Jesús, Mahoma y la guerra. Por Allah, petróleo o poder se hacen guerras. Pero Jesús no hizo ni quiso ninguna
No hace falta hablar de guerra, la tenemos a la puerta, en tierras y mares. Tampoco hace falta hablar de imperios, andan por ahí, ni de Mahoma (le siguen metiendo en guerras), ni Jesús (recordaremos su muerte dentro de unos días.
En este contexto me parece importante recordar la actitud y respuesta de Jesùs ante la guerra y compararla con la de Mahoma, como haré acontinuación.
Jesús había subido a Jerusalén acompañado por Doce compañeros, representantes del nuevo Israel, pero uno de ellos le traicionó y los otros perdieron el rumbo, tuvieron miedo y huyeron. Por eso, murió solo, con dos “bandidos” a su lado, acompañado de lejos por unas mujeres (cf. Mc 15), enterrado con los otros ajusticiados, no para honrar sus cuerpos, sino para impedir que sus cadáveres, colgados al aire, a las puertas de Jerusalén contaminaran la tierra e impidiera celebrar la pascua, pues eran impuros malditos para los judíos (cf. Gal 3, 13; Jn 19, 31). Algunos añaden que unos soldados (o los representantes de los sacerdotes judíos), les sepultaron en una fosa común, sin que parientes ni amigos pudieran despedirles con ritos que sirven para honrar y recordar en paz a los difuntos.
Habían matado a Jesús… y fue enterrado, como asegura 1 Cor 15, 4 y toda la tradición cristiana… Pocas semanas después de su muerte y su entierro, sus discípulos dejaron de ir a su tumba la tumba para allí recordarle, pues “descubrieron” que él estaba vivo en su mensaje y proyecto de Reino. No dejó una iglesia instituida (como Atenea, armada y adulta, saliendo del cuerpo de su padre). No fundó una organización sacral, ni dotó con fondos una empresa, sino que abrió un camino superior de humanidad, creando así la iglesia.
Allí donde debía haberse confirmado el fin del mundo antiguo, con victoria de la muerte sobre la vida, (como en Ez 37), triunfó la nueva vida la nueva creación mesiánica y los discípulos la proclamaron, diciendo que Jesús no era un muerto sagrado sino principio de resurrección sobre la muerte a favor de los demás iniciando un camino de comunión (=comunicación) interpersonal, como siembra de vida semilla de humanidad divina (grano de trigo que muere transformándose en espiga (Jn 12, 24; 1 Cor 15, 35‒49).
No había subido a Jerusalén para tomar la ciudad ni imponer en ella su ley, sino para prometer a sus compañeros, que bebería con ellos la próxima copa de vino en el reino (Mc 14, 25). Esa fue a mi juicio la promesa más consecuente e importante de su vida, En un mundo donde se pensaba que una violencia sólo se supera respondiendo con otra mayor, por talión y venganza, Jesús respondió con amor, regalando su vida a los hombres.
Quien responde a una violencia con otra seguirá encerrado dentro de una espiral o eterno retorno de muerte. Quien busca venganza por talión, amando amigos y odiando “enemigos”, sigue inmerso en la rueda de un destino (darma) de dolor sin fin, hasta que la muerte destruya toda forma de vida en el mundo. Por el contrario, quien renuncia a la venganza debe estar dispuesto a que le maten, pero sabiendo que su muerte por los demás es un camino de vida para todos. Esta fue su mutación: no mató en guerra militar a presuntos malvados, ni destruyó por armas a los opresores, no construyó ninguna torre, no levantó ningún ejército, sino que renunció a todas sus posibles posesiones y entregó su vida por el Reino de Dios, invitando a otros a que le siguieran (Lc 14, 33).
Jesús Entró en Jerusalén como impulsor de paz, sin provocar ningún tipo de guerra armada. De manera normal, su camino le llevó hasta el templo, pero no para adorar allí a Dios, sino para anunciar y provocar su ruina en su forma actual, para que fuera casa de oración universal. Celotas, sicarios y legionarios ocuparon pocos años después Jerusalén y su templo (67-70 d.C.) con armas, en gesto de fuertes resonancias “religiosas”, pero lo hicieron por guerra, destruyéndolo al final con armas y fuego. En contra de eso:
– No empuñó armas. Subió sin defensa militar, arriesgando su vida al hacerlo, sin combates militares. Con su gesto y palabra anunció el fin de aquel templo, pues su mensaje y camino implicaba la destrucción de un sistema religioso que había convertido aquel templo en lugar de separación sacral y casa de negocios (Mc 11, 15-19; Jn 2, 16).
– Quiso abrir un templo distinto para los excluidos, de forma que la casa de Israel fuera casa de oración para todos los pueblos, empezando por los marginados de Galileas (pobres, enfermos y niños) como indica Mt 21, 12-17. A su juicio, el templo debía ser signo de la vida de Dios, tal como él la estaba promoviendo, como espacio y camino de comunión para todos los pueblos.
