Hazte socio/a
Última hora:
Primer aniversario de la elección de León XIV

Misericordia y conflicto de religiones (Pino de Tormes)

Como todos los años por estas fechas, las comunidades cristianas de la margen izquierda del Tormes, de la zona oeste de Salamanca (Barrio Buenos Aires, Pino de Tormes y Florida de Liébana), dirigidas por Emiliano Tapia, de quien mis lectores han oído hablar sin duda, me invitan a dirigir una reflexión sobre algún tema de actualidad cuaresmal, como preparación de Pascua.

Como podrán ver los lectores, por el espléndido cartel preparado por Maximino Cerezo, partiendo de uno de sus famosos cuadros, este año toca el tema “En nombre de la misericordia”. Mi intervención, que será mañana (9.3.16) lleva el título de Misericordia y conflicto de religiones en el difícil mundo de hoy.

He escrito sobre el tema en diversos libros, especialmente Entrañable Dios (Estella 2016) y Palabras de Amor (Bilbao 2006), de los que extraigo los temas básicos de la reflexión que ofreceré mañana.

Como se trata de un diálogo más que de una conferencia magistral, no ofrezco aquí el tema ya compuesto, sino algunos materiales que, sin duda, ayudarán a reflexionar a más de un lector.

Buen día a mis amigos. Todo lo que sigue es sobre misericordia y conflicto de religiones, un tema de gran actualidad, que expondré mañana en Pino de Tormes. Evidentemente, quien quiera y pueda ir está invitado, para compartir, aportar, precisar el tema, con Emiliano como moderador.

INTRODUCCIÓN. HISTORIA DE LAS RELIGIONES

1. Isthar, diosa de la misericordia (Babilonia). Ishtar o Ashtarté es una rica expresión de la divinidad en el oriente antiguo. Ella tiene rasgos fuertes de misericordia, como dice su himno: «Ella es poder, magnificencia, deidad protectora y espíritu guardián. Ella mantiene la compasión y la amistad. Además posee ciertamente el agrado. Sea esclava, muchacha libre o madre, ella la protege. Se la invoca entre las mujeres, se menciona su nombre» (J. B PRITCHARD, Sabiduría del Antiguo Oriente, Garriga, Barcelona 1966, 274). Ishtar es signo de amor universal, diosa que crea el orden del mundo, pero no con violencia, sino con ternura, en contra de Marduk que se impone por la fuerza y carece de misericordia.

2. Hinduismo. Parece una religión más racionalista que misericordiosa. Ella deja al hombre en manos de su propio esfuerzo, de su capacidad de meditación interior y de trascendimiento. Cada uno se salva o libera a sí mismo, si es que logra superar la cadena de las reencarnaciones, cerrada por la muerte. Por eso resulta más difícil la experiencia de un Dios personal, que ama a los hombres de un modo gratuito y cariñoso. Pero el hinduismo tardío ha desarrollado una vía de la devoción (→ bhakti), vinculada a la misericordia.

En este contexto se suele destacar la visión de una divinidad (sobre todo Vhisnú) más cargada de ternura, con rasgos femeninos (o con una diosa/esposa), ofreciendo a los hombres y mujeres su amor, por encima de la dureza de las leyes cósmicas. Superando la acción supramundana (ascesis) y la contemplación (camino intelectual) emerge así una religión del sentimiento amoroso y compasivo. Siguiendo la línea de la → Bhagavad Gita, muchos creyentes de la India han descubierto el valor de una experiencia inmediata de un Dios que, siendo fuerte trascendencia, viene a presentarse, al mismo tiempo, como amigo, amor cercano, madre o padre cariñoso.

3. Budismo. La primera verdad de budismo es que todo es sufrimiento. Por eso, la vida no nace de la misericordia de Dios, sino que es lucha y muerte. La segunda verdad: es que el origen del sufrimiento es el deseo, es decir, el ansia de tener, oponiéndose a los otros. Lógicamente, la tercera verdad se formulará de esta manera: para anular el sufrimiento hay que superar los deseos: no desear nada, esa es la manera de salvarse, esto es, de alcanzar el nirvana. La superación del deseo enciende dentro de nosotros otra luz superior: podemos ser "iluminados", participando así del camino del camino de Buda. Por eso, en principio, no se puede hablar de misericordia.

Pero, en un segundo momento, todo el budismo aparece como expresión de misericordia, con sus tres momentos de Maitri o benevolencia universal, de Dana o piedad por los que sufren y de Karuna o solidaridad empática con todos los que sufre.

