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Unidos por la Paz: religiones y espiritualidades se encuentran en Sol para transformar el miedo en esperanza

La Puerta del Sol de Madrid acogió este domingo 20 de septiembre el encuentro “Unidos por la Paz”

Cristianos católicos y evangélicos, musulmanes, budistas y personas procedentes de distintas sensibilidades espirituales se reunieron en la Puerta del Sol de Madrid para reclamar que el diálogo sustituya a las armas, la compasión al odio y la esperanza al miedo.

Unidos por la paz, acto en la Puerta del sol

La Puerta del Sol de Madrid acogió este domingo 20 de septiembre el encuentro “Unidos por la Paz”, un acto público convocado en vísperas del Día Internacional de la Paz, que se celebra el 21 de septiembre. Durante una hora, entre las seis y las siete de la tarde, personas pertenecientes a diferentes confesiones religiosas, organizaciones y colectivos ciudadanos compartieron un mismo espacio para expresar públicamente su compromiso con la paz y con la necesidad de construir alternativas a la violencia.

El encuentro quiso ser deliberadamente sencillo. No hubo banderas ni símbolos particulares que identificaran a unas organizaciones frente a otras. Una pancarta con las palabras “Unidos por la Paz”, acompañada por la paloma de la paz, presidió un acto en el que precisamente se quiso destacar aquello que puede unir a personas procedentes de tradiciones y sensibilidades diferentes.

Católicos, evangélicos, musulmanes y budistas participaron junto a personas y colectivos que entienden la espiritualidad como una dimensión fundamental de la existencia humana, se profese o no una religión determinada. El mensaje compartido fue que las diferencias religiosas, culturales o ideológicas no tienen por qué convertirse en fronteras que nos separen, sino que pueden encontrarse en torno a la defensa de la dignidad humana y el rechazo de la violencia.

Acto por la paz en la Puerta del Sol

Palabras y silencio

Uno de los elementos significativos del encuentro fue la combinación de la palabra y el silencio. Representantes de las diferentes tradiciones fueron compartiendo breves mensajes sobre la paz y, después de cada intervención, se guardaron unos momentos de silencio. No se trataba solamente de escuchar discursos sobre la paz, sino de dejar que las palabras pudieran resonar interiormente.

Especialmente significativo fue uno de los mensajes compartidos durante el acto: “Cuando se vulnera la dignidad, se abren las puertas al odio”. Una afirmación que situaba la construcción de la paz más allá de la mera ausencia de guerra: allí donde se humilla, excluye o niega la dignidad de una persona o de un pueblo se están creando también las condiciones que alimentan la violencia.

Otra de las llamadas que resonaron en Sol fue igualmente clara: “Que este acto no acabe en aplausos, sino en compromisos de paz”.

Porque la paz no puede reducirse a una declaración de buenas intenciones. Necesita traducirse en opciones concretas, personales, sociales y políticas que hagan posible una convivencia basada en la justicia, el reconocimiento y el cuidado mutuo.

Momentos del acto Unidos por la Paz

Que el diálogo reemplace a las armas

Otro de los mensajes compartidos durante el encuentro expresó de manera muy clara esa vinculación entre espiritualidad, derechos humanos y transformación social:

“Defendemos que la espiritualidad es una parte fundamental del ser humano, profese o no alguna religión; que los derechos humanos se tienen que respetar”.

Desde esa convicción se formuló un deseo común que recorrió todo el encuentro: unir fuerzas para transformar la realidad y conseguir que el diálogo reemplace a las armas; las negociaciones, a las guerras; el gasto social, al gasto militar; la compasión, al odio; y que el miedo pueda transformarse en esperanza.

La paz que se reclamaba en Sol no era, por tanto, una paz pasiva ni simplemente emocional. Era una invitación a transformar las estructuras que generan injusticia y violencia. “Que la fe y la acción de cada una sirvan para acabar con las estructuras injustas. Conseguiremos así una paz verdadera”, se afirmó durante el acto.