Conforme a la visión de Jesús, el templo de la sacralidad violenta (sacrificios animales) y la separación social (judíos frente a gentiles) había perdido su sentido. Por eso, con gran autoridad personal (sin poder económico o militar), empezó a derribar las mesas de dinero y venta de animales para sacrificios, como si dijera: Como caen estas mesas caerá este santuario, como caen estas mesas caerá ese templo. (cf. Mc 14, 15-17 par). Jesús mostró así autoridad, sin dinero de torres, ni soldados de guerra, y los adversarios respondieron matándole
-Jesús rechazó (superó) el imperio militar de Roma, pero no con armas ni dinero, sino abriendo un camino de recreación social en contra (por encima) del ejército imperial de Roma y del dinero de la Torre de los sacerdotes. De una forma lógica, el representante militar del imperio le condenó a muerte como peligroso, no por delitos externos, sino porque sabía que lo que Jesús representaba era más peligroso que los soldados y que el dinero de la torre de los sacerdotes del templo.
- Jesús ignoró (=rechazó, no se sometió) a los sacerdotes del templo, que le condenaron por su gesto profético en el templo: porque se oponía a su pureza nacional, su religión de dinero de grupo separado y pueblo santo. Cuando llegó el momento de crisis, el Cristo galileo descubrió que su mensaje resultaba inseparable de la entrega de su vida. Supo que debería sufrir y fracasar en un nivel de mundo y aceptó el fracaso a ese nivel (cf. Mc 8, 31; 9, 31; 10, 32-34). De esa forma convirtió su vida en guía de personas dispuestas a morir para ganar la vida verdadera
Jesús no quiso hombres “sometidos” a Dios (como parece que quiso después Mahoma).
La estrategia de Jesús podía parecer inofensiva. Pero sacerdotes y soldados romanos la tomaron en serio, viendo que su forma de ser y actuar resultaba peligrosa no sólo para un pueblo como el judío que quería mantenerse religiosamente separado, construyendo su torre de templo, sino par un imperio como el de Roma capaz de ganar con su ejército todas las guerra. Ante la reacción de ambos poderes (militar y sacerdotal), descubrió Jesús que su camino (vida y mensaje) le llevaba a la muerte (cf. Mc 8, 27-9 par) y la aceptó por el Reino.
No quiso levantar soldados o guerreros para una campaña militar de reino, subiendo a Jerusalén con ellos, a fin de conquistarla con “buena” estrategia militar. No emigró o se refugió en algún oasis de seguridad, como hará siglos más tarde Mahoma, estableciendo en Yatrib (Medina) las bases de su pueblo liberado, a fin de conquistar después la Meca) por armas, ni intentó pactar con otras tendencias sacerdotales del entorno, como podían haber hecho los de
En esa línea, para entender el cristianismo en el contexto actual de las religiones y de la humanidad resulta conveniente comparar la visión cristiana de Jesús y de la guerra con la de Mahoma pues, según gran parte de los musulmanes, el defecto o fracaso de Jesús se debe a no haber proclamado y realizado un tipo de guerra para extender sobre el mundo el evangelio. Como estoy señalando, Jesús optó por la palabra y diálogo personal, en libertad ante Dios y ante los hombres, sin ningún tipo de guerra militar. Por el contrario, Mahoma pensó que Dios, siendo misericordia, es también “fuerza” y que con fuerza puede y debe imponerse su mensaje en el mundo, para bien de los hombres[1].
Mahoma, reinterpretación de Jesús
Mahoma había nacido en torno al 570 d.C.) en La Meca, ciudad sagrada, con un santuario llamado Caaba, donde se mantenía la memoria de Abraham (patriarca de judíos y árabes), en la ruta comercial del norte al sur de Arabia occidental (de Siria a Yemen) y conocía las religiones del entorno (cultos árabes, judaísmo, cristianismo y quizá zoroastrismo). Era guía de caravanas, poeta, vidente, buen conocedor de de los diversos pueblos del entorno árabe.
Hacia al 610 sintió la llamada de Dios y proclamó su juixio en la Meca y lo hizo de tal modo que los dirigentes de la ciudad, amenazados, por su anuncio, empezaron a perseguirle. Sintiéndose en peligro, arropado por sus seguidores, rompió su alianza social y militar con Meca y se refugió en Medina, con cuyos habitantes firmó un pacto de solidaridad (Hégira: 622 d. C.).Tras años de exilio y enfrentamientos religioso-sociales, habiendo tomado el control de Medina, logró volver y entrar en la Meca como vencedor (630), creando con varias tribus árabes, la Umma, nación de elegidos, vinculados por un pacto militar, de servicio mutuo y de sometimiento religioso
Mahoma no entendió (no aceptó) la separación que Jesús y Pablo habían establecido entre política imperial (espada, ley, dinero) y compromiso religioso por el Reino de Dios, oponiéndose por tanto al cristianismo oficial (bizantino, romano) que él interpretó como “religión de Estado” que vinculaba cruz y espada (evangelio y código de Justiniano) que no respondía, a su juicio, al mensaje de Jesús, judío semita, ni a las necesidades de gran parte de la población del oriente (entre Egipto-Siria y Mesopotamia).