4. Islam. Todas las suras del Corán empiezan con la invocación Bismillah er-Rahman er-Rahim, en decir, En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso. Estas palabras, inspiradas quizá en Ex 34, 6-7, constituyen el principio de la experiencia musulmana. Desde ese fondo se pueden citar otros pasajes: «Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más Dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso» (Corán 2, 163). «Aquellos cuyos rostros estén radiantes gozarán eternamente de la Misericordia de Dios» (Corán, 3, 107). «Vuestro Señor se ha prescrito la Misericordia, de modo que si uno de vosotros obra mal por ignorancia, pero luego se arrepiente y enmienda... Él es Indulgente, Misericordioso» (Corán 6, 54). «¡No desesperéis de la Misericordia de Dios! Dios perdona todos los pecados. Él es el Indulgente, el Misericordioso» (39, 53).

BUDA, BUDISMO: COMPASIÓN

Cuatro «nobles verdades».

(1) Primera verdad: todo es dolor; dolor el nacimiento y la muerte, la unión y desunión; la vida entera sobre el mundo es un destino de separación, impotencia y sufrimiento.

(2) Segunda verdad: el origen del dolor es el deseo, la sed de la existencia que nos tiene atados a la rueda de una vida en la que estamos cautivados.

(3) Tercera verdad: para librarse del dolor es necesario extinguir los apetitos, desarraigando la raíz de los deseos.

(4) Cuarta verdad: en este mundo de deseos destructores es posible hallar la vía, la famosa vía media que conduce a la superación de los dolores, a través de una disciplina mental, una concentración intensa y una conducta ética misericordiosa.

La misericordia, Camino de liberación:

1. Maitri o benevolencia y amabilidad. Quien ha sido iluminado, y sabe cómo puede superarse la cadena del destino y de la muerte, se comporta de manera diferente: es dulce y es discreto, es cordial y es afectuoso. Nada puede perturbarle, nada debe hacerle airado. En medio de una tierra dura y fuerte, destrozada por el odio, las pasiones y deseos, el auténtico budista sabe ser y comportarse de manera amable. Todo lo comprende, pero nada llega a perturbarle.

2. Dana. No basta una actitud benevolente, amable. Es necesario realizar el bien concreto, a través del regalo, donación o dana. La razón es clara: todo sufre, se retuerce y gime en una tierra calcinada. El budista, iluminado ya, conoce su final de salvación, pero igualmente sabe que el dolor es destructor y quiere, en lo posible, remediarlo o, por lo menos, no aumentarlo. Por eso hace el bien y remedia a quien está necesitado. En esa línea, el budismo está cerca del cristianismo entendido como evangelio de amor. ¡Que nada sufra por tu causa! parece ser la voz y el gesto de los fieles de Buda.

3. Karuna, compasión piadosa. Ésta es la piedra angular del budismo: la intuición de que el dolor, pareciendo y siendo en un plano absoluto, puede superarse. Cada hombre ha de asumir a solas su camino y alcanzar la libertad por medio de su propia actitud, concentración y desapego. Sin embargo, el verdadero iluminado sabe que no puede separarse de los otros, de manera que sufre y se compadece de ellos, procurando abrirles el camino hacia la propia libertad de cada uno. Ese fue el comportamiento de Buda: una vez iluminado, descubierta su verdad e inmerso en una vida sin dolor y sin deseos, deja de cerrarse y pensar en sí mismo, para ofrecer su mensaje iluminado a todos.

El budismo es una de las experiencias más hondas de la historia humana. Quizá nunca se había llegado tan arriba. Pienso, sin embargo, que le falta algo: le falta el gozo de la gratuidad como amor positivo a los demás, quizá la vivencia de la comunión, el encuentro interhumano como signo primigenio del misterio; y le falta, según los cristianos, un Dios activo y personal que ame a los hombres desde sí mismo, que manera que puede liberarle de un modo amoroso.

De todas formas, la compasión budista, entendida como misericordia interior es un elemento clave de la experiencia religiosa y ética de la humanidad

MISERICORDIA EN ISRAEL . DIOS CLEMENTE Y MISERICORDIOSO! (EX 34, 4-28)

Ha subido Moisés a la montaña de la revelación: el Dios del pacto va a mostrarle en cuarenta días las formas y sentido del templo/tabernáculo itinerante donde habitará entre los suyos (Ex 25-31). Pues bien, en esos mismos cuarenta días de revelación (Ex 23,18), el pueblo, en cuyo centro quiere morar y caminar Yahvé le olvida y niega, de forma que pudiera parecer que Dios va a castigar para siempre a su pueblo.