La guerra frente a la colaboración

Esta misma idea fue expresada también mediante el lenguaje teatral. Una breve representación escenificó dos maneras opuestas de relacionarnos: la lógica de la guerra, la confrontación y la destrucción frente a la posibilidad de la cooperación y la colaboración.

La representación ayudó a visualizar algo que atraviesa nuestras sociedades: podemos construir nuestras relaciones desde el miedo al otro, la rivalidad y la búsqueda de enemigos, o podemos aprender a reconocernos como seres interdependientes que necesitan cooperar para hacer posible una vida digna.

En tiempos en los que asistimos diariamente a imágenes de guerras, desplazamientos forzados, discursos de odio y crecientes procesos de polarización, esta pequeña representación adquiría una especial fuerza simbólica. La paz comienza también cuando dejamos de considerar al diferente como una amenaza y empezamos a reconocerlo como alguien con quien podemos construir un mundo común.

Paloma de la paz hecha con flores

Una paloma construida entre todos

El encuentro concluyó con uno de sus momentos más simbólicos. Las personas participantes habían sido invitadas previamente a llevar una flor, de cualquier tamaño, forma o textura. Al final del acto, esas flores fueron utilizadas para rellenar entre todos la silueta de una gran paloma de la paz.

Cada persona fue aportando su flor hasta que, poco a poco, la figura quedó formada. El gesto expresaba de una manera sencilla lo que había querido transmitir todo el encuentro: la paz no es algo que pueda construir una persona, una religión o un grupo por separado. Necesita de la aportación de todos.

Las diferentes flores, con sus formas, colores y tamaños, no perdían su singularidad al formar parte de la paloma. Precisamente su diversidad hacía posible construir conjuntamente la imagen. Era una forma de expresar que también nuestras diferencias religiosas, culturales, espirituales y personales pueden formar parte de un proyecto compartido de paz.

Así, frente a las banderas que tantas veces delimitan identidades y fronteras, las flores se convirtieron en símbolo de otra manera de relacionarnos: diferentes, pero no enfrentados; diversos, pero capaces de construir juntos.

Acto interespiritual por la paz

Una espiritualidad que se convierte en compromiso

El encuentro de Sol mostró una concepción de la espiritualidad que no pretende apartarse de los conflictos del mundo. Por el contrario, las distintas tradiciones religiosas pueden encontrar precisamente en sus fuentes espirituales razones profundas para defender la dignidad humana, rechazar la violencia y trabajar por la justicia.

En este sentido, el diálogo interreligioso, intercultural e interespiritual adquiere hoy una dimensión especialmente importante. No consiste únicamente en que personas pertenecientes a diferentes religiones, culturas o espiritualidades aprendan a tolerarse. Supone descubrir que pueden colaborar activamente en aquello que afecta al conjunto de la humanidad.

La construcción de la paz necesita espacios donde podamos encontrarnos sin renunciar a nuestras diferencias, pero sin convertirlas tampoco en trincheras. Necesita recuperar la capacidad de escuchar, guardar silencio, dialogar y cooperar.

Durante una hora, en uno de los lugares más transitados y simbólicos de Madrid, personas procedentes de tradiciones e ideologías diferentes intentaron hacer visible esa posibilidad.

Fue un acto sencillo: palabras, silencios, una representación teatral, una pancarta, flores y una paloma que se fue llenando con la aportación de todos. Pero precisamente en esa sencillez estaba quizá su mensaje más importante.

La paz no comienza únicamente en los grandes acuerdos internacionales. Empieza también cuando unas personas deciden encontrarse con otras, escuchar sus palabras y sus silencios, reconocer su dignidad y comprometerse juntas para que el diálogo sustituya a las armas, la compasión al odio y el miedo pueda transformarse en esperanza.

Y para que, como se recordó durante el encuentro, actos como este no terminen simplemente en aplausos, sino que se conviertan en compromisos de paz.

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