Desde ese fondo, apelando a una revelación directa de Dios, Mahoma quiso retomar el mensaje y tradición de Jesús con sus rasgos originarios, judíos, más cercanos a los árabes, contrarios a la ley imperial de Roma (Bizancio) y a las religiones paganas del entorno. Conforme a esa intuición originaria, Mahoma fue identificando su proyecto profético-religioso, que a su juicio era el de Jesús, con un esquema político/militar opuesto al imperio bizantino.
No se le puede criticar por haber pensado así, uniendo un tipo de judaísmo (ley, tradiciones de Abraham), con tradiciones de Jesús, recreadas desde un contexto árabe, utilizando la fuerza militar (espada) para expandir su movimiento, como cuña nueva de religión y vida social, entre cristianismo romano/bizantino, egipcio y sirio, con una simbiosis de cristianismo, maniqueísmo y zoroastrimo dominante en y el imperio persa.
Se sintió heredero del judaísmo y cristianismo y pensó que Dios le había elegido profeta (nabi) y enviado (rasul) divino, heredero del profetismo y monoteísmo bíblico/cristiano, vinculándose con otros monoteístas locales (hanif), cuyas tradiciones quiso vincular y vinculó en un camino personal, social y militar, jurídico y económico, insistiendo en la memoria de Abraham con su esposa Agar, y con Ismael, su hijo, que habrían sido constructores de la Caaba de la Meca, santuario abierto a los monoteístas árabes.
En esa línea, quizá sin quererlo, rechazó (o no entendió), la novedad de Jesús y su evangelio de cruz y entrega de la vida (cf. Rom 13, 8-10), apareciendo más bien como heredero de un cristianismo militarizado por los “nuevos romanos” de Bizancio y de un judaísmo tradicional, de tipo abrahámico más que mosaico/legal, de forma que pudo optar por la guerra en contra de sus adversarios, para imponer desde la Meca, la religión “verdadera” que Dios le iba revelando y que él fue transmitiendo en sus oráculos o suras que empezaron a ser recopiladas en forma de “Corán”, esto es, de recitación sagrada.
Había pactado ya con algunos grupos de la Meca, antes de la hégira (622 d.C), pero al fin tuvo que huir, refugiándose en Medina/Yatrib, optando por luchar contra los que no aceptaban su proyecto (que a su juicio era el mismo de los profetas judíos antiguos, el de Jesús y los cristianos primitivos). Superó las dificultades que fueron surgiendo en su camino, tomó el control de Medina y después el de la Meca (630 d.C.), y en el momento de su muerte (632) su Islam (sumisión universal a Dios) comenzaba a extenderse por convicción y fuerza, más allá de Arabia.
No fue dualista (Dios contra el hombre), pero introdujo una fuerte oposición entre Allah, Dios absoluto de todo poder, y una humanidad que debe obedecerle, con total sometimiento, conforme a la directrices que él, Mahoma iba trazando en su revelaciones, que debían aceptarse como principio de fe y comportamiento. Se sintió profeta de los sometidos (musulmanes), empezando por los árabes del entorno de Meca y Medina, que debían “convertirse”, mientras bizantinos y persas seguían enfrentándose (siglo VI-VII d.C.), en el entorno de Arabia. No quiso fundar otra religión, sino re-descubrir, organizar y propagar la que a su juicio había sido y era la religión eterna, revelada desde siempre a los profetas y a Jesús, como sumisión a Dios y a su revelación, con un fuerte matiz de yihad, imposición y guerra santa religiosa, con elementos propios de las guerras del Antiguo Testamento.
Este Dios de Mahoma no era principio de libertad en amor para los creyentes, sino poder superior bajo el que todos han de someterse, cumpliendo su ley, conforme a su Corán. Ese Dios puede compararse con el Dios de ciertas “franjas” de la historia y Biblia israelita, simplificada y universalizada, en línea de sumisión religiosa y de apertura militante, con un sencillo y fuerte proselitismo, abierto en fidelidad a Dios, para todas las naciones..
En esa línea, podemos afirmar que el Islam es un judaísmo simplificado y universalizado. Ciertos judíos siguen afirmando que se trata de un judaísmo “plano”, sin complicaciones interiores, sin problemáticas de conciencia, sin riqueza y pluralidad de pensamiento y vida, sin Isaías y Jeremías, sin Ezequiel y Job, sin Kohelet ni Proverbios 1-9, sin la pluralidad de los salmos…Eso le ha permitido extenderse a medio mundo, pero dejando a un lado otra parte fundamental de la riqueza del judaísmo (y del cristianismo).
