La traición, Jesús y el Cabo Carvajal Londoño
Reflexiones de martes santo
Este diálogo de Jesús que veía venir su muerte trae a mi memoria otro diálogo: el de un soldado colombiano, que amaba el ejército en el que se alistó para servir a la patria y que también vio venir su muerte y supo que sus superiores y amigos militares lo iban a traicionar y entregar; Jesús confió su preocupación en una comida; el Cabo del Ejército Raúl Antonio Carvajal Londoño lo hizo en una llamada telefónica.
El relato del evangelio de este martes santo es impresionante. Jesús está en la intimidad con sus amigos, sus más cercanos, y les confía su preocupación, su dolor: uno de ellos lo iba a traicionar y lo entregaría a la muerte. Lo dice con la tristeza de verse engañado y vendido por uno de los suyos; lo dice con miedo a la tortura que ve venir, lo dice buscando librarse de ese cáliz amargo; “uno de ustedes me va a entregar”, “un amigo me va a entregar”, “uno que yo amo me va a entregar”.
Este diálogo de Jesús que veía venir su muerte trae a mi memoria otro diálogo: el de un soldado colombiano, que amaba el ejército en el que se alistó para servir a la patria y que también vio venir su muerte y supo que sus superiores y amigos militares lo iban a traicionar y entregar; Jesús confió su preocupación en una comida; el Cabo del Ejército Raúl Antonio Carvajal Londoño lo hizo en una llamada telefónica.Jesús hablaba con sus amigos, el joven militar hablaba con su papá Raúl y su mamá Oneida.
-Mijo, ¿y qué?: ¿cómo está por allá?, preguntó el papá. - Papá esto está muy feo- respondió el hijo. -No me diga eso, Raúl, como ¿por qué?, quiso saber el papá. Y el hijo explicó - Porque me mandaron a matar a dos muchachos para hacerlos pasar por guerrilleros en combate y yo dije que no. - Ay, Dios mío, pues claro; terminó aterrado el papá.…
Jesús supo que lo iban a entregar, que uno de los suyos lo iba a entregar, porque no quiso engranarse en la maquinaria del mal y la violencia, porque no quiso usar a Dios y al culto como mercancía para lucrarse, porque no quiso hacerle el juego a los poderosos sacerdotes y autoridades de su pueblo; porque se puso de parte de los marginados, defendió los derechos de los pobres. También el Cabo Raúl Antonio supo que lo iban a entregar, porque no quiso matar, se negó a asesinar inocentes para presentarlos como bajas en combate, se puso de parte de los que sus superiores militares consideraban desechables, no quiso rendir culto al ídolo que pedía “carrotancados de sangre” sobre sus altares.
Doña Oneida, la mamá, recuerda la misma conversación: “Cuando él recibió esa orden, de asesinar a personas, él no la quiso cumplir. Y me dijo: -mamá, es que si me van a matar por eso, me matan. Yo no dispararía nunca contra un inocente. Yo estoy en el Ejército y si me toca estar en el combate, estoy… Pero una persona inocente jamás la mataré”.
Y a Jesús lo entregaron efectivamente; los poderosos de Jerusalén buscaron a uno de sus mismos amigos, a Judas, y lo convencieron con 30 monedas para que lo hiciera. También los que estaban a cargo del batallón, los que estaban al mando, y que querían medallas y honores a cambio de muertos, buscaron soldados rasos para que ejecutaran al que no quiso manchar su honor; les estorbaba ese muchacho que no obedeció la orden y se negó a matar inocentes. Raúl Antonio fue asesinado por sus propios compañeros el 8 de octubre de 2006, veinte días después de la llamada telefónica.
Cristo sigue siendo entregado y sigue muriendo en todos los que ofrecen su vida; “Nos lo mataron por no ser un matón”, decía su papá. El Cabo Carvajal murió porque, siendo parte de la fuerza pública que se había degradado, se resistió a deshumanizarse, a volverse una máquina de muerte, y porque respetó la vida de las personas; prefirió dar la vida a quitarla, prefirió ser víctima a ser victimario. Murió la muerte de Cristo, dando la vida por los otros.