En este momento de "suspense teológico", con la historia como detenida, sin saber lo que podrá pasar (¿perdonará Dios?) romperá su alianza?) se sitúa este relato. Después que los israelitas han negado a su Dios, construyendo el Becerro de Oro, Moisés sube de nuevo a la montaña:

Y Yahvé pasó ante él (ante Moisés) diciendo:

¡Yahvé, Yahvé, Dios compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia y lealtad,

misericordioso hasta la milésima generación;

que perdona culpa, delito y pecado,

pero no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos y

nietos, hasta la tercera y cuarta generación! (Ex 34, 6-7).

Moisés ha pedido perdón por el pueblo y, respondiendo a su plegaria en favor de Israel (cf. Ex 33), Dios renueva la alianza, ofreciendo un nuevo camino de alianza. Por eso le pide que labre otras losas y vuelva a la montaña donde escucha la gran palabra.

(1) Dios es compasivo y misericordioso. De esa forma actúa como madre entrañable (rahum), madre que cuida a sus hijos, como Señor misericordioso (hannun), que ama a los pecadores.

(2) Dios es rico en clemencia y lealtad (=rab hesed we´emet). El hesed o clemencia se puede interpretar como "amor de alianza": aunque los hombres lo rompan, Dios la mantiene; aunque sus "fieles" le dejen, construyendo el becerro en la llanura, Dios no puede abandonarles.

Pero el judaísmo ha seguido teniendo también la otra cara... la del Dios de la ira y la venganza...

LUCAS, DOS PARÁBOLAS DE LA MISERICORDIA

1. Misericordia samaritana (Lc 10, 25-37).

Esta parábola pone de relieve la compasión del samaritano, de entrañas maternas, que se hace prójimo del herido, insistiendo en el carácter novedoso del amor, que rompe el esquema comercial de do ut des, para abrirse de un modo universal, condenando el cinismo de un mundo sin Dios, donde los ricos del mundo saquean y explotan a los pobres con sus grandilocuentes razones de seguridad o progreso (cf. Benedicto XVI, Jesús de Nazaret I, Madrid 2007, 239).

Para entender mejor el sentido de la parábola, podemos suponer que el herido del camino bajaba de Jerusalén a Jericó, tras haber orado, y lo hacía dando un rodeo, para tomar la ruta del Jordán hasta Galilea, evitando así el camino de los samaritanos (cf. Lc 9, 52). Podemos suponer que su oración de templo ha sido buena, y sin embargo, le asaltan y desnudan para robarle los vestidos. En principio los hombres desnudos se parecen mucho, de manera que no hay diferencia entre mendigo y monarca, millonario y pobre.

Pero, mejor mirados, incluso los desnudos ofrecen ciertos signos distintivos, como la circuncisión, que permite saber si eran judíos o no. Quizá este herido era gentil incircunciso, y los “clérigos” lo vieron, y no pudieron ayudarle, para no contaminarse con impuros. Quizá estaba muerto, y tampoco podían ayudarle, pues los muertos contaminan a los puros sacerdotes. Sea como fuere, pasaron de largo. Pero vino al fin un samaritano, y mirando sintió compasión (como el Dios de Ex 3, 7-8). No tenía prejuicio de ley, le importaba el herido, y así se paró, miró, le tocó y le curó con aceite, y, montándole en su cabalgadura, le llevó a la posada, un hostal/hospital de caminantes.

Sólo ese samaritano con misericordia se hizo prójimo del herido, como dice el texto (tuvo compasión: splangnisthê, añadiendo que realizó con él unas obras de misericordia (eleos): le curó, le llevó al hostal y pagó la cuenta al hostelero. Levita y sacerdote no quisieron (ni pudieron) expresar misericordia, pues se lo impedían sus leyes de pureza religiosa, pues eran miembros de un sistema que pone la ley (orden económico, razón de Estado) sobre la ayuda a los necesitados.

2. Misericordia pródiga (Lc 15, 11-32).

El samaritano ayudaba al herido sin conocerle. Por el contrario, el padre pródigo acoge al pobre porque es hijo suyo, aunque ese hijo le haya exigido antes la herencia y la haya gastado de manera inconveniente, hasta quedar hambriento y volver por pan a la casa del padre.

Protagonista es el padre misericordioso, que espera y acoge con fiesta al hijo pródigo, queriendo que también lo haga su hermano, de forma que convivan y compartan ambos en amor la casa, como quiere Jesús que los judíos “puros” acojan a los expulsados e impuros, separado de la alianza israelita. La parábola no dice si el hijo/hermano pródigo viene arrepentido, sino que tiene hambre. La necesidad le lleva de nuevo a la casa de su padre, no el cariño.