El Islam dice que acepta y asume la doctrina de la ley y los profetas del judaísmo, pero de hecho parece que ha relegado y borrando parte de esa doctrina y práctica judía, diciendo que no hace falta Ley/Biblia judía, que con el Corán se tiene todo. Algo semejante se puede afirmar también de su relación con el cristianismo. Mahoma afirma que acepta el evangelio, pues lo importante de Jesús ha sido incluido en el Corán, dejando el resto a un lado, sin aceptar el Nuevo Testamento como libro sagrado. Pero es muy posible que al abandonar en conjunto el NT el Islam haya perdido parte de su energía y de su vida originaria.
A mi juicio, el diálogo con el Islam es básico para situar y reinterpretar el cristianismo, como haré (desde el evangelio) en las páginas que siguen, aunque estas páginas deberían ser re-escritas desde un diálogo más hondo con el mensaje de Mahoma y el Islam, que quiso proclsmar un Islam universal, abarcando e incluyendo lo valioso de las otras religiones, especialmente la Ley (judaísmo) y el evangelio (cristianismo):
Decid: Creemos en Dios y en lo que nos ha revelado
- por Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus,
- en aquello que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor.
- No hacemos distinción entre ninguno de los profetas
- y nos sometemos a Dios (Corán 2, 136)
Mahoma y sus seguidores creen y confiesan aquello que Jesús y los profetas recibieron de su Señor. Pero en esa línea debemos afirmar que para Mahoma creer no es confiar y dialogar con Dios en libertad (para transformación de los hombres en amor como quería Jesús), sino someterse de una forma intensa a Dios (Allah), como principio de toda realidad, único poder para los hombres, único sentido y voluntad de todo lo que existe
Esa es la diferencia entre el Evangelio (libertad en Dios encarnado, en diálogo con los hombres) y el Islam de Mahoma (que tiende a ser sometimiento bajo el dictado del Corán y la Sharía, como unificación impuesta sobre todos los pueblos). Esa diferencia puede parecer pequeña, pero es fundamental, pues, conforme al Islam, el ser humano no es hijo/querido, sino siervo de Dios, ante quien deben inclinarse todos los creyentes, no por elección y libertad de amor, sino por imposición de realidad.
Mahoma y los musulmanes afirman que los hombres han de ser “siervos” de Allah, conforme a la Revelación del Corán, no hijos en amor y libertad. También los cristianos creen en la revelación, pero añaden que Dios no les habla para someterle s a su voluntady decirles lo que han hacer, sino para encarnarse en ellos, diciéndolesque vivan en libertad y se definan a sí mismos como Hijos, presencia libre y amada de Dios, no para obedecerle con sometimiento, sino para unirse en amor a él sobre el mundo, libre y amorosamente, vinculándose así a su misterio divino.
Mahoma pensaba que Jesús había sido hombre bueno pero débil, pues había muerto por no luchar contra otros, por no vencer y no imponerse a los enemigos de Dios, siendo, por eso, condenado a muerte. Más aún, Mahoma afirmaba que Jesús se había equivocado al creer que Dios le había permitido vivir en libertad de amor, para amar a los pequeños, oprimidos y excluidos de la tierra, sin luchar por su verdad. Conforme a la visión de Mahoma, Dios había querido que Jesús fuera poderoso, pero Jesús optó por ser “amoroso, de forma que no utilizó su capacidad de hacer milagros para tomar el poder sobre el mundo, ni se hizo respetar por sus obras, triunfando sobre sus enemigos y por eso murió crucificado[2].
Mahoma estaba convencido de que Dios le había enviado como profeta final, para completar lo que Jesús no había completado, para vencer y someter a todos los enemigos de Dios, transmitiendo sus más hondas “revelaciones, como las que él, Mahoma iba escuchando en su interior y dictando en forma de Corán, para así vencer a todos los enemigos sobre la tierra, imponiendo la voluntad de Dios, según él quería, Inshallah, si Dios quiere, que Dios quiera.
De un modo consecuente, para cumplir su obra profética, conforme a la voluntad de Dios que él escuchaba en sus revelaciones, Mahoma apeló a sus amigos guerreros (Omar, Utman, Alí) y escogió la vía de las armas, para imponer la ley a los enemigos de Dios, de forma que pudieran someterse al Islam, para que todos los hombres se sometieran a ella, en obediencia a sus mandaros, según el Corán.
Conforme al evangelio el sometimiento a Dios se expresa como amor o comunicación de vida (shema: Dt 5, 8) y se traduce en forma de amor al prójimo (Lev 19, 18; cf. Mc 12, 28-35; Rom 13, 8-9), no imponiendo la voluntad de Dios sobre los demás, sino más bien entregando la vida a favor de ellos, según el logos de la Cruz (cf. 1 Cor 1, 18: λόγος τοῦ σταυροῦ), que puede parecer carente de sentido, pero que, para los creyentes cristianos, es la revelación más alta del sentido y ser de Dios). En esa línea, Mahoma no buscó colaboradores “apóstoles o enviados pacíficos” como los de Jesús (los Doce, Magdalena y las mujeres, Discípulo amado…), sino a unos guerreros religiosos para imponer el islam sobre el mundo.