El evangelio de hoy también dice que Satanás entró en Judas, y cuando esto sucedió, en plena noche, este se fue y llevó a cabo su traición; recibió treinta monedas y puso a Jesús en manos de los que habrían de llevarlo a la muerte. Satanás no es otra cosa que la ambición que se mete en los corazones.En la historia de Raúl Antonio también se entró Satanás en los que tendrían que haberlo cuidado y llegó como ambición de pagos extras, de honores, de prebendas, de ascensos en el escalafón. Cuando la vida se cambia por cosas que valen menos de lo que valen los seres humanos, es que estamos en la oscuridad, es que es de noche, horrible noche que no ha cesado en nuestra patria; aquí la gente cuesta poco, como costó poco Jesús, como costó poco el hijo de don Raúl y doña Oneida; como costaron poco las personas vulnerables asesinadas para presentarlas como “falsos positivos”: somos un país de víctimas, nueve millones de víctimas se cuentan en el registro y no están todas; nueve millones de hermanos y hermanas sacrificados al poder, al dinero, a la comodidad, a la seguridad plutocrática.
Pero el evangelio de este martes santo, no termina ahí, en la traición, en Satanás, en la noche. Al acercarse el momento final, Jesús le da sentido a su propia muerte y dice que ella será su gloria y será gloria de Dios. Cuando Jesús hablaba de su gloria y de la gloria de Dios, no estaba hablando de tronos, ni de coronas, ni de poder, ni de incienso, ni de ceremonias; no estaba hablando de la pompa y el orgullo de este mundo; estaba hablando de amor hasta el extremo, de dar la vida por los otros, de su donación. Jesús ve venir su muerte, ve venir su hora, y comprende que allí, derramando su sangre y entregando su carne, estaba la gloria de Dios: “ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado, y Dios ha sido glorificado en él”. También, en el evangelio de Juan, Jesús nos enseña: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad les digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se niega a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna”.
Jesús da gloria a Dios y recibe la gloria de Dios entregando su vida, hundiéndose en nuestra tierra como una semilla y muriendo por amor; sólo las semillas que mueren dan fruto, sólo los que dan la vida por los otros dan gloria a Dios y son glorificados por Dios. Jesús murió asesinado y esto fue una gran injusticia y fue la maldad más mala, pero ese crucificado no se dejó vencer ni por la injusticia ni por ningún mal, amó hasta el extremo, se entregó. En el crucificado está toda la belleza y el esplendor de Dios; la gloria de Dios es amor hasta el final.
El Cabo Raúl Antonio Carvajal Londoño, glorificó a Dios con su muerte y fue glorificado por Dios. Se negó a sí mismo para defender la vida de los más vulnerables; prefirió morir a matar y como buena semilla dio mucho fruto; ese soldado, asesinado por órdenes de sus superiores y por sus propios compañeros, allá tirado en las montañas y muerto, tenía toda la belleza y el esplendor de Dios; murió con Cristo y resucitó con Cristo. La gloria de las medallas y ascensos, de las prebendas y pagos extras, es idolatría, es oropel y deshumanizó nuestras filas; la gloria de nuestro Ejército pendía de Raúl Antonio, un militar de bajo rango y de tantos otros que como él se negaron a matar; los altos mandos que pedían bajas y sangre, la marchitaron. Sólo la gloria de Dios, la de los que dan la vida, sólo esa, es inmarcesible,
Hagamos memoria de Cristo Jesús en estos días santos y juntemos a su memoria la de tantos y tantas que han dado la vida; esos, como Raúl Antonio, que han sido entregados y asesinados, son la gloria de Dios y tienen la gloria de Dios. Y pidamos la gracia, también nosotros, de glorificar a Dios dando la vida por los más vulnerables, resistiendo a deshumanizarnos, a volvernos máquinas de muerte, respetando la vida, prefiriendo darla antes que quitarla. El culto que da gloria a Dios es cuidar a los pobres, como lo hizo Jesús, como lo hizo Raúl Antonio.
Nota: Después de lo que nos pasó en Colombia habría que pensar cómo seguir cantando el himno nacional, la noche horrible nunca cesó, la gloria que nos infla de nacionalismo se ve, con tantos muertos, como flor marchita. Que la cruz de Cristo nos saque por fin de los mesianismos e ideologías del poder y del dinero.