Vuelve por hambre, no por bondad, pero lo hace, y el padre le ama y ese amor misericordioso puede transformarle. Por su parte, el hermano mayor que protesta no es malo, pero quiere mantener el orden de la casa, según la ley normal y, por eso, para justificar su ley, rechaza la misericordia del padre, que ha dado de nuevo la casa al hijo pródigo. Estrictamente hablando, ni el pródigo es justo (es sólo un perdido en busca de comida), ni el mayor injusto (es simplemente un hombre de ley). Misericordioso y bueno es sólo el padre porque quiere que los dos hermanos vivan en perdón, juntos en la misma casa, en abundancia compartida.

Así termina el texto, dejando el tema abierto: no sabemos si el mayor entrará en la casa, que el padre ha vuelto a dar al pródigo, ni si el pródigo se dejará transformar, ni si entrará el mayor en casa… El final depende de los oyentes/lectores, que deben responder y completar lo planteado por Jesús: ¿Acogerá el mayor al pródigo? ¿Podrán convivir en una casa? Esas preguntas nos sitúan en el interior del evangelio y de la vida de la Iglesia, de manera que nosotros mismos debemos responder a la parábola, introduciéndonos en ella.

De un modo normal, la catequesis ha utilizado esta parábola con fines pedagógicos: para que los pródigos se conviertan y los mayores les acepten en casa. De todas formas, la parábola no exige, en principio, que el menor se convierta; sólo dice que vuelve y que el padre le recibe gozoso, sin exigirle conversión ni imponerle obligación alguna. De esa manera, ella, la parábola nos deja ante el hermano mayor, que corre el riesgo de quedarse aislado, fuera de la Casa de Misericordia y del amor del padre (y de la compañía de su hermano), porque el padre no puede (no quiere) volverse atrás.

Así acaba sin acabar este relato de la Misericordia Pródiga del padre que quiere a los dos hijos en casa, a cada uno a su manera. Por eso acoge al pródigo, y luego sale a la puerta y se pone a conversar con el mayor, escuchando sus reclamaciones y procurando convencerle: ¡Recibamos a tu hermano…! El milagro parábola no consiste en el arrepentimiento del menor, sino en la ternura del Padre, que le perdona y acoge otra vez en su casa, para empezar de nuevo su historia de amor.

MATEO

1. La oveja extraviada

La parábola de la Oveja Perdida (Lc 15, 1-7), a la que el pastor no se limita a espera en casa, para recibirla con fiesta, sino que va en su búsqueda, por montes, peñas y fragas, hasta que la encuentra.

En la versión de Lucas, la oveja de esta parábola se ha perdido quizá por ingenuidad o mala suerte, incluso por debilidad: No ha sabido seguir al rebaño, se ha enredado entre zarzas, sin quererlo…

Pero en la versión de Mateo ella se ha ido y perdido (se ha extraviado) porque así lo ha decidido, porque es "mala", si vale ese adjetivo, porque no le gusta el rebaño… y sin embargo el pastor la busca con gran riesgo hasta encontrarla, pues una oveja sola entre los montes, por mucho que quiera andar libre, cae pronto en las garras del lobo, del oso o de la hiena.

Por eso es importante evocar esta parábola, que no trata de la conversión de la oveja (como en el caso del hijo pródigo, que parece convertirse para volver a casa del padre), sino de la decisión arriesgada del pastor que la busca hasta encontrarla, no para castigarla, sino para arrancarla de las garras del lobo.

Y la pregunta es: ¿qué haces con la oveja extraviada? ¿La metes en un correccional para que se eduque? ¿La castigas por un tiempo en la cárcel para que aprenda? ¿La encierras para siempre y la separas de las otras ovejas para que no las pervierta, y no sigan su ejemplo?

‒ Oveja errante, oveja "mala" (Mt 18, 12-14).

A diferencia de la oveja de Lc 15, 4-7, que se pierde quizá por debilidad, despiste o ignorancia, la oveja de la parábola de Mateo no está simplemente perdida (apolesasa), sino que va errante/planea (planêthê), se aleja del rebaño de las otras cien ovejas y de esa forma se extravía, porque así ha querido. Pues bien, el evangelio añade que el pastor de Jesús sale a buscarla, a pesar del riesgo que eso significa, tanto para el pastor, como quizá (en otro plano) para la misma oveja que en principio no quiere que la busquen.

Esto significa que el buen cristiano no busca sólo a la perdida (quizá sin causa propia), sino que sale en busca de la que “planea” (va errante) por su ignorancia o culpa, con la misma palabra que se emplea para hablar de los los astros caídos (¡pervertidos!)de la tradición apocalíptica del judaísmo tardío (libros de Henoc) y del primer cristianismo (Orígenes). Mateo supone así que Jesús busca a la errante, no para obligarle a volver, sino para corregir su rumbo y ofrecerle su perdón, si es que se deja.