Palabra de Dio, no imposición sino encarnación
Los seguidores de Mahoma se someten bajo el poder superior de Dios, inclinándose al suelo, en filas de solitarios obedientes, unos junto a otros (no con otros), en mezquitas o plazas públicas, sin comunicare entre ellos, cada uno ante Dios, bajo la palabra superior, sin someterse unos a otros, sino cada uno y todos a Dios. Esa es conforme a la tradición de Mahoma la esencia de la religión, tal como, a su juicio se había expresado en los profetas de Israel y especialmente en Jesucristo, que no pudo culminar la misión de su vida (que todos se sometieran a Dios, pues le mataron).
A diferencia de Jesús, que no subió a Jerusalén con un ejército, para conquistar la Ciudad, sino que entró desarmado en ella, Mahoma salió primero de la Meca, en gesto de ruptura social y militar, para volver después como profeta de la sumisión a Dios, con un ejército de fieles, creyentes y seguidores, para tomar la ciudad e imponer en ella el Islam o sumisión a Dios.
- Mahoma proclamó el sometimiento a Dios, imponiendo su Corán y formando con sus compañeros una comunidad de sometidos inclinándose hasta el suelo, escuchando y proclamando la palabra superior de Dios. Supo organizarse, tuvo a su lado un grupo de expertos soldados, reconquistó por ellos la ciudad y santuario la Meca e inició una campaña de islamización del mundo, en línea de sometimiento (no de encarnación) de Dios. Su proyecto no iba en la dirección del evangelio (que no es sumisión, sino libertad en Dios) aunque podía estar cerca de lo que muchos cristianos imperiales (bizantinos y romanos) de aquel tiempo y del nuestro creían y siguen creyendo.
-Jesús no se humilló bajo el poder de Dios, sino que actuó con él, en él y por él, como presencia o, mejor dicho, como encarnación divina realizando en el mundo la obra de Dios. Jesús no se sometió, sino que, que asumió y expresó con toda libertad, la obra de Dios entre los pobres y excluidos de su pueblo.Mahoma pudo pensar que su mensaje y camino era, en el fondo, el mismo camino y mensaje de Jesús y que Dios le había confiado la tarea de lograr que todos los hombres y mujeres se sometieran al dictado de Allah. Pero, Jesús no había querido que los hombres se sometieran a Dios sino que vivieran en libertad de amor en Dios, por encima (contra) toda guerra (cf. 1 Jn 4, 7-21).
La diferencia entre el Mahoma y Jesús es la que hay entre el sometimiento y la encarnación. Jesús no vino al mundo con el fin de que los hombres se postraran bajo el poder de Dios, sino para que fueran presencia de Dios suya y para que así vivieran en libertad para amarse unos a otros, como se amaba cada uno a sí mismo, según Lev 19, 18 (cf. Lev 18, 19; Rom 13, 8-10; Mc 12, 28-35 par).
-Jesús había ofrecido un mensaje de futuro, abriendo un camino de expansión mesiánica, que Jn 14-16 simbolizaba en el Espíritu Santo, libertad de amor en Dios y de amor entre los hombres. Conforme a la tradición musulmana, ese “Espíritu Santo”, prometido por Jesús se identifica con Mahoma, pero no como principio de libertad en amor mutuo (como el Paráclito de Jn 14-16, sino como poder sometimiento para extender su religión (islam) al mundo entero.
- Mahoma pensó que Dios le enviaba para que todos los hombres se inclinaran bajo el poder de Dios, conforme a una ley de acatamiento, que se expresa en el Corán y se traduce en forma de guerra Santa, en una línea cercana a ciertos estratos del Antiguo Testamento que, como he mostrado en cap. 1 de este libro, habían sido superados ya por profetas como Isaías II (Siervo de Yahvé) y, sobre todo, por Jesucristo.
Mahoma no aceptó la opción de Jesús (no se dejó matar por renuncia a la violencia), sino que, como profeta y mensajero final de la voluntad triunfadora de Dios, estaba convencido de que él debía triunfar en la Meca, para que triunfara Dios, fundando así un pueblo de sometidos (=musulmanes) formando con ellos la 'Umma de Dios.
Mahoma pareció seguir al principio los pasos de Jesús, pero, en el momento de riesgo, cuando vio que podían matarle, planeó y cumplió una estrategia que puede compararse a la de Pedro en Mc 8, 17-31, no a la d de Jesús, de manera que algunos de sus seguidores musulmanes buscaron refugio en Etiopía (hacia el 615 d.C.) y después, rompiendo los lazos tribales que le unían con la Meca, "emigró" con el grueso de sus creyentes a Yatrib/Medina (Hégira, año 622 d.C.), para fundar desde allí la primera comunidad estable de sometidos a Dios, según, su ley, no de dialogantes con Dios.
La diferencia estaba en Dios. Mahoma pensó que Dios era poder al que los hombres deben someterse. Jesús, en cambio, pensaba que es amor gratuito con quien los hombres han de dialogar, en quien los hombres han de vivir por gracia y amor mutuo, no por sometimiento.
