, sino la comunidad a la que sirve y le da sentido a él. No vale justificar que el personaje es cuestión de necesidad para la comunidad, que cuidando al personaje se cuida la institución y que ese es el verdadero servicio. Hoy como nunca nos hace falta recuperar la verdadera autoridad, la que se hace creíble y necesaria en el quehacer de la vida, en la casa, en la familia, en la escuela, en la calle, en la ciudad, en la política, en la justicia, en la empresa y en la comunidad eclesial. Sus indicaciones están claras: el poder no concede la autoridad, ese proceso es fallido y no va a funcionar ya. Tenemos el reto de ir a la auténtica autoridad y de recobrar los valores y la confianza de los que están a la sombra de las instituciones y de los que las dirigen.

Acordes encarnados:

 66. SERVICIO | A. Calvo & P. Monty

Servicio

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