Ésta es una parábola eclesial, que no trata en principio de ovejas de otros grupos, sino de miembros de la comunidad que se han separado de ella (de su comunión) y andan vagando perdidas (pervertidas, malvadas…). Pues bien, la parábola asegura que el pastor de Jesús busca a esas ovejas extraviadas con pasión, alegrándose de recibirles de nuevo en su grupo. Desde ese fondo se vinculan dos rasgos o elementos paradójicamente cercanos.

(a) Las ovejas son libres, de forma que pueden marcharse y errar (trazar sus caminos), volviéndose incluso malvadas. Pueden ser ovejas enfermas, pero también pervertidas; prefieren perderse, dejar el rebaño, ser de otra forma, volver “bandidos” en montes y barrios de las grandes ciudades

(b) Pero el pastor/educador de Jesús busca a esas ovejas, convertidas en “machos cabrío” perversos, según la tradición antigua… Ovejas que no quieren volver a casa, sino que quieren su libertad… su forma de vivir distinta. Pues bien, el pastor no las buscar, no para castigarlas u obligarlas a volver, sino para ofrecerles espacio en su rebaño. (Véase imagen: parece que el pastor de la catacumba trae en hombre a un "cabrito" no a una oveja buena).

(c) He dicho que en principio, el buen pastor busca a su oveja extraviada (como el padre de la parábola podría salir a buscar a sus hijos por montes y fragas), pero en último término el buen pastor de Jn 10 busca a todas las ovejas extraviadas

‒ Buscar es amar, arriesgarse, perdonar… y quizá, al final, convertir.

La tarea del pastor/educador empieza cuando él busca a la oveja errante, mientras ella sigue perdida, sin pensar en convertirse. No es la oveja la que busca al pastor, la que se empieza arrepintiendo, como el hijo pródigo que vuelve, mientras el padre ha seguido esperando en casa, sino que sería el mismo padre el que sale por los campos a buscarle (cf. Lc 15, 11-32).

El pastor de esta parábola (cf. también Lc 15, 4-7) se arriesga y abandona la seguridad de las noventa y nueve ovejas fieles del rebaño para buscar a la errante, que ha querido perderse ella misma (o se pierde de hecho), y no hace nada por volver, aunque el texto parece suponer que al fin lo hace, cuando el pastor la encuentra.

En este contexto, corregir no es amonestar, ni condenar, sino buscar, queriendo que la oveja extraviada pueda volver al redil, de forma que que se convierta no sólo ella, sino el resto de aquellas que se pierden. El evangelio de Juan ha reformulado esta parábola de la corrección añadiendo que el buen pastor (=educador) arriesga su vida por sus ovejas porque las conoce (=las ama), y porque también ellas le aman (cf. Jn 10,14-16), en gesto de intimidad amorosa que define todo este evangelio.

En esta línea, el evangelio de Juan habla de un discípulo amado porque sabe que hay un maestro amante, conforme a la pedagogía helenista que establecen relaciones de amor muy profundas entre maestro y discípulo (cf. Jn (Juan 13, 21-26); 19, 26-27: 20, 1-10; 21, 20-23).

Padres, educadores de calle, confesores, policías...

Esta parábola del pastor nos sitúa un educador de calle, que sale en busca de la oveja extraviada, logrando convencerla a fin para que vuelva, integrándose en la escuela común de los noventa y nueve “hermanos” creyentes o en la vida de conjunto de la sociedad. A diferencia de eso, los confesores (corregidores oficiales) de la historia posterior de la Iglesia (a partir del siglo X-XI y sobre todo desde el XIII) han venido a presentarse como educadores establecidos en santuarios e iglesias desde donde esperan, acogen y corrigen a los que yerran y acuden a su sacramento.

¿Qué haces con la oveja extraviada? ¿La confiesas, la metes en un reformatorio para que no se vaya más?

En principio, los confesores sacramentales no van a buscar a los perdidos, pero les recibe si vienen, y les corrigen y perdonan, porque han recibido poder eclesial y/o social para ello. En esa línea, la corrección más profunda de la Iglesia se ha realizado a través de la confesión, por la que el pecador reconoce el mal realizado y manifiesta un propósito de enmienda, iniciando así un proceso dialogal, que sólo puede alcanzar un resultado positivo si el mismo pecador reconoce su pecado y recibe el apoyo del buen maestro (confesor) y de la comunidad educativa, que le recibe de nuevo y le ofrece una oportunidad de transformación.