-Los discípulos/compañeros de Mahoma confiaban en sus dotes militares y en conjunto le siguieron y lucharon con él para conquistar la Meca, como ejército de fieles de Allah, Dios de guerra santa. Él no quería una religiosidad puramente interior, ni tampoco una comunidad de amigos, sino que quiso fundar y fundó un “pueblo social”, una umma” o comunidad de sometidos a Dios desde la Meca, ciudad que “purificó” de la idolatría, para convertirla en santuario o mezquita universal de todos los creyentes, son sometidos a Dios (no encarnación de un Dios que es libertad en amor)..
- Algunos discípulos/amigos de Jesús quisieron que él encabezara un movimiento mesiánico de guerra y conquista de Jerusalén, semejante al de los amigos de Mahoma, Pero Jesús se opuso y subió a la ciudad del templo sin armas, dispuesto a que le mataran, porque amaba a los hombres en libertad, aunque pudieran ello. En ese contexto se sitúa la dificultad que tuvo para comunicar a los discípulos lo que él entendía y quería sobre el Reino, de manera que ellos le abandonaron cuando fue condenarle a muerte por ello[3].
El evangelio destaca así la disonancia entre Jesús y sus discípulos, una incomprensión creciente, que se encuentra también motivada por el hecho de que, al parecer, ni siquiera Jesús podía saber y describir externamente la manera en que iban a desarrollarse los acontecimientos, aunque conocía el plan del Reino de Dios y conforme a ese plan no podía subir a Jerusalén con armas, para imponerse por la fuerza y conquistar como soldado la ciudad, sino que vino desarmado para quedar en manos de las “autoridades de Israel” (como él había dicho a sus seguidores itinerantes, pidiéndoles que quedaran en manos de sus amigos sedentarios).
Jesús confiaba en Dios, como poder de gratuidad, le llamaba Padre y le pedía “venga tu Reino”, pero sin someterse a su imposición como criado (esclavo), sino dialogando con él como amigo. Si hubiera apelado a las armas, si hubiera “levantado” un ejército para tomar Jerusalén (como Mahoma tomó la Meca), Jesús no hubiera sido el Cristo del Sermón de la Montaña, ni del conjunto del NT y de la Iglesia posterior, a partir del siglo II-III d.C., sino fundador de una religión política de poder divino, como el Islam
La fe que Jesús tenía de Dios y de los hombres le impidió subir a Jerusalén con armas. Si hubiera entrado en ella con un ejército no hubiera creído en el Dios de la encarnación, ni en su evangelio de Reino y de amor universal en gratuidad (cf. amémonos, amados, porque Dios es amor; 1 Jn 4, 7).
Mahoma, en cambio, creyó que Dios le impulsaba a conquistar la Meca y así lo hizo y terminó tomando la ciudad, siendo aceptado como dirigente social y religioso por muchas tribus del entorno, creando así una “fraternidad de guerreros” sometidos al Dios del poder, no una comunidad de amigos, compartiendo en comunidad el amor divino.
- Mahoma pensaba que Dios, Señor supremo, no puede permitir que su profeta muera fracasado y por eso quiso triunfar y en nombre de Dios triunfó: Conquistó la Meca e impuso, la paz de un Dios que es islam (=sumisión, pacificación) no diálogo de amor. Eso significa que el hombre está determinado desde Dios, pues no tiene voluntad propia, sino sólo la de Dios, por pre-destinación; abandonándose en manos de Dios, sometido a él, integrado en él de manera mística y social[4].
- Jesús, en cambio, pensaba que Dios es amor en libertad, que no impone desde fuera su destino sobre los hombres, sino que vadialogando paso a paso, en amor, con ellos a quienes no toma como sometidos, sino como dialogantes en amor (amarse entre sí) y compartir en amor el camino, dándose la vida unos otros. Según eso, la voluntad de Dios no consiste en que los hombres se sometan, sino que dialoguen con él.
El Dios de Mahoma se impone por superioridad. El de Jesús no es superioridad, sino que está implicado en la vida de los hombres, con ellos habla, por medio de ellos actúa. El Dios de Mahoma no se encarna, no camina en/con los hombres y mujeres, haciéndoles libres sino que permanece separado de ellos, decidiéndolo todo de antemano, desde arriba. Por eso, estrictamente hablando, los hombres “no se hacen a sí mismos (no son libres), sino que Dios les hace, desde arriba, sin verdadera encarnación[5]
- El Dios cristiano se encarna en Jesús, no en un libro, sino en un hombre en comunión con los hombres, abriendo un camino de diálogo, en libertad de amor, de forma que la misma razón compartida y la historia de los hombres sea revelación y presencia del Espíritu divino (=Espíritu Santo). El signo máximo de la presencia de Dios no es un libro (Corán), escrito de antemano, sino el mensaje/vida de Jesús, Hijo de Dios, y la comunión de amor de los creyentes (Ap 5: Libro de los siete sellos, carnero degollado.cf cap 7 de este libro).
- El Dios de Jesús tiene (=es) historia, mientras que el de Mahoma no tiene historia, pues todo está dicho y fijado en el Corán. Ese Dios de Mahoma no necesita ni quiere que los hombres sean creadores de sí mismos, pues su voluntad (la de Dios) es la voluntad de todos, tal como se expresa en un Corán eterno, ue todo lo gobierna. El Islam no es religión de diálogo y comunicación personal, sino de sometimiento de todos y cada uno de los hombres a la voluntad de Dios[6].
Guerra o amor de Dios
Según Mahoma, Jesús era bueno, un musulmán verdadero, pero no logró realizar la obra de Dios, ni culminar su promesa: No conquistó Jerusalén para extender (imponer) la voluntad de Dios, y sus discípulos fracasaron también: no lograron extender su evangelio a todo el mundo. En ese contexto han de entenderse las palabras más fuertes del Corán, del “período ·de Medina (622-630 dC), en el tiempo de la guerra fundacional del Islam
- Quienes crean, emigren y luchen por Allah con su hacienda y sus personas
- tendrán una categoría más elevada junto a Dios...
- Su Señor les anuncia su misericordia y satisfacción,
- así como Jardines en los que gozarán de delicias sin fin. Dios
- tiene junto a sí una magnífica recompensa.
- ¡Creyentes! No toméis como amigos a vuestros padres y hermanos
- si prefieren la incredulidad a la fe (Corán 9, 20-24).
El musulmán debe someterse a Dios, dejando los ídolos, saliendo de la Meca (ciudad de injusticia) para luchar por Allah (por la voluntad de Dios y por el triunfo y expansión del Islam). La fe en Dios implica según una rupturafamiliar y económica una decisión y lucha por el Islam, de forma que la sumisión a Dios sea principio de todas las restantes sumisiones. Por el contrario, el cristiano no se somete a Dios, sino que le ama, de tal manera que el amor de (a) Dios es principio de todos los amores, como indicaré en el próximo capítulo (centrado en Rom 13, 8-9). Jesús quería una familia de hombres y mujeres libres (cf. Mt 10, 34-39; Mc 3, 31-35; 10, 29 par), en amor, sin sometimiento de unos a otros. Mahoma, en cambio, quiso crear una comunidad de sometidos a Dios, al servicio de Allah”, en sometimiento religioso, pero también social (de hijos a padres, de mujeres a maridos, de nueras a suegras etc.), fundado en el sometimiento a Dios.
Así interpreta y así cumple su programa de creación del pueblo musulmán, la Umma, como experiencia de Dios, como poder supremo, en línea de pacificación por sometimiento regulado para siempre en el Corán. A diferencia de eso, Jesús había iniciado y recorrido un camino de libertad de amor y salud en Dios, según el mandamiento central: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Lev 19, 18; Mc 12, 31; Rom 13, 8-10.
Según el evangelio, la palabra, siendo divina (Dios mismo), se “encarna” en el diálogo de amor entre los hombres. No es una Voz exterior que les somete, sino una llamada interior y compartida, que se expresa en la comunicación de vida entre los hombres. Por el contrario, conforme al Corán, la Palabra de Dios viene a los hombres, pero sigue estando fuera de ellos, como orden superior, al que ellos deben someterse todos y por siempre.
De un modo consecuente, Mahoma puede apelar a principios y medios de guerra santa, para que se cumpla (en forma social), impuesta desde arriba la voluntad de Dios establecida conforme al Corán, donde todo se encuentra establecido de antemano. Según eso, en sentido radical, la palabra de Dios (=Dios) puede imponerse por la fuerza:
- Cuando hayan transcurrido los meses sagrados (tregua):
- −Matad a los asociadores (=que vinculan a otros dioses con Allah).
- dondequiera que los encontréis.
- − ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!
- − Pero si se arrepienten, hacen la azalá (=oración) y dan el azaque (=tributo),
- dejadles en paz. Dios es indulgente, misericordioso (Cor 9, 5).
La estrategia del Islam se concreta así en forma de victoria sobre los enemigos, pues el Dios de Mahoma es talión militar y victoria que se impone por la fuerza, un dios cuyas “proclamas” militares pueden seguirse escuchando (año 2026). En la base del mensaje de Mahoma y de la experiencia musulmana, desarrollada por la tradición posterior, late por tanto una mística radical de sometimiento a Dios, que así aparece como el que es (hace) Todo, acogiendo de un modo especial a los humildes y pequeños pero de tal forma que, en realidad, ante su Juicio superior, terminan siendo iguales ricos y pobres, opresores y oprimidos.
Por eso, el Islam es, en un plano, religión de suma tolerancia, dejando que cada hombre o mujer pueda vivir a su manera. Pero, en otro plano, es una religión intolerante, pues piensa que la voluntad de Dios, revelada en el Corán, puede y debe aplicarse sobre todo el mundo, utilizando si es preciso métodos de fuerza.