‒Hay una corrección externa o legal, que se entiende en forma de castigo educativo, y en esa línea se ha podido hablar de los antiguos reformatorios de jóvenes “peligrosos”, dirigidos con frecuencia por religiosos o religiosas, un tipo de cárceles de menores, con sus valores y riesgos. Ciertamente, en los últimos años se han cerrado gran parte de ellos (en España), pero sin resolver de esa manera el tema de los menores en riesgo de exclusión.

‒Se han dado también escuelas correccionales, que suelen ser variantes de los reformatorios, con el riesgo de aislamiento que implican, pues separan a los adolescentes de alto riesgo en vez de vincularles mejor con otros, y quizá también por la falta de implicación afectiva de los formadores (en la línea del buen pastor de la parábola que busca a la oveja descarriada), pues sólo con amor puede corregirse a los carentes de amor.

‒ Se han creado cárceles para ovejas perdidas… lugares bien cerrados, para que no se marchen, bajo la custodia de policías y funcionarios especializados… que no dejan salir a las “malas ovejas”….

Así quiero dejar el tema abierto, el tema del pastor que busca a la oveja extraviada, que parece terminar cuando la encuentra y se alegra. Pero todos sabemos, y Jesús sabe, que el tema empieza precisamente ahora ¿Qué haces con la oveja perdida? ¿Cierras el redil para que no se “pierda” más? ¿Lo dejas abierto y ofrece más cariño y libertad a la oveja que tiene el deseo de salir y perderse?

Mateo 2. Justicia, misericordia y fidelidad

Texto base: Mt 23, 23-24:

‒ ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino,

‒ pero descuidáis los aspectos de más peso de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.

‒ ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt 23, 23).

Introducción:

‒ Lo primero es la justicia (en griego krisis).

Quizá tanto como justicia (que se suele decir dikaiosyne, y que en Mt. 3, 15; 5, 20 tiene un espectro más amplio de significados, krisis significa “juicio”, en el sentido bíblico (hebreo) de mishpat, hacer justicia y ayudar a los necesitados, para así lograr un orden básico de igualdad (es decir, de equilibrio) entre los hombres.

Todo el proyecto mesiánico de Jesús se funda en esta exigencia de justicia social que responde al juicio de Dios, como decía Mt 12, 18-20 (¡anunciará el juicio a las naciones) y que ratificará Mt 25, 31-46. Lo que importa no es un tipo particular de Ley, ni una forma de organización del Estado, sino la Justicia: ¡Que los pobres coman, que los extranjeros sean acogidos, que se ofrezca presencia y ayuda a los enfermos y encarcelados.

Hay un tipo de orden económico y político que hace muy difícil que se extienda y se practique esta justicia de Dios, según Jesús. Pues bien, es eso lo que la Iglesia ha de decir a los políticos: Que haya ante todo justicia, que se ayude a los más débiles.

Algunos jerarcas católicos, igual que los miembros de otras religiones organizadas de un modo legal, olvidan a veces que todas las empresas del mundo, con el capital y mercado vinculado a ellas, han de estar al servicio de la justicia/juicio de Dios, para que este mundo sea básico de justicia: que todos los hombres coman, que sean acogidos, respetados y ayudados.

‒ Misericordia (en hebreo hesed, en griego eleos).

Como afirmaba ya de un modo tajante el libro del Éxodo (34, 6-7), la justicia resulta inseparable de la misericordia y en el fondo se identifica con ella. Eso significa que la justicia está al servicio de la misericordia y viceversa: Que hombres y mujeres se puedan perdonar y se perdonen y que los menos favorecidos (cojos y mancos, enfermos y ancianos, extranjeros y mujeres en riesgo…) sean los más protegidos por la ley y por la vida del conjunto de la sociedad.

En esta línea avanza la aportación básica de Jesús en el evangelio de Mateo donde la misericordia se identifica con el juicio o, mejor dicho, deriva del juicio, expresando de esa forma su sentido más profundo. Dios no juzga para vengarse de los hombres, ni para imponerles su poder, sino para expresar y realizar en ellos su misericordia. De igual forma, el Estado ha de ser justo para ser misericordioso con los menos afortunados de la vida, no sólo promoviendo la justicia del perdón, sino realizando sus obras al servicio de todos, y de un modo especial de los más débiles.

Ésta ha sido y sigue siendo la experiencia radical del evangelio, el mensaje central de la Iglesia, que el Papa Francisco está recuperando. No se trata de una misericordia intimista, sino de una misericordia que brota de la justicia y que se expresa en la ayuda a los más débiles, a los que son víctimas de otros. No se trata de una misericordia exclusiva de los cristianos (de una nota interior de la Iglesia), sino de un gesto de amor abierto a todos los seres humanos (con fe explícita en Dios o sin fe explícita).