En los últimos siglos, muchos musulmanes se han sentido amenazados por un tipo de vida occidental que ellos vinculan al cristianismo. Varios países de mayoría islámica fueron colonizados entre el XVIII y XX por potencias “cristianas” (Rusia, Inglaterra, Francia, USA…). Muchos de los habitantes de esos países siguen siendo pobres y se siente dominados por un sistema neo-liberal, contra el que quieren rebelarse. Algunos tienen miedo de que la marea de opresión de occidente les destruya) y, asumiendo visiones extremas del Corán y de la 'guerra santa', se sienten llamados a luchar contra un occidente “opresor”. A pesar de eso, la mayoría de los musulmanes desean la paz y anhelan la concordia social, por razones y s sociales, culturales y religiosas
1. Los musulmanes asumen expresamente la herencia de Abrahán (Ibrahim) que, acompañado de su hijo Ismael habría peregrinado hasta la Meca para orar ante la piedra sagrada de la Caaba. Ratificando el gesto del patriarca, para imitar su fe y expandir su herencia, los fieles musulmanes se comprometen a peregrinar también hasta la Meca, una vez en la vida, si pueden. En ese camino de fe y adoración, se confiesan herederos y garantes de la tradición de Abrahán, fijada en el monoteísmo musulmán y en la piedad que se centra en la Meca. Así se creen herederos de Abrahán, patriarca hanif, devoto de Dios, monoteísta, en la línea de una tradición religiosa que se habría manifestado desde el principio (por Adán, Noé y los demás de los profetas).
2. El monoteísmo de los musulmanes es parecido al de los judíos. Por eso rechazan la Trinidad cristiana lo mismo que la Encarnación de Dios en Cristo. Dios es para ellos Señor siempre transcendente que dirige desde arriba el curso de la historia, predestinada de antemano. De tal modo destacan el poder y acción de ese Dios que tienden a dejar en segundo plano la libertad del hombre. Jesús es para ellos un profeta excelso, hijo María, nacido de forma virginal, predicador del evangelio, pero solamente un hombre creyente, sometido a Dios, un Cristo importante, pero fracasado, pues no puede imponer el Islam sobre los judíos.
4. Más que una religión espiritual (una forma interiorizada de encuentro con Dios) y de comunión libre y amorosa entre los hombres, el Islam es un programa de vida social en el que (pareciendo que todo es secular) todo está en el fondo sacralizado. Religioso es el ejercicio del poder y religiosa es la forma de entender la propiedad y la justicia, igual que la manera de fundar y organizar la familia. Por eso resulta difícil una desacralización del Islam en el sentido occidental del término. Lo que Dios ha revelado a Mahoma debe mantenerse de forma inmutable, para que los fieles ratifiquen total sometimiento a Dios.
En principio, los musulmanes quieren respetar a los creyentes de las religiones del Libro (judíos, cristianos) y piensan que sólo pueden convertir por fuerza a los paganos. Pero allí donde son mayoría ellos tienden a adueñarse de los resortes de la administración judicial, política y económica (como parece pedirlo la sharia), para así ofrecer a todos la "plenitud sagrada", que consiste en la sumisión a Dios, en forma musulmana. Por eso los mismos estados que asumen la ley del Islam se sienten obligados a proteger y expandir sus normas a fin de que la globalización se realice a través de la sharía o ley musulmana.
Los musulmanes defienden en teoría la libertad ante Dios y entre los hombres, pero, al mismo tiempo, afirman que Dios se manifiesta a través de una palabra dominadora (de sumisión), dirigida a todos. Según el Islam, no hay un pueblo escogido, en el sentido judío del término. No hay tampoco encarnación de Dios (ni en Cristo ni en Mahoma, ni en María o un profeta de otro tiempo). Pero Dios ha revelado su Palabra por Mahoma a todos los pueblos, suscitando así el Islam, término emparentado con shalam/shalom que significa, al mismo tiempo, sumisión (a la voluntad de Dios) y pacificación (culminación de la historia.
[2] Cf Benedicto XII, Discurso de Ratisbona (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_2006091). La temática de de ese discurso no ha sido aún elaborada y dialogada de un modo suficiente por cristianos, musulmanes y pensadores independientes.
[3] Cf. Comentario de Marcos. Cf. R. M. Fowler, Gospel of Mark, Fortress, Minneapolis 1991; M. Navarro, Marcos, Verbo Divino, Estella 2006.
[4] Cf. A, Aya, Predestinación, en X. Pikaza,Diccionario tres Religiones, 922-92. Los musulmanes en general consideran la muerte de Jesús (si murió de verdad) como un fracaso (pues no pudo culminar su obra profética). Según ellos, los cristianos han recaído en una idolatría: Han divinizado a Jesús abandonando la sumisión a Dios al menos en occidente.
[5] Así lo puso de relieve Luis de Molina, Libo de la Concordia, Lisboa 1588.
[6] La fe musulmana deja poco espacio para la oración como diálogo entre los hombres, pues Dios lo hace todo y los hombres no tienen más tarea que someterse a Dios.