La iglesia no defiende aquí ningún privilegio suyo, sino el valor de los hombres y mujeres, de todos, en espacial de los más necesitados.

‒ Fidelidad/fiabilidad (hebreo ‘emet, griego pistis).

Ésta es la tercera y más honda tarea de la Iglesia (y en nuestro caso del mismo Estado): Hacer que los hombres y mujeres puedan vivir en fidelidad (esto es, en verdad), sin engañarse unos a otros, sin mentirse, manteniendo la palabra dada, siendo así fiables. Se ha dicho que la política es el arte de la mentira. En contra de eso, Jesús quiere que los hombres (y en este caso los políticos) sean fiables, de forma que se pueda confiar (tener fe) en ellos.

Con esta fiabilidad/fidelidad culmina la tríada de notas o manifestaciones básicas de la vida humana, según Jesús, partiendo de la afirmación original de Ex 34, 6, donde Dios es rahum y hannun (entrañable y gratificante), siendo rico en misericordia y en verdad (hesed y ‘emuna). En esa línea, la tradición de la Biblia Griega que los LXX dice que Dios es poly-eleos kai alêthinos, multi-fiel y verdadero (tema que en latín se lleno de misericordia et verdad). Eso significa que los hombres han de ser fiables entre sí, reconociendo y practicando el valor supremo de la fidelidad.

No se trata aquí de la fe en Dios, como virtud separada, de tipo “teológico” (que en los catecismos se vincula con la esperanza y caridad), sino de la fe humana: ¡Que los hombres puedan confiar unos en otros, confiando en el Estado que les representa!. Según Jesús, esta fidelidad mutua resulta inseparable de la justicia y de la misericordia.

4. ISLAM, DIOS CLEMENTE Y MISERICORDIOSO

Todas las suras del Corán empiezan con la invocación Bismillah er-Rahman er-Rahim, en decir, En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso. Estas palabras, inspiradas quizá en Ex 34, 6-7, constituyen el principio de la experiencia musulmana, como indica la Primera Sura, llamada Al Fatiha (la apertura), que es la oración fundamental de todos los creyentes:

1. Bismillah ir-Rahmani ir-Rahim / En el nombre de Alá, el Compasivo, el Misericordioso

2. Alhamdu li-lahi Rabbil-alamin / Alabado sea Alá, Señor del universo

3. ar-Rahman ir-Rahim / el Compasivo, el Misericordioso,

4. Maliki yawm id-din / Dueño del día del Juicio,

5. Iyyaka nabudu wa iyyaka nastain / A Ti solo servimos y a Ti solo imploramos

6. Ihdina-sirat al-mustaqim Dirígenos por la vía recta,

7. sirat alladhina anamta alayhim ghayril-maghdubi alayhim wa lad-dalin /La vía de los que Tú has agraciado, no de los que han incurrido en la ira, ni de los extraviados.

FÂTIHA

La fâtiha es el primer capítulo del Corán que consiste en siete breves versículos. Literalmente significa “la que abre, la que empieza algo”.

1. Importancia de la fâtiha en la azalá

Es de obligada memorización para los musulmanes puesto que la azalá siempre comienza con la recitación de la fâtiha. Después de esta azora se recitará otro fragmento del Corán a elección de la persona. Esta segunda recitación se hará solamente en la primera y segunda rak‘a; si la salât en cuestión tuviera más de dos rak‘at, en las restantes se recitará sólo al-fâtiha.

2. Significado de los versículos de la fâtiha

La fâtiha es una invocación que empieza con la alabanza al Sustentador de los Mundos (al-hamdu li l-Llâhi rabb al-‘alamîn), que es matriz y vínculo de lo existente (ar-rahmâni ar-rahîm), rey del Día del Juicio (maliki yawm ad-dîn). Ante su inmensidad el ser humano se doblega en un acto de reconocimiento (iyyâka na‘bud) y le pide la ayuda sin la cual nada es posible pues Dios es el fundamento de todo (iyyâka nasta‘în), pidiendo a Dios que lo guíe por el sendero recto (ihdinâ s-sirâta l-mustaqîm), que es el de los que han reconocido el favor de Dios y, gracias a ello, se han orientado por completo hacia Él (sirâta l-ladzîna an‘amta ‘aláihim), y no es el sendero de los que son objeto de la ira por su indolencia ni el de los que están en el error por su ignorancia (gáira l-magdûbi ‘aláihim wa lâ d-dâ:llîn). A.A.

La primera frase, conocida con el nombre especial de Básmala- encabeza el Corán. Es una expresión que resume lo esencial de la visión religiosa y “filosófica” del Islam (la ‘Aqîda: el fundamento de toda la experiencia islámica), y posee una extraordinaria energía espiritual (Báraka). Con ella nombramos a Allah, y al nombrarlo rememoramos todo lo que Él implica, trasladando a nuestra conciencia la grandeza de lo infinito que mueve la existencia, y de ahí que sea fuente de bendición.

‒ bi-, con. La Básmala comienza con esta preposición que tiene valor instrumental, y quiere decir que todo es con Allah, movido por Él, que todo vive, crece y muere gracias a Allah... Allah da la existencia a cada realidad, la sostiene, la agita, la detiene. Él es el motor real de cada cosa, lo que la hace ser, la mantiene y la recupera en cada instante. Esto es parte de las sugerencias contenidas en esta partícula, que no es de compañía: Allah no está en las cosas, no está con ellas, sino que Él es con o por lo que se mueven, por lo que existen, lo que las sostiene y las guía, sin acompañarlas porque Él está por encima de todo, trascendiéndolo todo, Inasible en su inefabilidad.

‒ ism, nombre. La expresión bísmi significa con el nombre de... (Shem en hebreo es nombre. Ha-Shem es el Nombre, es decir, el mismo Dios). El nombre de algo es la palabra, el sonido, por lo que esa cosa es reconocida. De este modo, la palabra Allah designa a la Verdad Absoluta, al Creador de los cielos y de la tierra. Es un Nombre que hace reconocible al Misterio. Darle nombre, nombrarlo, es proponérselo como meta. En el Islam tiene una gran importancia el Dzikr, la memoria, el recuerdo: conocer a Allah, mencionarlo, es el aldabonazo que permite al ser humano orientarse. La expresión bísmillâh, con el Nombre de Allah, traslada a la conciencia humana el Secreto para el que no hay palabras, haciendo presente al Infinito.

‒ Allah. Es Dios. Estas tres palabras (bi-, con, ism, nombre, y Allah), con el nombre de Allah, significan que con Allah (por Él, gracias a Él...) cada realidad tiene cumplimiento, que no hay nada independiente de Él, que todo es movido por el Insondable, al que damos el nombre de Allah para hacerlo presente en nuestras conciencias y agigantarlas en su Inmensidad. La fase bísmillâh, en sí, es un elogio extraordinario, una alabanza que resume en pocas palabras todas las certezas del musulmán, el cual, gracias a ellas, ya tiene ante sí el conjunto de toda la Verdad, se sumerge en ella y eleva su corazón en la presencia de lo eterno.

‒ Clemente y compasivo… El Más Misericordioso, Misericordiosísimo, expresa dos aspectos de una misma realidad. Ambos constituyen dos Atributos superlativos, provenientes de la raíz árabe "ráhima", de la que derivan las palabras árabes "piedad", "misericordia", y los substantivos "matriz" (órgano femenino de la procreación), y "lazo de parentesco". Dice una tradición que Allah, expresó: "Yo soy el Más Misericordioso (Al-Rahmán), creé la matriz femenina (al-rahm) y derivé para ella un nombre de Mi Nombre. Por lo que, al que mantiene el vínculo [de parentesco], Yo lo mantengo con él, y al que lo quiebra Yo lo rompo [me enemisto con él]". El Más Misericordioso, Misericordiosísimo se repite dos veces, al comienzo de la sura y en el versículo segundo, para enfatizar la Misericordia divina, y Alabanza a Allah, por parte de toda la Creación, a la que El llena de Misericordia y de Sabiduría: ¡Señor nuestro! ¡Tú abarcas todas las cosas de Misericordia y Conocimiento! (40:7).

‒ Además de esos dos atributos primordiales, que expresan su misma esencia, a Dios se le aplican otros dos que expresan el sentido de su realidad:

a) Rabbil –‘Aalamiin… Señor (rb)del “olam”, tiempo-universal

b) Rey del día del juicio (Maaliki Yawmid–Diin: Mlk ym Din)

Desde ese fondo se pueden citar otros pasajes: «Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más Dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso» (Corán 2, 163).

«Aquellos cuyos rostros estén radiantes gozarán eternamente de la Misericordia de Dios» (Corán, 3, 107). «Vuestro Señor se ha prescrito la Misericordia, de modo que si uno de vosotros obra mal por ignorancia, pero luego se arrepiente y enmienda... Él es Indulgente, Misericordioso» (Corán 6, 54).

«¡No desesperéis de la Misericordia de Dios! Dios perdona todos los pecados. Él es el Indulgente, el Misericordioso» (39, 53).

Tema abierto… ¿Cómo relacionar esa misericordia con Guerra Santa?

También te puede interesar

Lo último